No me toquéis a mi puta

Oir a un locutor del Telediario público pronunciar un nítido “cabrón” sin pestañear por fuera debería ser noticia que abriera el noticiero nacional. Pero no, lo hace el ministro de Lo Íntimo de cuyo nombre nadie puede acordarse, anunciando en público en los medios medidas justas contra la prostitución que anuncie sus justas medidas con medias ajustadas en público. Conque ese cabrón, el de las comillas, sólo habrá sido incidente nimio en la escenificación verbal de la Actualidad, gracias al profiláctico revestimiento de unas comillas para evitar situaciones embarazosas: era una cita en público, pero autorizada. De fuente tan ilustre como una pancarta parisina.

Donde los cabrones así entrecomillados firmaban una reivindicación política capaz de devolverme por un momento la ilusión juvenil, y que algo se me levantara del sillón para participar en política como quien comparte agujero donde dar forma a sueños, y donde el orden público se limita a guardar la cola: en una Cosa Pública, o Coso, pero sentida o sentido común a pesar de explotada por especialistas de pago, embajadores de lo más común a fuer de exotismo ajeno (en griego, proxeneta). O como quien se mete a hablar de puro amor en una puta lengua como Quien dice. O en una pancarta donde sujeta o sujeto a medias, entre hijo de puta sugerente y su gerente cabrón, firmáramos cualquiera de los cualquieras un slogan, que en su lengua natal es “voz de muertos” del todo, como si viniera de vivos a medias: “no me toquéis a mi puta”. Sólo que dicho mientras se practica el francés en París suena más convincente por inversamente convencidos los interesados, y aun el somier, vencido por la vehemencia del con de turno.

Lo más sorprendente es que no parezca sorprender a nadie el clamoroso contraste, casi invertido como en el 68, con el vecino galo en materia de actualidad política, materia puta de consolación pública por antonomasia: la forma de hablarnos. Donde en el caso de España rige al parecer a los pareceres el complejo principio “mal de la puta Cosa Pública, consuelo de tontos muchos y privados”. Que no sorprendiera la diferencia en el contenido entre quienes piden, allende unos Pirineos que ya no existen, que no les toquen la puta tangible en privado por definición profesional, y quienes aquende reclaman que no les toquen su presupuesto, supuesto intangible por definición pública, aún podría explicarse erróneamente por que los periodistas conocieran al dedillo la historia de ambos países y sus relaciones como invertidas: donde España tomaba a Francia al menos desde Rocroi como a modelo imaginariamente racional, tarde y mal y siempre por detrás, y Francia usaba racionalmente a España para decorarse en raciones el cuarto de aseo imaginario, en particular el Bizet. Todo lo cual puede entenderse literal o figuradamente de la puta lengua o la lengua puta, o viceversa, del Derecho como de sus reveses colectivizados en uno, que no es Bankia sino la puta.

No, lo sorprendente es que no sorprenda la diferencia en la forma del reivindicar, ni siquiera cuando suena como un cañonazo en puertas de La Bastilla un rotundo “cabronazo” en mitad de la prolija procesión de manifestaciones sintácticamente correctas una tras otra, que es como reza la actualidad en Nuestra Su Actualidad. Todas con los servicios litúrgicos mínimos de dos adverbios de buenos modos, presuntamente, más un circunloquio circumbalante que eche a pastar en la Cibeles de un prefijo y acabe en el Neptuno de un sufijo abstracto.

Claro que ello no debe ser sorprendente, comienzo de la filosofía que no da de pastar sino sólo pábulo. Más bien debe no serlo, allá donde “Nos hemos acostumbrado”, pongamos a cambiar de postura, es lugar común para ofrecer delicias mejoradas y cumplir mermas en lo consabido; o perdón, plantear tartamudeando al debido trantrán una pro-posi-ción para efectuar con ex-per-t-icia alguna acción extraordinaria que resulte en ex-trac-ción ordinaria o perdón, re-cortejo im-pre-escind-ible. O sea, hacer un pan como unas hostias y gastar la pólvora en salvas para irse corriendo solo y pataleando. Que en tal “experticia” de borrico virtuoso en lo precoz, quitando lo prefijado por las circunstancias y lo pospuesto para mejor momento, quede sólo de sustantivo y de raíz una Te monda como un Calvario, eso podría deberse a una inconsciente anamnesis persistente de los misterios trentinos del Verbo, o sea, cuatro siglos de sotanas que se prenden como condenadas almas a la lengua. Pero entonces no se explica que no resucite y se nos levante parejamente el sentido más común que fuera de ese “Nos hemos acostumbrado”: a saber, “Su Majestad viene soliendo, y no está por la labor de cambiar manías suyas”. Sino de sus parejas de pago, que en realidad no tienen o les da igual si pago.

