La puta Virtudes

¿Regular la prostitución, y como una parte más de una regulación genérica del orden público? Creo que de todo el enunciado sólo entiendo la coma para respirar hondo, ni siquiera los interrogantes.

            Empezando por los preliminares, como cumple a tal negocio: las putas estorban al tráfico, al de coches. Y al comercio: al restante. Hay horas de mucho tráfico (pero de coches) a la salida de los polígonos industriales (pero de otras industrias), y las putas en la rotonda lo entorpecen a la redonda. Y eso no puede ser, porque en esas figuras (pero geométricas) industriales (no manuales) se produce placer (impersonalmente) a consumidores de perfiles (pero de aluminio) o brocas (pero del 12) no menos impersonales (o sea, clientes) por dinero.

            ¿Y por qué están todos esos cuerpos trabajadores a la misma hora en la misma rotonda, pero dentro de los coches estorbados y no fuera estorbando? Porque son el tráfico (de trabajadores) que se ve estorbado por el tráfico (de seres humanos). ¿Se deduce que, a diferencia de las putas, los traficantes y traficados en los coches no son seres humanos para el señor ministro de cuyo nombre nadie puede acordarse, ni siquiera apelando a acordarse de su madre por alguna asociación ilícita de ideas? No, y multa de penecientos euros.

            Item más: pero es que las putas venden su cuerpo, mientras que en el polígono se fabrica carpintería metálica con toda el alma. Y los brazos se dejan en casa con la familia. Vale, pero es que en el contrato laboral se vende el cuerpo por partes, y las putas lo venden en lote entero ¿Se deduce que el señor ministro de cuyo nombre entero sólo se acuerda su madre a veces entiende que el coño es la puta entera? ¿O el culo? ¿La lengua, quizás? O en caso de especialistas en perversión  integral y holística, las llamadas putas psicológicas, ¿entiende el señor ministro de cuyo etcétera íntegro nadie puede acordarse que el cuerpo constituye la integridad de las putas, que no tienen alma, a diferencia de los trabajadores del polígono, que sí, para dejarla en casa? Aunque si los brazos no son suyos por contrato y el alma se deja en casa ¿con qué hacen la carpintería metálica vocacional?    Y si el señor ministro considera que vender su cuerpo es vender su integridad, ¿las está considerando objetos sin alma como cualquiera de sus clientes o cualquier cliente de Zara al bengalí, o perdón, al bangladesí que compra reducido al pantalón que compra porque no da de sí más que un pantalón, de piel artificial sin autor preocupante dentro del que preocuparse? ¿Piensa el señor ministro multar a los clientes del Corte Inglés por solicitar un abrigo de piel a medida pero prêt-à-porter? O si considera que la integridad vendida es la del hueco, vacante integral de alma dejada en casa como muda para que el cliente le enfunde el personaje que quiera fantasear en ella, ¿es que las considera como objetos verbales que disponer a su antojo en un blog o un proyecto de ley, como palabras sin más sentido que usarlas yo? Que es decir cuerpos sin alma disponibles para efusiones verbales, y por tanto legítimas representantes comerciales de las putas en el texto, con las que todo vale ¿Y piensa el señor ministro multar al señor ministro por proporcionarse en público placer dispositivo con esas profesionales de la lengua? No, y penentos mil euros de multa.

            Item más: pero es que las putas trabajan en condiciones inhumanas, o sea sin contrato, o no escrito, o sólo por horas o por minutos sin cobertura médica, ni pensión, ni cotización a la seguridad social. No como los aprendices en prácticas que salen traficados del polígono, que gracias a la reforma laboral tampoco, pero en regla. Pero es que ellos sí pagan buena parte de sus ganancias al patrón laboral que les permite seguir vendiendo su cuerpo, pero por partes, en figuras varias, pero geométricas e industriales, en lugar público, pero fijo y no imprevisible (salvo movilidad laboral inexcusable dictada por el patrón laboral, o a la calle, a la altura de la rotonda).

