BUEN TIEMPO

No se puede decir ellos sin añadir ellas, ni al tullido tullido sino heterocapacitado, ni negro al negro, ni llamarse Castrillo de Matajudíos porque protestan los castradores y las matas y hasta alguna judía. El lenguaje es muy importante porque crea conciencia, y al fin la conciencia de que el lenguaje crea conciencia, entre otras cosas, del lenguaje,  se abre paso en las conciencias. Al menos de palabra. Pero aún hay mucho por hacer, cómo no, en la misma dirección que es la buena, a saber, que alguien indique las direcciones y sentidos hasta en las palabras porque solitos nos perderíamos. Por ejemplo, ¿han oído ustedes alguna protesta por maltrato verbal, o discriminación, o como se llame esta semana a la majadería, por parte de esa etnia olvidada -¿dónde, dónde, adónde hay que viajar a cooperar, que me vacuno?- que lleva años teniendo que soportar frases sonrientes y estupendas como “este fin de semana por fin hará buen tiempo”, “ni una nube en toda la península, un tiempo espléndido”? ¡Es verdad, si en Levante no llueve hace año y medio!, ¡pobre gente, cómo va a llenar las piscinas para los turistas!, ¿y aún no hay ninguna oenegé de labriegos sin fronteras además de sin agua? Así que aún queda mucho por hacer en la misma dirección, sin duda la buena. Mientras tanto hoy, que al fin una tormenta ha venido a fastidiar al motor de la economía y de las piscinas, aprovecho para bajar medio en pelotas a la tierra del huerto y mirar cómo hace el amor con los cirros machos mientras bailoteo de alegría entre la palma rizada lo que me permite el lumbago de tanto romper terrones. Es un rito, para pedir más agua. Que inunde este hipersensible mundomunda hasta los bordes a ver si cría algo de mayor provecho, nenúfares al menos. Y si no pudiera ser, flores de loto.

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