Que al menos sería más clara figura de dónde viene residiendo Su Nuestra Majestad en los últimos tiempos hasta la fecha, o sea éstos: en residir viniéndose y estando en Transición o a punto. De irse corriendo, como Siempre, nunca. O de decir, tampoco, pero queriendo. Pongamos, donde se toman sutras de cama por argumentarios o cosas verbales por el estilo, y por libros de estilo descuadernados pliegos de estilete para acuchillar la frase a salto de mata como Se acuchilla la frase social, “aquí Se te pilla y aquí Se te mata”: con toda suerte de impersonalidades prefijadas con sufijo personalizador adosable. Que Se está en La Crisis y hay que ahorrar protagonismos personales abreviando en El Sufrimiento Personal, “verdadero protagonista de esta crisis como no podía ser de otra manera”; y claro, como no podía ser de otra manera, a protagonizar la inexorable tragedia pública en privado. O perdón, ya que se puede sacar de la necesidad virtud, y de un suicidio embargado un docudrama que embargue, hala, a asistir socialmente a las clamorosas manifestaciones en mayoría silenciosa de un “pensamiento emocional”, por La Crisis (de nervios), que a la vez y además, por ahorrar en La Crisis (de ideas), sea emoción pensada, bien montada y calculada, y útil, en una palabra: en una cualquiera, profesional de la pasión apasionada por su profesión. Es lo que tiene el virtuosismo técnico, definido por la reversibilidad discrecional. Como en un 69 del Decir, como quien dice, donde la cabeza de uno se pone en el lugar del otro que trae de cabeza a todos, dice uno, o viceversa.

Resumiendo, que si se trata de las relaciones entre el cuerpo de la nación y las lenguas de los nacionales, no es sorprendente que no deba sorprender la irrupción del sentido literal de lo parlamentario en su lengua nativa practicando el francés, en un parlamento hispano donde todo está al revés del Derecho según se mire, y los sentidos son figuradamente literales y viceversa, y donde reza sobre la puerta que  “Nos hemos acostumbrado”, desde hace mucho, sufrir y gozar por letras como argumentar poniendo cuerpos en portada o sobre la mesa, figurada literal o viceversa:  porque aquí el parlamentar, política mente, no es idioma nacional sino código de oficio. Donde cabronazos pero de oficio, el de amateur,  practican el francés figuradamente con la puta lengua como con cosa apropiada que además y a la vez, qué grata coincidencia a la par que útil, es de todos. Y Ello, cada mañana en las ondas muelles o las sábanas virginales de primeras planas, poniéndose en sus cabezas en el lugar cabecero donde tiene su cabeza el otro, que es en el lugar por donde asoman todas “como no podía ser de otra manera”. Y donde el periódico, el puntual “Nos hemos acostumbrado” precede en la rutinaria liturgia de Lo Sorprendente al anuncio como acto consumado de la última tendencia, tenderse a consumar con el último recién llegado lo de costumbre, sorprenderlo, que además y a la vez es la primera y más vieja del mundo, qué grata coincidencia a la par que útil.  O sea, la Archicostumbre de Brecht pero cabeza abajo, la de no cambiar de impostura impostando todas ni de costumbre hablando de reformarla, que es lo acostumbrado, para asemejarla a lo acostumbrado en los alrededores, pero en los acostumbrados, los del Norte. Donde así se puede seguir llamando ERE sin puntitos ni comillas a un despido al por mayor -por ejemplo, de la empresa del idioma- pero no “cabronazo” a su autor sin higiénicas comillas, o perdón, “en discurso referido” (presunta mente). Normal, no, pero corriente, donde discurrir es algo que se conoce por referencias concurriculares a lo acostumbrado en los países de nuestro entorno mientras sea al Norte (y salvo en París, a veces). Y no digamos llamarse uno cabrón a sí, así en público, y firmarlo como frase de autor sin comillas por ser la palabra más justa para su presente Estado de Palabra: para eso hay que ser francés, y aquí sólo nos hemos acostumbrado a practicarlo.

