GRANDES RATOS

Con los grandes retos que tiene España por delante, dice Rajoy, y los grandes rotos que tiene por detrás, aún tendremos digo yo para pasar grandes ratos por delante y por detrás. Y eso que ya llevamos por delante algún Rato mayúsculo que nos ha dado, con algún minúsculo anejo por detrás, una banca tan desprendida de este país como la que más. Y tan generosa como para dar por los cuatro costados cardinales lo que no está en los libros sino en libretas ni en el país sino en Interlaken, que es lo suyo, entre dos o más aguas menos el IVA. Y por más que esto de los retos grandes como rotos con que pasar ratos largos, enzarzados en zurcidos de un juego de palabras con las vidas y de letras de cambio con el tiempo, eso apenas haya cambiado con los tiempos y ya constara de sobra en los libros: pero en los otros, los desleídos, en virtud de la doble contabilidad tradicional de las letras patrias entre protestadas y desoídas. Que aun las más antiguas escrituras dan fe de que aquí, en materia de crédito, se trata sin distinción de pedir y que os den o dar que se os pedirá. Y de que así, entre grandes ratillos y retazos diminutos, se viene entreteniendo el ritito de aparentar entretejerse y rasgarse una historia un país tan generoso como desprendido. La que le corresponde por otra parte, por adelantado, dando de sí por la posteridad lo que no cabe ni imaginar y sin pedir nada a cambio, salvo el cambio de vez en cuando; rendida lo mismo por amor de voto que de dios, y gratuitamente que sin interés alguno, a cuatro patas de banco por un puñado de incienso y alabanzas o a cuatro bancos con una sola pata, pero ojo al parche, de palo.

Porque Rajoy dirá lo que diga o no, como siempre. Pero en cuestión de retos lo de tenerlos tan grandes por delante como el que más, aun con el culo al aire que es lo de menos, no viene de ahora y eso sí consta en los libros. Sino al menos desde los grandes rotos que nos deparó Morgan I, fundador de los bancos de arena modernos y los atracaderos de fortuna para fondos piratas según consta en los papeles de Panamá; aunque en la parte no pirateada por ahora en la actualidad periodística sino por entonces en la investigación histórica. Y aunque en verdad el reto tampoco fuera tan grande ni lograra tanto, sino trasladar de un istmo a otro con eficiencia inglesa las máximas morales mínimas de esta península desde que hay perineos. Por ejemplo: en la duda, entre por delante y por detrás, hasta la cocina o hasta dar con la virtud por medio. O por seguir dando ejemplo: nada mejor que entre dos aguas en ninguna buceando entretanto por los bolsillos del guardarropa. Que ahí, en Panamá o en Somport, es donde se abre la auténtica obra magna y perdurable del ingenio nacional, un canalillo por donde irse corriendo que da gusto y amor de paso entre semejantes semejantes. Donde aguas o personas mayores o menores pero no entre sí, sino ante alguna otra vara de medirse,  no se abran ni se vayan a dar unas a otras pero estén en ello, pero tú primero que a mí me da la risa: que es cuando interviene Morgan de improviso, para sintetizar, sacando lo mejor de todos de un solo golpe en un solo arcón. Lo pasado, lo presente, lo futuro y hasta los masocultos pensamientos de su Guión, que no aparece ni en los créditos, mientras unos u otros siguen mirando con añoranza de lo roto o ansia de afrontar el reto por delante hacia Eldorado o con el culo hacia Cartagena: la de Indias, la tunicia o aun la fenicia, con tal de hacer con la de enmedio y el entretanto la vista gorda como sus famosas berenjenas de desgarrar.