Ítem más: pero es que abordan o son abordadas en plena calle, a la vista de todos, y se entrometen como palabras en cualquier asunto en curso de que se esté ocupando el transeúnte traficante, incluso a pie peatonal. Y eso produce pérdidas económicas. No como el anuncio de compresas en mitad del asunto de la película galardonada, cuya integridad de cuerpo visual  como alma de autor protege la SGAE, salvo de los patrocinadores de la película y de la SGAE, que son los fabricantes de compresas. Con prisas para venderlas. Que asaltan por la calle del ojo, o en la rotonda de un pensamiento en pleno dilema, con una oferta publicitaria, Herculín mío… ¿te hace una encrucijada?

            Ah, pero se le olvida a usted una metonimiedad,  y es que la puta usa su cuerpo entero para anunciar su cuerpo por partes. No como el fabricante de compresas que usa íntegro el de una modelo, o varios inclusive. Para anunciarlo por partes y funciones que ofrece aliviar en numeritos diversos según la especialidad de la casa. Pagando, claro.  ¿Y acaso se paga la puta a sí misma por usarse por partes para anunciarse entera o entera para anunciar sus partes? No. ¿Y donde queda entonces el IVA? Defraudado. Y por defraudar al cliente, que es Montoro, multa de penentos mil quinietantos euros. A la puta, no a Montoro. Que tiene derecho a reclamarle su parte legítima en el negocio en que no participa, pero gestiona. ¿O es que lo chulo que está Montoro en el congreso con sus desplantes no tiene precio? Sí, y recargo de medio gonadillón de euros.

Pero item más, y aquí sí que no podrá usted replicar nada, so pervertido, so pena de ser enseñado como ejemplo en la picota didáctica del noticiero: es que lo hacen, lo de enseñárselo a cualquiera, al lado de los colegios y las escuelas – de las universidades no, a saber por qué- y en general de sitios donde se enseña lo fundamental. Y las putas no enseñan nada fundamental, solo la funda. De lo mental. El cuerpo, según lo enseñan en las universidades. Pero por dinero. A clientes que solicitan la enseñanza integral del cuerpo y sus posibilidades de uso excelente, lo ofrece Wert sin que le multen;  o sea, lo que le enseña un cuerpo docente que se sabe hacer notar entre el tráfico corriente de posturas intelectuales, figuras retóricas, frases hechas y acoplamientos rutinarios de lo uno con lo otro, en una palabra. Pero cobrando por Lo sugerido y por la excelente manera de sugerir Lo. ¿Y que es lo sugerido? Lo excelente de su gerencia que sabe cómo dirigir y enseñar a dirigir (por razones didácticas) la corriente corrida del discurso, pero haciéndole sentir al novicio que se dirige y se discurre sólo, en culto, o que se va corriendo y se escurre solo, en vulgar. Sin que nada tenga que ver la lengua cualquiera que lo excita, quiá, sino al contrario: que por sentir eso paga.

Ya, pero es que en las universidades la sugerencia de su gerencia es la del cuerpo pero social en su integridad pero moral, política y lingüística, o sea, con la lengua pero figurada mente. Que se enseña en modelos didácticos con cuerpos de profesionales, para mejorar el futuro rendimiento en general en cada lecho discursivo en particular, y cobrando. Por el acoplamiento en general de cualquier cosa con cualquiera que se llama pero en latín interligar pero cobrando.  O sea, Lo que se llama un somier de tablas al través en la cama o una disciplina transversal en la lengua, indiferentemente a cualesquiera actos cotidianos y sus protagonistas lengüeteados, porque atraviesa o se deja atravesar, indiferente mente (de intelectual genérico, me refiero) por todo miembro (del cuerpo social, quiero decir), en ambos casos cobrando. Puesto que nada humano le es ajeno al científico social si paga. Esa excelencia que Wert quiere enseñar, pública mente, y cobrando, en escuelas excelentes más cercanas a la realidad de la calle y no a las abstracciones producidas en polígonos o círculos intelectuales. ¿Y quiere eso decir que Wert incita a la prostitución con la lengua pero no en la puerta de las escuelas sino dentro? No, y cuarentamil créditos de multa excelente (con cita del Eclesiastés incluida, cortesía de la casa de citas educativas con el cliente cultural habitual).