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            Si en alguna parte radica la madurez de una especie con sexo figurado será más abajo de los bajos patentes, bajo el suelo de lo solido, que es figurárselo. Que a lo mejor no haya, y a lo peor la madurez en cuestión tenga por fruto la final deriva del nenúfar aguas abajo con raíces y todo, prolonga la figuración hasta donde no alcanza. Más o menos como las competencias de la forma Estado se alargan, más o menos poco, ante la materia “Puta”: poniéndola entre comillas, corchetes o gendarmes que determinen lo indeterminado como una casilla más, la de citas (entre comillas, claro) para no irse corriendo (con el nenúfar) sino seguir  estando por Haber Estado (la puta materia, que se corre de continuo). Materia ésta tan antigua que podría considerarse su matriz intelectual, y al Estado, hijo de ella; como lo que se figura puta a diferencia de puto en latín, cuyos somos hijos putativos, o apeiron en griego antes de los recortes en la reforma educativa de “Platón” y sus troikas dialécticas, o perdón, santísimas trinidades de negro. Pero también materia sobre la que no me voy a extender habiendo mejores sitios para hacerlo.

            Pasando pues de cuestiones a confesiones, para que pueda venderse en la calle como avezado pensamiento emocional, mi madurez sexual rayana en pocha me habrá advenido el día en que dejó de importarme que me usaran de consolador para pasar a importarme el importe, en cuanto llegue a darme cuenta y contármelo. O sea el día en que me habré hecho sin enterarme, desde luego, desde entonces, puta a mi cargo exenta de IVA por el título “razones personales”: pues si uno es capaz de decorar el comercio con una “historia vivida” pasa a ser intimidad garantizada de palabra en la constitución mental como derecho fundamental. Mientras que no siendo mental la funda usada para lo derecho, sino de caucho con sabores, está uno disponible al margen de la ley para lo que guste asistirse. Y como tampoco ahí creo ser caso aislado ni postura exótica de pago, de ahí saco lo que meto, nimiedades. Presunciones de que a otros les valga en todo lo que a mí me pasa en cierta parte, o viceversa: de consuelo. De muchos, claro. Q.e.d.

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            Por ejemplo el gremio de psicólogos, consoladores disponibles al margen de la ley, que es su casilla legal,  para gestionar en su escena interpretativamente el obsceno margen de “lo personal”, artículo neutro e indeterminado sobre todo en cuanto a precio. Eso que hacían los jueces interpretando la ley sin cobrar por tal valor añadido, aplicar lo del género al caso y el todo a las partes, pero ajenas, y que ahora se ha proclamado gremio de trabajadores autónomos del género (el humano). Que en romance quiere decir “autorregulados”… en el uso de regla ajena por definición, o sea, autónomos en materia de heteronomía. Ponerse de oficio en un lugar de otro, cualquiera pero ése, cuál iba a ser, ése en el que siempre podría caber otro ser y de otra manera, como no podía ser de otra manera. A lo que podría llamarse alterofilia profesional por deporte, o amor por oficio que ofrece alzar con ligereza pesos graves y viceversa; pero que abreviaremos, para entendernos en tiempo de siglas y prisas en el acoplamiento sintáctico, como “autoheteros” y, por descontado, “autoheteras” al contado. Y así abreviado se ve más claro que los consoladores genéricos no están solos, además a ambos lados de la barra/barro a la vez, lo cual sin duda es un consuelo de muchos.

