CUIDADANOS:

  que por detrás vienen pujando fuerte. Y aquí del tiempo en estotra ribera algo ya parece que voy notando, amor, una leve sacudida. Pero me gustaría más. Quisiera que alguien me hiciera además mientras lo hiciera una declaración en toda regla de mandarme a la mierda al cumplir los treintaicinco, por redondear mesiánica la rima. Pero los hombres son todos iguales, no hablan mientras lo hacen de lo que hacen, aunque lo que hagan sobre todo sea hablar. Por eso le agradezco tanto a estotro de los Ribera o Rivera, viejo apellido que tantas posturas gráficas ha conocido, primo, que lo diga, y secundum, lo que dice. El nuevo imperativo político de hombres nuevos para tiempos de nuevo urgidos al parecer: ante todo, cuidadanos. Que por detrás alguien viene pujando fuerte.

Y a lo mejor no es errata y con ello dicen lo que se les parece en verdad. Que algo de nuevo apremia siempre parecidamente por la espalda del espejo es verdad incontestable al parecer. Que la historia se repita cual pepino, antinomia indecidible salvo en ese tópico, a falta de declaraciones del pepino en exclusiva desde el lugar más común. Que más de uno-una ciudadana- ano lo usen como tal, incuestionable. Cosas más viejas se han visto enfundarse en algo elástico y flamante por irse corriendo otra vez como alma que persiguiera remozada al tiempo para hacerlo suyo. Pero ya que no cabe meterlo como argumento lógico ad generum, el mejor argumento retórico ad generationem sobre la pepindad histórica lo acaba de dar uno de los Rivera, viejo apellido se escriba como se escriba. Pues nada más duro ni que más se venga durando que lo de subir al abuelo en brazos al monte y bajar aliviado para siempre, en lo que a pesares palpables se refiere.

Conque el gallinero de plumas ilustres se ha alborotado por el calado de la declaración del joven patrón, primo o segundo pero de ribera sin duda. ¿Qué va a ser lo siguiente, gasear a los nacidos antes del 2078? Y eso que eso aseguraría la innovación por adelantado y lo I+D+iota a perpetuidad. Pero pedirle cordura a alguien capaz de titularse director de La Razón es pedirle peras al del pepinar o indas al del olmo para rematar el pastel, o al abuelo. Pues el asunto de esta política nuevamente nueva no es que visiones del mundo, paradigmas o todo tipo de gafas virtuales se cambien en efecto casi siempre por fallecimiento de sus portadores y casi nunca por argumentos. La última edición de Ribera no hace sino afirmar a fondo hecho tan molesto como probado, aunque al modo hodierno: sin más contemplaciones que las suyas en 3D como trinitarias fueron las de sus abuelos. Pero el asunto tampoco es siquiera por qué y a quién molesta, que está tan claro como aquello. El asunto es el casi siempre y el casi nunca.

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¿Hay criterio para cambiar fidelidades afectivas? Y teniendo en cuenta que por criterio se ha venido entendiendo casi siempre (claro que antes del 78) un patrón expreso de orden lógico, ético o estético.

Lógico, en política, no cabe. Platón lo demostró rítmicamente con dieciseis toneladas de papiro no, sino de sal, picando como esclavo en Sicilia por haber tratado de convencer al vigente vencedor, o de vencer con él.

Ético, viene siendo un gran problema editorialmente hablando desde que los diccionarios del XIX lo hicieron sinónimo de práctico. En su forma académica, toda una caterva de ciencias sociales consisten en reducir todo afecto a hecho de afección. Y claro, una vez hecho y proceso es tan fácil procesarlo y replicarlo como cambiarlo, con un poco más de práctica, teniendo la formulación magistral. Para edulcorarlo o amargarlo y ponerle color de rosa o dolor de espinas. Que no es mala pasión vieja, sino técnica impasible ultramoderna, producir padeceres como pareceres resensibles antes que resentidos,  y afectos como efectos de alguna acción repracticable. Aunque tal viniera siendo el segundo oficio manual más viejo del mundo, pero dónde va a ir usted a comparar con la actualidad en el acto. Y con unos resultados que en España empezamos a vivir precisamente con el 78 y la invasión de los ultracuerpos colegiales, los psiquismos colectivos y las entidades colegidas pero capaces de hablar solas en primera persona, como la Historia que absolverá pero en postmoderno: datos que indican, situaciones que recomiendan, síntomas que anuncian y parámetros que señalan. Unos resultados de los que interesa el principal, a saber: que si desde esa fecha toda afección a un régimen de acción como de pasión habría surgido siempre de alguna vieja utilidad, luego de útilmente explicada desde luego por principio, no se viera ya por qué creer en tan útiles explicaciones ni guardarles fidelidad, sabiendo que afectaban interesarse por sus semejantes sólo por razón de utilidad (eso sí, pública).