            Con que se acaban los preliminares y el tiempo de destruir, pongamos la creencia en la Biblia como puta palabra de todos por amor y sin cobrar, y comienza el de construir, pongamos personajes profesionales de creyente en la sincera revelación verbal de que nunca antes había amado en transversal,  tiempo a través entero, a un hombre o un idioma como tú bajito, calvo, de nombre ignoto y apellido ignacio o del revés, en esta cama, a las 13’ 45 de esta mañana. Y sin mentir.

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            O sea, dejémonos de preliminares, cacho guarra de lengua o viceversa, que nos conocemos, y vamos a lo sustancioso, que para eso hemos venido a esta casa de citas en la lengua, ¿o te crees que te tomo la palabra para hacerte carantoñas? O de por qué la regulación de la prostitución no contempla la regulación de la lengua de Wert, ni multar al dedito de Soraya la Una o la mano de Sor Haya La Otra cuando suben y bajan o entran y salen rítmicamente del orificio visual de la audiencia, mientras en su boca se va corriendo de figura en figura el mismo caudalillo de posturas y figuras profesionales. Cobrando por la representación, pero política, del cuerpo de la nación en efusiones pero vocales.

            ¿Quiere esto decir que la regulación del orden público mediante la lengua contempla el tráfico de influencias pero no el de efluencias? ¿O sí, pero sólo seminales y no semióticas, aunque por igual estériles y de pago? Sí, y chochocientosmil euros de multa desinteresada por el interés público.

            Porque el político regulador no regula por dinero, sino por desinterés público y notorio: en el trajín cotidiano que no practica pero se dedica regularmente a regular excelentemente. Desinterés lógico en el caso cuando se está siempre en plena regla. Ofreciéndose, pública mente, para aplicarse en el acto,  el de cualquiera con cualquiera que se llamaba el comercio social. Y comoquiera que dicen los más ilustres estudiosos que el acto instituye la conciencia, resulta que regular el ofrecimiento público de acoplamiento es regular la oferta de lo instituyente de cualquier institución. Minúscula, como los órganos de representación de la mayoría, eso que se suele llamar sus yóes de andar por casa o por las rotondas pero de paso, pero de paso ofreciéndose, pero de paso y no profesionalmente. O mayúscula, como las de algunos órganos representativos del total íntegro del lote, excepcionalmente dotados para la representación, parlamentaria, de una potencia excepcionalmente dotada: para pasar al acto en el acto en cualquier acto, como Poder político.

            Pues no es ninguna novedad que “la puta”, así con artículo articulada  al orden del consumo de artículos articulado en frase cotidiana -o perdón, “del día-a-día” con guión premium de importación-, que el artículo de “La  Puta” figura la articulación imaginaria de lo común instituyente a lo social instituido en regla. O para que se me entienda en la puta lengua de todos sin cobrar, que la puta figura a la madre del patrón. A la matriz siempre imaginaria de figuras modélicas que se presentan como si nadie las hubiera parido, como modelos en la aureola del Escaparate sin origen ni fin que en latín se llamaba Dispositor Universal, o sea imperio. Sin duda porque en las calzadas romanas no había  rotondas, ni polígonos.

Pero si algo quiere figurar por adelantado todo acoplamiento posible en figura que pida repetición, y por tanto el cuerpo figurado de la potencia absoluta como Poder sustantivo, si algo quiere figurar anticipada la forma de toda institución, sólo puede ser prostitución… y llamarse Constitución. ¿Quiere eso decir que la Constitución es prostitución, anunciada en público y gestionada por chulos, de aquello que de todas formas nos uniría sin ellos y sólo corre riesgo de dejar de unirnos cuando ellos lo gestionan? ¿Como la Iglesia del amor, o la Academia de la lengua? No, no, y no,  y sí archimulta de potencientosmil euros.