            Que autoheteras heteroautores se son asimismo a sí mismos en materia de la puta lengua -¿te quieres estar quieta hasta que acabe de discurrirme?- los que hoy se titulan aunque no se acaben de escribir, pero están en Ello, analista de discurso, semiota pragmático o semenota practicante, con otras apuestas posturas verbales. Feas imposturas, como psicológicas, tan pronto cae uno en la cuenta propia y no en la ajena de cuál es el importe de su profesional dar importancia, en el lecho del sistema en regla, al correrse de los usuarios con el tiempo, cariño, mi león de la cama y mi rey del lugar común, abrevia: que hay más herederos esperando esta coherencia sistemática que tengo aquí, ¿la ves?, justo en el medio. Donde radica la virtud.

            Como heteroautores autoheteras son, en fin y en principio, los virtuosos de los Medios y Medias, donde radica la virtud ajena justo en el justo medio propio no, pero apropiado, o ajustado tampoco pero estamos en los ajustes. Como en esa apropiada osadía locutora que pone una vela al Cómo y otra al Il Faut, de la necesidad hace virtud comm’il faut, y ya que es preciso ser fiel a la pura Actualidad de todos que es suya, y ay de quien se la toque, se le dice puta pero entre comillas, o mejor se la enseña públicamente en pleno francés, que algo siempre se saca de meter un exotismo. Eso sí que es virtuosismo en la aplicación al caso siempre ajeno de la regla nunca propia o viceversa. Pues nada humano le es ajeno al periodista en ningún caso, ni siquiera lo francés: por no ser lo humano, siempre y en todo caso, regla en que esté, sujeto. Sino que está en aplicarla al caso si viene al caso: que es la única regla del idioma periodistés, dialecto nativo de la puta Lengua al parecer, parecerlo. No haber regla pero estar en ella, oportunamente, cada vez que hace al caso hacer lo propio, hacerla propia y aplicarla a su caso. Que a su puta de todos sólo la toca Nadie.

            Extremismo de centro en fin que, en principios y en fines, erige la nuliconciencia en conciencia de clase (vacía, para que todo quepa sin discriminar), en culminante figura de regla al margen y margen en regla, o de Estado de Transición por culminar: que es el nuestro, a nuestro parecer, porque así… “Nos hemos acostumbrado”.

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            O en figura de hoy echan “Asistencia Social” en 3D, ¿asistimos, socio? Figura autoetérea y heteroautomática de sublimidad mecánica y viceversa, con ambos sentidos reversibles reversiblemente permutables a discreción… a la del hueco en El Medio de La Expresión, debe de ser. Porque ni “el asistente” en ninguno de los dos sentidos, ni “el socio” en otros tantos, tienen la menor competencia en tan prodigioso guión de ida y vuelta y metesaca, que merced a su inexistencia permite toda aplicación conforme a su esencia nula.

            Pues ¿no era “asistir” ya, de suyo, una figura trágica en la escena del idioma, suspensa como Hamlet entre dos sentidos contrarios?  Donde se asiste impotente como espectador, o bien se ayuda al actor como asistente suyo (a poder podiendo cuando está podido). Pero no, que mejor se queda uno con el prepostmoderno papel de Hamlet a perpetuidad, ya que en la escena social no parece vislumbrarse la llegada de Fortimbrás alguno, o por mejor decir, parece que Se Vislumbra es la parte fundamental del guión. Porque algo querrá decir Todo Esto tan emocionante, conque pensemos que querrá, ¿o querrá que pensemos, para que aprendamos? Y pensiemocionado o emotipensado, sin moverse de hecho ni emocionarse de sinpalabra, le sobreviene a uno el embargo en la casa común del castellano -y sin Montoro ni Bankia que arroben a la vista-, al reparar en la inexorable correspondencia trágica entre el dilema del Asistente y el de lo asistido, Lo Social. Pues ¿no consistía también lo social en asistirnos unos a otros en uno u otro sentido? ¿Pero en cuál,  en las duras o en las maduras, en la acción o en la pasión, de espectador cuando no cabe actuar o de actor cuando toca, hasta que Algo nos separe, probablemente una pantalla opaca? Pero ¿cuándo toca? Conque mejor se queda uno suspenso y embargado en el Medio (Social), televisivo y telepráctico al tiempo, asistiendo al espectáculo de la asistencia social o practicando socialmente tal asistencia; tan conmovedor que para qué se va a mover uno, si ya está El Con profesional moviendo, y a la par, tan lógico, discernimiento que todo lo separa de todo para mejor componerlo en uno (a la altura de La Moraleja). Conque a qué dudar de que haya sentido común y común composición a tales disparates, si con ponerlo junto (en pantalla) ya está con puesto uno, y aparte. Seguramente en La Moraleja.

