Hipérbaton

Oído en un noticiario: “Esta pareja que ven de novios…”. O en una de freír cayó caldera. Que vivimos en tiempos culteranos es tan patente como que Góngora nos gobierna autista y solo en su idiolecto de un único oyente y ningún hablante, yendo y viniendo de sus soledades a sus soledades y de paso pasando por el lugar común donde se entretiene, el Estado del idioma o viceversa. Con todo, eso sigue siendo anecdótico como Góngora en el octosílabo. No lo es que se altere el orden establecido en la sintaxis común para llamar la atención sobre el hecho de que uno esté llamando la atención  sobre nimiedades que no la ganarían por sí solas, como el gobierno o esta pareja que ven de autistas –son Montoro y Wert dialogando- ; sobre todo cuando el precio empieza a ser la confusión mental que antes de la televisión se llamaba psicosis y ahora libertad de elección en multipantalla.

            ¿Sucesos? Varios a la vez, para eso son sucesivos. ¿Modelos?: uno detrás de otro por la pasarela de la frase como poses a lo largo del horario o creencias a lo largo del curriculum de un intelectual. Para eso son modelos del acontecer, para que su exhibición se suceda como todo un acontecimiento. Y eso deja de ser una nimiedad cuando la figura de dicción pasa a ser figura de La Dicción y cumplirse literalmente como mente literal, confundida con sus figuras al menos en un punto: la disponibilidad arbitraria e ilimitada del tiempo para enunciar. Naturalmente se puede vivir en estado de hipérbaton, como también en el piso inferior al de Damocles, el famoso espada. Humanamente, ya es más discutible. Pues tu delante y yo detrás o yo arriba y tú debajo, y ya veremos según caiga, seguro que hace justicia  al revolcón animal en celo o en matanza. O al universal “que gane el más mejor”, que es el credo liberal que se reza en una iglesia construida sin duda como un idioma, a base de pelear cada quien con el de al lado por coger plaza encima o delante de él en la frase del tiempo.

            Primera consecuencia escénica, que cualquiera puede ser presidente de Estados Unidos con tal de ser el que primero vaya a hablar del presidente de los Estados Unidos. Y si no me creen, escuchen la fórmula ya habitual en nuestros noticieros suyos: “Porque hoy ha hablado de desarme, nada más llegar a Washington, Lorenzo Milá, el presidente de los Estados Unidos…? . Tal cual, con esa entonación seminterrogante al final, como quien esperase respuesta al otro lado de un hilo que ya no hay pero sin saber ya muy bien a quién está preguntando sobre quién, ni falta que hace. A lo que se suele llamar personalizar las noticias, creo, ahora que ya no hay hilos conductores ni siquiera en el soporte material del discurso noticiero: conque pasamos a otro asunto completamente distinto. Hasta que volvamos al anterior para ampliarlo, el mismo pero luego u otro pero parecido: como sacado del mismo modelo pero en ampliación sucesiva, Lo Acontecido, pero a la vez suceso posterior en la sucesión de sucesos que es el noticiario, modelo del suceder que se autoanticipa en portada después de haberse profetizado en titulares.  

O de la sintaxis como semántica para significarse como locutor, y de la semántica como sintaxis siempre rearticulable, como Estado en estado de reforma permanente e irreformable. O de Lo momentáneo como modelo de Lo Modélico por el momento y ya veremos, según me vaya.

            En este momento se le va a uno la cabeza y cree estar volviendo a los oscuros tiempos medievales con sus disquisiciones escolásticas sin sentido, por ejemplo sobre la primacía entre el orden del ser y el orden del suceder. Disquisiciones bizantinas insensatas, aunque Bizancio no había caído y aún era lugar común de referencia, y no como hoy, cuando no es bizantinismo ni insensatez discutir sobre procesamiento secuencial o paralelo mientras lo procesando está punto de ser invadido por unos señores con una geometría distinta en la cabeza, pongamos un turbante, donde no hay paralelas porque todos los caminos desembocan en la punta de mi nudo, ni secuencias, porque la inamovible sintaxis del ordeno y mando por revelación del texto es sota, caballo y sultán. Pongamos por caso. Aunque la noticia dada en su lengua por una locutora de televisión española–la televisión- rezaría seguramente con el entrañable toque personal que la caracteriza algo así como “… porque el sarraceno que está degollando a nuestro reportero, Pedrito Sonrisas, al parecer no eras tú…?”.

            Se le va a uno como en un final de edad media la cabeza, de momento figuradamente. Pero es que acaso eso sea la literalidad de un vivir figurado. Porque si le da a uno por buscársela en una frase que ya no tiene pies ni cabeza porque cada uno de ellos tiene derecho a estar donde le plazca, y siempre le place el sitio del otro, que ya es casualidad, y no uno que se invente al margen de la frase del tiempo para alcanzarlo en su prolongación, entonces en tal situación se topa de narices o de oídos, qué más dará la posición en el rostro informe de la información, con el correspondiente semántico al estado de hipérbaton, que es el discurrir incesante de los modelos que den, o lo parezca, arriba y abajo y delante y detrás, o sea sentido, al discurrir de la frase.