Problema práctico que lleva de cabeza desde los años treinta a los criterios estéticos, a saber, no haber criterio sino arbitrios. Uno se propone y el gusto del público dispone, por ejemplos, si compra o no el calendario con modelo de vida o de palabra, de acción o de pasión, mejor o peor vestido que desnudo. Y la pregunta es de qué afección al régimen del 78 estamos hablando, ya que al parecer nuevo es ella lo viejo e inmutable que sólo puede arrumbarse a un lado por fallecimiento porque las fidelidades afectivas no se modifican. No hay sino ver la historia de la Transición encabezada por un fiel secretario afecto al Estado del Movimiento.

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¿Fidelidades afectivas o afectadas? Conque entramos en lo que pica. No hay amante fiel a la verdad que… perdón, la frase va mal. No hay amante fiel a la verdad. Que todo amor de verdad habrá sido tal desde luego desde un principio, es un principio: el de parecerse guapo hoy en el autorretrato privado de aquel entonces. Y como eso depende del modo en que hoy se diga autorretrato o selffish, al parecer de los demás, no hay modo fiel de saber cómo empezó la fidelidad a parecerse a sí misma. Sólo cómo habrá empezado. Desde luego por principio, por ejemplo ése de recobrar la memoria histórica a toda costa: como si no se hubiera cobrado ya, y con cruces.

Así es que lo de Rivera o Ribera, Primo sive Secundo, es consecuencia directa de tomarse un Cuéntame por lo contado, y de amar en tiempos de todos los tiempos revueltos como con huevos o sin ellos: lo que le salga al anónimo guionista de su parte como de parte de los contados. Y si me preguntaran a mí, que desde luego nací en el 56 pero no desde luego sino desde entonces; si me preguntaran si es preciso aniquilar a “toda esa gente” entre grabada y entrecomillada para empezar hoy una vida en común algo más sana, respondería que dónde hay que pulsar. Como si no lo supiera: en el mando que está donde siempre ha estado el mando, a distancia. Parapetado tras el anonimato de guiones fantasmales que un día cruzan el espejo como bestias, acarreando consecuencias de las secuencias arbitrariamente apareadas como ayeres y hoyes, sin oírte ahí en donde eres. Como en estas declaraciones de uno de los Ribera, viejo apellido de nueva generación: ésa que así declara lo ciego de su creencia en lo que ha visto con sus propios ojos prestados. En alguna otra ribera del presente sinfín.

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Así es que éste es el nuevo imperativo político, veos, cuidadanos, y cataos, que por detrás vienen pujando fuerte. ¿Y por delante? Uno esperaría de amor tan mítico por la amada Constitución del 78 una reacción como de Lanzarote, alguna erupción de vieja pasión renacida en armas. El solo problema es que ya entonces no hubo tal, sino utilidad y capitulaciones (matrimoniales). Y por eso con eso de quítate tú para ponerme yo, en lo mismo de los dos, tocamos la parte que más pica en esta especie de especie.

Pues ¿por qué se firman capitulaciones tales? Por asegurarse en parte cierta parte incierta, la de otro. Y eso que todo viejo ermitaño del 78 (d.C) ya habría dicho entonces: si queréis seguridad, no os turbéis más, masturbáos. Mas si os turbáis, turbáos solos.

Conque llegamos a la bendita figura maldita, la que tantas órdenes redentoristas propicia, la prostitución como institución de la restitución de Otro pero desechable y discrecional. La única institución política digna de lucir ese nombre sin pelos en la lengua. Aunque sólo fuera por la ya milenaria duración de sus brevedades contables, más la útil invención del colutorio postlocutorio. La que hoy se postula como solo imperativo político practicable, la alterofilia sin alternativa/nativo de carne y hueso, sino con teleprójimo ideal.

Pero de nada serviría citar autoridades venerables, desde Platón a Avicena pasando por las vírgenes de Istar para acabar en la Viena de Weininger. La comunidad de mujeres en el acto real amenaza con dejar en minúsculo ridículo los derechos de reproducción del amor platónico, y eso no hay obra de autor portente que pueda consentirlo. Ni la marca Yo, ni la marca España: ¿cómo iban a haber estado consintiendo otros sin haber Estado allí para consentir?