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            Porque igual cabría describir en términos de género (literario)  y su gestión (sugestión de haberlo) la Autohetería o Heterautismo que rige cual Celestina nuestros burdeles mentales, o sea el idioma, en el papel de protagonista, o sea modelo de sujeto heteroautor: estar sujeto en el Medio sin principios ni fines. Desalmado e incorpóreo pero con ambas posibilidades incorporadas y armadas. A saber, como acoplamiento y mestizaje necesario a la par que grato, qué grata coincidencia a la vez que necesaria, entre los géneros. Como en cama de burdel, qué grato archigénero de coincidencia, a la par que útil.

            O como Literatura Social, previa reducción de la vida en común idioma a intercambio de letras como gestos negociables a plazo en privado. Pues dicen los doctos ser “literatureidad” aplicarse la regla al caso de suerte que el caso propio se vuelva regla ajena. Si eso no es ser Heteroautor y por ende Autohetera, anuncio público de lo más común hecho tangible pero en privado, que venga Jakobson hijo de Jacob más alguna innombrable y lo vea. O mejor que mejor, excelente, vayamos al reservado en la casa de citas doctorales donde se materialice el anuncio. Aunque postular de oficio tales relaciones entre cualquier Lengua, por ser una cualquiera,  y Literatura, por ser un único órgano con don, el de no reproducirse solo en parte alguna pero aparentarlo con todas las trazas en una cualquiera… eso tenga en vulgar nombres más literarios.

Y aunque hay otros personajes más interesantes a la par que educativos en esa función, la poyética, tan aplaudida por plausible como viceversa. A los que también cumple esa caracterización, como Quien dice, del que da carácter visible a la regla a la par que regulariza los caracteres en modelos: casi como gramáticas, pero que casi incluyen a la vez y además, como Quien dice, a quien las dice. Qué grata coincidencia, Además y A La Vez que útil. Como estos dos vulgares personajes del idioma que no hacen relación, pero escenifican, las complejas relaciones intergenéricas de relato y drama en el lecho objetivo común, la Literatura: como alguna clase de obra entre vivir del cuento y contar para vivirlo, o viceversa. Probablemente un sainete, o un esperpento.

            Por ejemplo, ese secundario del sainete del castellano que encarna al archigénero didáctico, para que vayamos aprendiendo –a irnos sin rechistar-, y al que podemos bautizar Ademasio Alavez o Adevezio Alamás, si ya no Adefesio Alatriste. Puesto que su dramática historia a la vez y además que drama histórico presenta zurcidas en un suspiro nominal, ale hop, las peripecias sintácticas del discurrir entre disparates con las valiosas moralejas gramaticales, paradigmas de hidalguía del Castellano de Pro, en que Lo Dispar Atado aparece junto pero no revuelto. Sino con oportunas pausas dramáticas entre parte y parte de lo relacionado para que no parezca sonar de una vez, a la vez que por partes, lo que no es: disparatado. Prodigioso remiendo en un pispás de salivilla entre la sintaxis del tiempo, sucesión de disparates, y la hornacina de su sentido común, simultáneamente presente a todos los tiempos. Milagroso, que el milagro ante el que calló “Platón” y la Iglesia hizo liturgia practicable a fecha fija sea ahora pastiche al alcance de la mano con sólo pulsar el emoticono adecuado en el Programa de Estilo (emoticógnico por coñiemotivo, o 69 viceversas perpetuos en penitencia).

Y no es difícil ver a qué corresponde en los telediarios el auge de Pérez Reverte a la vez y además que del “Gran Hermano” de la misma madre alguna, será la Lengua,  y aun de otros cofrades “Callejeros” cofraternos… pero “A vista de pájaro”. A la segura distancia del drama pero documental o el documento pero dramatizado, pongamos las Capitulaciones de Santa Fe en capítulos de algo que hay que tener santa paciencia para creer dramático, ni aun cómico: Conservas Isabel… ¡qué bonito!  O ese callejear de Callejeros sin moverse del sillón a la distancia segura aunque practicable pero no practicada, por afortunada coincidencia a la par que útil, de la asistencia social al drama individual o viceversa, eso que se llamaba caridad a falta de ley: asistencia individual a un drama montado socialmente… o viceversa (léase Bankia).