¿Quiere esto decir que lo sentido comúnmente como lo más sentido y más comúnmente debe instituirse en El Sentido Común de una Común Mente, y ésta tomar estado de puta o sacarse epígrafe de actividades profesionales, y anunciarse en la rotondilla de la Carrera de San Jerónimo conforme el patrón dispone, so pena de emputecerse? Pues tal parece el proyecto del señor ministro de regular el orden de convivencia en público de una vez por todas, una cualquiera que valga por cualquier otra; donde entren igual obreros saliendo del polígono que camioneros de paso, vampiros nativos amantes del chupeteo hipotecario que ladillas africanas sin papeles en la obra agarrándose por un pelo cualquiera a la existencia. Ese proyecto de regulación que incluye de una vez por todas el anunciarse una puta por todas lo mismo que el reclamarse una voz por la de todos en público, o que proclamar públicamente y a voz en cuello hijo de la misma madre cualquiera, España, al policía apoliciante lo mismo que al apoliciado manifestante ¿Y ha de considerarse entonces el proyecto del señor ministro cualquiera prostitución anunciada de una Constitución frustrada por el anunciante, que además pretende multar de una voz por todas a todas las que anuncien que cada cual tiene su amor de una vez, y su constituyente nuestro de cada día con quien constituirse, salvo el chulo de todas, que por eso pretende multarlas a todas de una vez cualquiera para salvar su negocio?

El peneúltimo más viejo del mundo. Uno que se llamaba en griego “enviado entre los extraños” como embajador. ¿De qué? De lo más común entre nosotros. Hasta que a algún emprendedor se le ocurrió tratarnos como extraños, que ahorra viajes, y ofrecer a su vecino lo que tenía en casa pero vestido de exotismo, que ahorra gastos de importación. Sólo quedan los de maquillaje, pero la saliva es barata. Sólo hace falta ensordecer y enceguecer primero a la visión cercana, para que el personal se lance en pos de televisiones rotundas y redondas como rotondas al salir del polígono celular de la colmena cotidiana. Que Berlusconi haya reeditado en esta edad la vieja verdad de los Julios encuadernada en pieles nuevas, bunga bunga aetatis et omnia bunga bunga, no es de extrañar, estando libre ya de derechos de autor y más en Italia. Panem et circenses para el cuerpo corpóreo, o putas  y gladiadores para el del Circo imaginario. O la Rotonda en el tráfico ordenado del día a día.

Negocio redondo, cobrar también organizadamente por lo que queda pendiente a la salida del orden del negocio. Lo único que acaso haya cambiado es que el orden del negocio hoy incluye ante todo el ocio, o perdón, el sector servicios al fondo a la derecha. Ante todo en países a los que se quiere convertir, por la mañana y de corbata, en burdeles del continente adjunto o los países de nuestro entorno poligonal industrial, desmantelando toda producción que no sea imaginaria; y a los que además multar por la noche y en medias negras, porque en el sector servicios quien no se anuncia no vende, por anunciarse disponibles en público para pasar una semana inolvidable en la Mallorca de su entrepierna trasera o en la Conejera delantera. Embajadores de la marca España a los que multar por embajadarse los pantalones de Zara, tras cobrarles por importarlos, ante los extraños, a los que multar  por querer comprar lo anunciado propio pero tangible y ya. Por querer constituir la sociedad comercial, anónima y ya, y no prostituirla como anuncio personalizado y anticipo a crédito personal de una identidad.

Cuando bastaría oir lo que se tiene en casa, como lengua propia entre los labios de arriba, para recordar cómo se le llamaba ya a eso cuando aún hablábamos en griego. Con una sola palabra, eso sí, lo que supone un derroche de ahorro en tiempos en que hay que ahorrar sobriedad para reactivar la economía del derroche. Conque habrá que multar a quien llame al gobierno proxeneta en público. Por ofensas a la virtud de la que anuncia puta en venta por liquidación, o perdón, outlet. Pongamos, en esta encrucijada rotonda de la historia, a la madre patria. O a la puta Virtudes: la de los castellanos manejando su lengua para proporcionarse lo sentido común.

 

 

 

           

                       

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