Y hablando de pasados por detrás, ¡qué grandes no los tendrá España! Retillos desperdigados en retazos, ratillos y ratillas de todo género, con algunos ratones mayúsculos pero sobre todo mucho ratero profesional del cautivar; que si algún rato nos roba, por ejemplo en la actualidad, es para ofrecernos como presente un gran reto y ayudarnos a pasarlo en cuanto se pueda lo mejor que quepa hasta donde quepa. Aunque el mayor, aun más que el roto, sigue sin aparecer entre  grandes rateros y pequeños retores en esos catálogos de aventuras en oferta: no remendar sino enmendar de una vez este rito inmemorial de zurcir un roto amargo con un buen rato para pasar el trago con salivilla, y ya que estamos, para quedarnos de paso. Y ya que en verdad estamos para quedarnos de paso de madera, pero ojo al candil, de Salzillo y policromado. Con retóricas figuras que hasta parecen dispuestas para echarse a temblar en cualquier momento, tan animadas como letras de cambio constante por los muchos faroles y pocas luces. Pero que, al parecer de muchos, bastan para configurar entre unos pocos pero de seguido y sin parar el rito nacional, que es pasar de todo pero enzarzado en una sola procesión y al resto que lo enzurzan otros.

Y por no ser menos ni más, diga lo que diga o no, ese reto tampoco lo mencionará jamás éste que rajó y rajó y rajó y jamás dijó: aunque siempre con gracejo proverbialmente hablando en el rellano de un lugar común sin poderse saber ni saber poderse para decidir si subiendo o bajando. Que en su caso es todo un reto, y el único que cabría tener o no por alguna parte u otra. El de un prexresidente en funciones exresidiendo en la sede de pregobierno, sin gobernar, pero considerando. Por ejemplo, sentado a la mesa con sus ministros, si hacer o deshacer los honores debidos a las remesas de promesas electorales no, que hombre sensato no emprende imposibles y nunca hubo en España, o sí, honra bastante para hacer honor a tantas buenas palabras o no; pero sí cómo hacérselo con más provecho y gusto a la santa virgen María, fecunda en madrinazgos oficiales, o a la dignidad del ducado de Palma en riesgo de verse mancillada o no, depende. O considerando si a veces tan sólo a veces el cantor zen tiene razón, y otras veces el canto en los dientes, y cuál vez será esta vez, si la de practicar el wu-wei o la de hacerse el que no lo practica. Y en general considerando si valdrá o no la pena no tomar en consideración o sí el asunto esencial, que se le considere lo bastante considerado o no en el coro nulipersonal de la Gran Madre europea, ésa fecundada en Turquía por un gran cornudo según su propio relato. Y que en verdad es quien preside su preresidencia en el poder, según consta para quien quiera ver desde aquella inolvidable primera foto en el balcón de Génova, patria aunque presunta de Colón y sus proverbiales huevos, cada uno de los cuales se sostiene solo sólo con ayuda.

Y exactamente así, con su ayuda inapreciable,  podríamos seguir un rato grande dando ejemplo tras ejemplo de cómo afrontar un gran reto como quien dice diciendo cómo pasar una crisis de palabra a sufrir de oído: a saber, practicando de nuevo como un solo hombre los grandes ritos que de todas formas tiene España o el único que tiene de todas las formas olvidado como un solo idioma. Digamos, consagrar cagarrutas diminutas por piedras miliarias de grandes rutas; pongamos, la Via Regia a la estulticia pero en culto, donde ya resulta literalmente adorable en figura. O hablar de majaderías, de oídas antes pero sordos al instante después de oidas en propia voz: donde hasta informes parecen palabras y no hay que mantener las formas porque ya se mantiene uno en una por antonomasia, yo por ejemplo y los demás semejantes,  cara a cara con la anonimasia del espejo. Que es ese gran reto de un continente por descubrir inmenso por delante y por detrás, insondablemente misterioso por superficial como una frase hecha añicos como lustros hablando en la luna sin sentir o en la boca sin sentido.