            Pues si podemos asistir en primera persona dramática a un relato, podemos hacer relación de acontecimientos dramáticos sin esperar a que la hagan y se relacionen los actores: a la vez que de paso estorbamos que la hallen solos, para qué, si además ya hay quien ha hecho relación de sus contrariedades en una contradicción histórica de una misma Dicción una, grande como Venecia, y libre entre canales genéricos, que para eso está el mando a distancia, para tenerlo cerca sin fijarse. Qué grata y útil coincidencia, que contrariedades presentes sin que se vea salida la encuentren adelantada a crédito en ser partes de una misma obra, la Escena Crítica en que se aclara que, de uno u otro género, formamos una misma Crisis una, grande y libro. Con que el presente dilema sin salida ya la habrá hallado, desde luego, desde el Principio: el principio editor crítico de que casi todos los tiempos son discurso rearticulable como un escenario, y el idioma, objeto público de montaje hacia adelante o por detrás como un Word Perfect encarnándose desde el Principio, desde luego, desde el Ahora mismo.

            Y esta histórica crisis dramática en que al parecer nos hallamos en directo aunque re-trans-mitiendo, ¿será entonces un docudrama de actualidad, o ahora un drama históricamente documentado? Y esas contrariedades sobrevenidas nuestras, aunque nada hayamos tenido que ver en traerlas como víctimas de destino inexorable, cosa que puede documentarse históricamente, aunque con toda viveza, ¿resultarán en moraleja didáctica? ¿Y no podría alguien adelantarnos  un fragmento, a modo de publicidad grata a la vez que útil de producto final tan valioso siempre como aprovechable ahora, el genérico de copago Saber Hablarnos en Crisis cuando no nos consabemos?

            Pues claro que Sí, Potemus: los expertos consoladores en el margen de la escena pero en trance de aparición. Solícitos proxenetas prestos a introducirnos en el género generante de los géneros, el Verbo encarnado como Quien dice (disponible toda la gama del rojo al lila), para no perderse ninguno, relativamente, por no tenerlo, prácticamente, pero eso sí, notenerlos todos dramáticamente practicables. Pero estando en Ello, que es la figura psicoanalítica profunda para ese género de personaje genérico. O en Transición, que es la figura política somera. O en Fray Gerundio: que es la figura tradicional para la obscenidad organizada en la escena de esta lengua peninsular. Eso sí,  gracias a que el Padre Isla se tomó el trabajo de discernir lo que es uno, contenido y aislado, de lo que es continente común donde aliviarse todos. Pero sobre todo, de Lo que no es, por no ser de ninguna de las maneras estando en ciernes peninsularmente en todas. Claro que entonces sí había Pirineos en la común casa de citas con Europa, cortesana famosa contra su voluntad: lo primero, no lo segundo.

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            Procesando que es gerundio, por favor espere y guarde la cola como y donde es debido por adelantado. En la oficina de paro pero arrancando. Y en eso estamos estando en esta casa de citas con la historia en tan apretado trance, haber pérdido todo crédito en nuestras posibilidades y buscar alguien que nos devuelva la confianza en el mercado, pero no una cualquiera sino una en que se pueda confiar, una cualquiera profesional: confianza, hijo… con fianza. Y como buen cura fray Gerundio no nos consuela pero nos introduce a Consuelo, y nos conforta devolviéndonos de la disgresión a ciegas entre disparates al caminar con fe en Lo Dispar Atado, también ciega pero al menos dando palos mientras a Dios rogando, o a la Santísima Troika de veintitantos. Devolviéndonos adonde a su parecer siempre hemos querido estar desde el Arcipreste, a escena de cama redonda con barragana y a la vera de coima: pero cada cual de su vieja, ya lo dijo Juan Ruiz sin comillas colectivas aprovechando algún hueco entre camillas particulares. Que para hijo de la Gran Puta de todos ya tiene cada quién pagada la suya en su casa, aunque sólo sea de palabra y de memoria. O “no nos toques los gerundios, Herr Gerundio”, como firmaríamos encabronados algunos cabrones peninsulares que aún vivimos en primera persona nuestra relación con la puta lengua incontinente de todos sin necesidad de decorarla de virtud continental única, propiedad discretamente anunciada de Heteroautor colectivo alguno. Y por ende, profesional Autor de Heteras étnicamente pintorescas como lenguas en regla, en lógica consecuencia a la par que moral y estética: qué ingrata e inútil coincidencia política.