            Y hablando de modelos en que identificar el caso, medievales retrasados que seguíamos siendo en el barroco peninsular, a la hora de identificar a alguien en el tiempo seguíamos usando aquí ni siquiera uno, sino dos patrones inamovibles, un patrón y un matrón; o como  suele decirse, esa entrañable costumbre tribal de la península de identificarse por dos apellidos, paterno y materno en ese orden. Ya el segundo pasó a mejor vida cuando llegaron en tiempos inmemoriales los tiempos modernos sin recuerdos, pero con memorias colectivas adosables, con que pasaba ser un derroche mentarle a alguien la madre que lo parió allá en donde a todos se nos supone hijos de puta disponibles para permutaciones laborales en todas las posturas, perdón, puestos de trabajo, como en indiferentes lugares de la frase productiva. O lo que es igual, que el lugar de nacimiento o la matriz idiomática son indiferentes para el patrón, mientras cumplan el horario productivo en el discurso de los segundos todos sin ningún primero, ése que dice tiquitaca todo el tiempo, conque ya debe de decir todo lo que es el tiempo. ¿O acaso hay algo más fuera de horas laborables, vacacionales,  familiares, ordinarias o extraordinarias o como quieran mientras respondan ante algún patrón? Bueno, a lo mejor queda algo, un mínimo denominado denominador común bajo todos sus papeles, perdón, perfiles: pero nimio y sin sentido, como entrañables vestigios étnicos como un modelo de apellidar. Pues nada, lo apellidamos por la marca España,  y ya patroneado, lo ponemos también en la calle de la frase a trabajar, que hay mucho turista ansioso de penetrar en lugares tradicionales al margen de los tiempos, o en modelos amateurs al margen del comercio de la frase, gracias al comercio internacional e intertextual con prisas.

            Hasta que la competencia por lo que no está en la competencia de la frase, poseer a la matriz gramatical que le permitió nacer, llega al punto en que hasta un apellido es gasto inútil, porque las referencias se limitan al nombre propio del momento para que se pueda cambiar de perfil en la página como de identidad los besugos en la red, donde tanto da ya uno como otro. Sólo queda la identificación gremial por especies, porque siguen siendo más caros los besugos que los jureles, ambos pescados, una vez pescados. Y qué casualidad, de especies discutían los retrasados medievales que sin embargo no se apellidaban “Del Ente” o “Del Primer Motor”, sino “de Canterbury” o “de Toledo”, porque habiendo dejado atrás patria y nación por el Word Perfect, quiero decir el Verbo Encarnado, no les quedaba otra para identificarse como usuario momentáneo.

            A lo mejor es en eso en lo que está pensando el redactor del noticiero cuando se escucha de pronto en pleno torrente sintáctico de posmodernidad  arrebatada, tan arrebatada que los antes vienen luego y los luegos desde antes, desde luego, a la locutora identificando a la protagonista de una noticia memorable de veinte segundos como “Maribel de Masterchef”. ¡Ah del castillo….!  ¿Quién va? Abrid, que es Maribel de Masterchef quien lo requiere. Y desea ver a vuestro señor, Túel de Mirakienbaila. O a Yosoi del Ateleti. O Alfinando de Lapatera. Si es que no son el mismo pero sucesivamente, o sucesos distintos pero del mismo modelo.  Donde el suceso es la referencia, y la referencia, el suceso. O de Lo momentáneo como modelo de Lo Modélico por el momento y ya veremos, según vaya.

            Conque nunca es raro que a los góngoras de la frase les salgan unos quevedos pegados en sus mismísimas narices para que se vean mejor, aunque nunca sepamos si con éxito. Ni que esta pareja que pueden ver de novios paseando, aunque de esposos asesinándose, pero eso no sale en esta actualidad sino en la siguiente, venga acompañada antes o después a la vez por Maribel de Masterchef  o Pregonanda de Telenueva. Puesto que la pareja modelo ya se llamaba desde el principio Lonovio Destavez, él, y Encarnación de la Sección, ella. Y donde el modelo de lo que eres es el cachito de actualidad que ocupas en la frase, el modelo de frase es ocupar cuanto antes el primero. Pongamos, no esperar a que “esta pareja” y “ de novios” se casen en su lugar, para que se entrometa el “que pueden ver”, que es lo que corre prisa.  Pues que el poderse ver llegue incluso antes de consumarse lo visto es el modelo del reportero modelo y la sintaxis sin taxis, por exceso de conductores de la frase de alquiler, que nos gobiernan. Eso sí, modélicamente. Tan instántanea mente presente en el lugar del suceso, aun antes de que ocurra, que hasta cabría pensar si el lugar del suceso no será ella, que se lo lleva consigo por donde vaya. Si es que va a alguna parte, modélica sin duda.

 

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