Aunque como reto pequeño para pasar un rato grande acaso hoy fuera de preferir la forma imperante de concurso nacional, a saber, pregunta sin comodín: ¿recuerda usted en estos momentos en cuál de estos momentos dejó de decirse en este idioma la palabra desafío, que viene de fe, para proferir exclusivamente la palabra reto, ya que de propósito ni hablamos?: a) con la retadora publicación por Darwin sobre el origen competitivo de todas las especies excepto el macho intelectual inglés, menos Russell Wallace b) con la muerte de Larra en duelo de amor sin retador, por balazo en el ideal autopropuesto c) con la invención del supositorio, todo un reto, por supuesto a propósito d) en cualquier momento inmemorial mediante afrenta grabada con tintes de olvido indeleble que, desde luego, habrá exigido un reto por respuesta desde un principio como el del dragón a San Jordi, por principios desde luego. Y la respuesta correcta es, como no podía ser de otra manera… ¡dé, eso es!: usted dé, pero fuerte y sin dejarlo, como no pueda ser de otra manera por sí solo, hasta que dé con quien le rete un rato o lo deje roto. Como un anuncio de caracteres por palabras o viceversa: reto vacante se ofrece para corretaje, razón aquí, no, seguro, pero en buscarla habrá estado el reto desde un principio desde luego. Y habrá pasado un buen rato hasta descubrirlo, y a usted mismo de paso haciéndolo correto en cualquier caso. Que es para descubrirse sin duda, y la pragmática versión anglosajona del amor al Prójimo.Cero grabada en las entrañas  propias de ninguno: el amordisco duro y puro volcado en cualquier  periférico semejante que se ponga a tiro, tan adosable como extraíble por conmutación.

Y que es lo bueno, igualitariamente hablando, de que la vida sea un reto y mear bocabajo también; y de que siendo ante un público que mira boquiabierto a tal superioridad no quepa ya articular palabra, a lo más borbotearla. O a lo mejor sí, que es donde debe de estar el reto de nuestro expreresidente. Porque si de desafío ya ni hablamos, que aun de lejos suena a fe, de entrar al trapo ni mugimos porque en Buffalo ya no hay toros y los grandes retos actuales son globales. O si todavía no, entonces será que el reto es plantearlos en globo, o meando en globo y mejor haciendo a la vez el pino, y las laderas y el río, y a poder ser aun el público congregado en el valle, y el valle y las aguas -mayores o menores por la perspectiva- con la ayuda impersonal de una impresora personal 4D. Que impresione personalmente lo mismo en pasado que en presente y futuro y aun los más ocultos pensamientos, que ni aparezcan. Y que a lo mejor debe de ser el gran reto a que Rajoy se refería, hacer creer a otro que se refiere por abrir la boca un gran rato; o que dada su palabra nos retaba a tomarla por una cualquiera, con significado, significante y referencia, pese a parecer tan insigne como insignificante. Pero con buenas referencias: por ejemplo, que con ella ya han pasado muchos grandes ratos, él por ejemplo con fortuna varios retos electorales o un rito electoral varias veces, y de paso, también el Rato. Aunque a lo peor debe ser el de tomar la palabra por significante en disputa aun sin retador, eso a que se refieren conversos en prosa desde siempre como Iglesias de todo tipo.

Así es que ni azar ni necesidad, ni historia ni naturaleza, de eso nada, ni pensar, ni categorías en que hacerlo, ni hablar. Sino pura y dura competencia aun sin petición ni apetencia de nadie, pero ya yo con cualquiera, asere. Que es a lo que vamos aquí, todos y de cabeza. A ese prototipo del hablar como reto errático en busca de retador y afortunado por encontrarlo desde luego por principio. Porque tal inversión de rentabilidad sin par en parejas corretables de corretabilidad variable encarna a perfección cómo nos va en este esperpento. Con los grandes Ratos y aun mayúsculos que tiene España ni pasados ni por pasar, sino pasando por delante de sus narices y por detrás haciéndole grandes rotos en el mísmísimo centro de la actualidad parlamentaria, política y económicamente hablando: que es decir ahorrando ideas sin recortar en gastos de palabra mientras siga sonando a perpetuidad la campana del primer asalto a la bolsa o la vida. Una que como no puede ser de otra manera va no siendo pero de ésta, ya que pasaba por allí, pero retando. Y que en una palabra, corretórica, claro, entre pequeños corretores y corrateros grandes es el solo reto que tenemos pasándonos por delante y por detrás. Será por pasar el rato. Pero a lo grande.

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