            Conque traduciendo en fin, que es gerundio en trances críticos:

No queridos aunque muy caros publicistas, abogados de Lo Afónico, portavoces varios de Lo Que nos Faltaba, único, grande y casi libre de impuestos, salvo la pequeña comisión de vuestra impuesta presencia en cada caso de esta Crisis única, grande, común, tan singularmente común que tomárais un doblón por describilla en regla de no haberlo tomado ya en cada caso: no nos toquéis ya más los putos gerundios. Ni nuestro estar discurriéndonos en nuestras plurales camas, figuradas a sabiendas y a queriendas como palabra a uno solo dada, para acuartelarlo en un homogéneo “macroburdel” de Lo Heterogéneo, como esa palabra misma, a fines de mejorar el rendimiento con sólo un minúsculo recorte que otro: justo en lo que más nos duele porque más nos place, en el medio, donde ajustarnos a medias por nuestros medios. Donde estamos siendo cada quién consigo sin mirar con quién conseguirse… Se de una vez por todas: una cualquiera que valga por todas de una vez.

            Ni aunque le pongáis al puterío bata blanca de sociólogo ecónomo y tetas artificiales como campanas de Gauss para llamar a la misa común, ni al burdel un rótulo de diseño atractivo a la par que útil que rece sobre la puerta, como en el umbral de un Dante a la vez y además Tomante, “I + D + Iota”: y con toda razón en lo relativo a La Sinrazón Absoluta.  Que aun en ciencia o sobre todo con ella uno se corre de verdad, a mejor verdad, por razones imaginarias. Y no por imaginar La Razón (dialéctica) para correrse grata a la par que útil… mente de figura en figura. Conque no nos toquéis los gerundios tampoco en sugerente traje de Luces entreabiertas como asunto de pública Emergencia Cognitiva universal, con sirenas de varios colores y asistentes locales sin rubor alguno, sólo porque los jóvenes se van corriendo a discurrirse en otras partes de lo que, según vuestro anuncio, es total y no las tiene.

Ni como Ocurrencia por norma editorial, ni como Estado de Transición, por Norma Constituyente, entre estados regulados por coinstitución. Que adelantar a crédito en unas letras sin respaldo “lo que es” estarse constituyendo dos en postura que hallen de su acomodo, y más si se le añade la coletilla litúrgica “como no podía ser de otra manera”, eso se dice en latín pro-stituyendo, que es gerundio, por ganar tiempo en irse corriendo:  qué ingrata coincidencia de los más dispares disparates en anticipar Lo Dispar Atado, con las prisas, todo junto. En hacernos tan ingrato lo útil, por faltarle al puto trabajo exóticas experiencias límite aunque con horario y póliza de regreso, como inútil lo grato de darle a la puta lengua juntos, por preconsabido y preconsentido su Sentido Común sin esperar a cada con, que es un derroche.

Conque faites pas Le Con, si os place, messieurs los gerentes del Con común, que ya nos lo iremos haciendo  a medida comedida cada vez: o acabaremos como estamos por principio, haciéndolo todos a una, a fuerza de medidas transitorias definitivas sin comedimiento. Y no me toquéis un pelo ni me tiréis de mi puta lengua que no me parió entre nosotros porque aún estamos en pleno asunto: y que dicho sea de paso entre nosotros, es vuestra madre. Firmado y rubricado en el lecho del lugar, y no En Lugar de los Hechos, ahora mismo a fecha por hacer,

 

El Cabrón Peneinsular

 

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