Porque son una marca, ¿no quedamos en eso? Un diseño, fruto de I+D+iota alguno. Una obra intencional, un práctico uso de pasiones padecidas, por aprovechar el tiempo pasado ya que, pasado, está. Porque reciclar es bueno, envases o transiciones o pobres adolescencias perdidas y halladas en el templo, vaya por Dios. Porque no hay nada como una buena pasión padecida para vivir de compensarla durante dos mil años. Si lo sabrá Dios, a saber, o sus valedores. Ah, y cuanto daño me le hemos hecho a la mi pobre naturaleza matria: me habrá que compensárnosla simbólicamente, claro. Y el negocio de la marca compensatoria está servido: lugar común para compensar ofrécese. No se lo piense: Compensatorios Punta de la Lengua, domicilio y hotel. Llámenos, y en el acto responderemos (con el manoslibres, claro, sin pactos ni ataduras). Somos la vanguardia y estamos siempre a punto. De consumar consumandos.

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Así es que también esta pobre generación habrá sido víctima: de rijosos vejestorios que sólo la querían para su provecho y alivio de necesidades (a la matria, se refieren, aunque subsidiariamente a ellos por ejemplo de la matria ejemplar). Y siendo así, o habiendo de haber sido así, también habrá que aprovechar lo padecido. Y seguir haciendo de la necesidad ajena virtud propia o viceversa según.

Pero la cuestión de viejos ermitaños es otra. Pues siendo así desde que hay constancia de siendoasíes, con este nuevo viejo cambiar de actor el hecho consumatorio que llaman Historia ¿alguien más gana, aparte del lecho consumando que seguirá sumando nuevos ansiosos de sumarse? ¿Será verdad que pensarse sin compensar ni querer ser recompensado se aboca a la locura muda? ¿Y eso como lo hemos llegado a saber? ¿Será verdad que dar por muerto al muerto Sócrates y por pérdida una voz no hay quien lo aguante, no todo el tiempo restante, sin ponerse a dialogar por dos y discurrir concursos ya tan perdidos por dados como dados por perdidos?

Pero nada, borrón y cuenta nueva. Tiempos nuevos, problemas nuevos: que no son los muertos, sino unos muertos, ni envejecer, sino unos viejos, ni el constituirse, sino una constitución. La del 69 perpetuo persiguiéndose ajena la cola propia. La de esta especie de especie instituída en la suposición de que todos, siempre, no están en lo que están sino en otra cosa, más allá o más luego. Instituyendo por real su perpetuo restituyendo o prostituyendo, lo intentando o lo añorando. Como casi Todo. Como casi Siempre. Donde el único problema es el casi.

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Como pongamos por caso casi toda ley sobre violencia de género valdría, menos una: el viejo código penal que ya trataba el desprecio de sexo como agravante. Y bastante más gravoso en la vieja práctica penal sin descuentos personalizandos que en la actual de ocasión, motivación, circunstancia e interpretación contextual. Sólo habría habido que cumplirlo. Pero el problema no era ése, o era cualquiera menos ése. Ni que en uno u otro nombre del común se castigue a un culpable de no haber respetado un nombre propio: no, el problema es el nombre. El apropiado.

O como valdría casi toda forma de decir productos cerealistícos elaborados menos una, pan. Al menos al publicista de lo ajeno. Como valdría casi cualquier nombre menos uno al publicista de sí mismo. Como casi cualquier marca valdría para Esto conviviendo menos una, España: a menos, claro, de reciclarse con las garantías debidas… a profesionales del reciclaje de viejos encantos y afectos para hombres nuevos.

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Así es que ¿alguien sabe mejor que alguien cuándo es hora de cambiar de nombres, no los artísticos ni afectados a algún efecto, sino los afectos? ¿Alguien puede presumir de presumir un criterio acerca de en quién fiar oyéndole decirlos? No.

Donde la irracional crencia en la técnica aconseja entonces disparar la oferta y que el gusto público escoja entre todos, menos uno. Y donde la sensata creencia en los afectos sentidos calla y espera a oírselos nacer entre los labios sin haberlos buscados. Viniendo como vienen, siempre desde atrás, por sorpresa y sin forzar. Sin ese nuevo viejo imperativo de cuidadanos.

Pero los poetas fueron expulsados por imperativo categorial de la República, por su bien y por delante, hace mucho. Conque lo dicho, cuidadanos: que por detrás vienen pujando fuerte hombres de nuevo nuevos.

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