SEPALOSO

Un niño italiano ha inventado una palabra; y lo dice, porco Dio, el locutor del mismo telediario según el cual un índice económico “se redució”. Pero que un niño invente una palabra sin cobrar es noticia: el mundo sobrevive al i+d+iota a sueldo. Que al parecer de su maestra sea además hermosa como rosa petalosa para admirar, no, para mandarla a la prensa, eso también es noticia en cuanto aparece de pantalla en pantalla. No de flor en flor ni de boca en boca: ni la palabra que habla, ni para hablar, la palabra de que se hable es la notable. Pero que este parecer que nunca aparece en pantalla sea el que defina la actualidad de la lengua en el mundo como periódico, puntual espasmo, cada vez más breve en duración como en ausencia y en apariencia como desaparición, eso sí es lo notable que sigue sin ser noticia: que siga sin ser noticia la barbarie pueril de sus mayorales aun cuando el menor recental de la manada de las palabras se les planta delante y les mira como un niño a los ojos de un espejo en vano.

Ah, pero en italiano. Eso es otra cosa, otra lengua. No nos concierne en esta sección fija, fijo, pero fíjate, si hasta flor es masculino para empezar. Fin del razonamiento y a otra cosa, mariposa petalosa. No como el caloret faller, que también es masculino al parecer de una lengua pero también de otra, conque tampoco: que cerniéndose entre todas no nos concernirá ninguna, y listo. Sin que llegue a pregunta notanda, de noticia ni hablamos, cuándo entonces y en qué quién es una lengua tan propia como para darse por aludida en alumbramiento ajeno y por eludida a tientas en su administración desleal. Ya que hasta la fecha ninguna acusación popular ha imputado violencia de género a Lo Rito por el/la/lo caloret, pero menos aún malversación en prosa a los desaforados cronistas de sus otros desafueros. Será que algunos tienen fueros, o que otros no tienen huevos, o ambas ambos.        

            Y a quién le importará que una palabra nazca mariposa ya y capaz de alzar el vuelo de labio en labio sin pasar por gusano ni capullo alguno. Y a quién no le importa pasar por muerto tras muerto mientras la transición siga poniendo en los labios de qué comer.

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Porque sí, ha ocurrido en italiano pero también en Italia: conjunción no necesaria de que no todos podemos presumir -presuntamente-. Y menos cuando las Italias dejaron de existir oficialmente con il primo Garibaldi, pero las Españas están en ello con los segundos de Rivera. Y porque sí es conmovedor lo del capullín de humanidad italiana y el florecer de su verbo petaloso: pero no menos lo impasible del rictus sonriente porque sí con que el periodista literato comenta en passant, de país en país y de capital en capital idiomático, por qué tan impresionante suceso no quedará impresionado en el diccionario, sólo impresionando en pantalla: porque textualmente hablando como se habla en directo “en Italia no es una academia quien lo decide sino el uso”. Fin de la noticia y de lo notable, que así queda redondo como un huevo o un desafuero.

Pongamos los de Colón, entrambos. El primero, contraviniendo el fuero de los geógrafos con poner los suyos y aun solo uno sobre la mesa; el segundo, contra el de gramáticos y retóricos con empeñarse en seguir llamando Indias a un solo mundo y nuevo. Incluso tras hacerse patente -dónde iba a ser, en Italia-  que el mapa sí es el territorio a efectos de cambio nominal, y que en materia de letras la denominación de origen del continente vale más que el contenido original. Que así es como las Indias se han esfumado en el tiempo como las Españas del mapa, en aras de una unidad continental grande y libre a que resultan indiferentes los contenidos, consabidos o consentidos en una u otra lengua. O en una palabra, mientras le suenen a una como el caloret a otra, las dos a una a ninguna.

Será de nuevo el catolicismo inquisitivo venido a i+d+iotismo global. O antes será que se cumple el principio europeísta de Carlos, el de los patrocinadores largos. Ése que le permitió despachar la querella de las Alemanias y su derroche de protestas de austeridad al hablar con Dios zanjándolo en breve sentencia y sobria: a tal príncipe, tal religión. O a tal cliente tal anuncio, como quien dice a medida según se escucha. Aunque la zanja de zanjar resultara burbuja de especular infundada, por demasiado cimiento sin obra cumplida, y la transición pacífica, espejismo polifónico de sirenas y juego de palabras con campanillas e incienso. Conque al cabo el reglamentismo se impuso a la lengua de las mariposas petalosas, las Indias undosas y las varias Españas a más de numerosas. Y hubo Academias y Borbones, día primero de la Transición: de otra, que transigir es cosa por demás múltiple y petalosa. Y acostumbróse de entonces a esta parte en esta parte cambiar de creencias del todo transitando de una en otra figura por decreto de colegio singularmente sabio: no por gusto de libar mostrado entre más de un labio.

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Conque un niño de Italia ha encontrado en italiano una palabra desconocida. Gran noticia, para asombrar a un portugués. ¿Pero a un nativo?, si los niños en España desde antes de bebés ya saben no hablar inglés, ni español, ni les extraña. Un término nuevo y florido, sepaloso, que se entiende fácil aun siendo locutor en lengua ajena como ese español del noticiario, por un deseo pueril de asemejarse. En este caso, por asemejarse el despliegue de florituras nuevas cada temporada con alarde de pétalos en ciernes como hojas en prensa, que es decir en italiano petaloso,  a la discreta presencia por debajo de unos semejantes diminutos pero que les dan sustento y lugar a desplegarse, como niños a los adultos o palabras al suceso, desde que el hombre es hombre y el mundo mundo y que así sea noticia. Y a los que desde hace siglos, como ya todo el mundo sabe, se les sigue diciendo igual sépalo en una o en otra lengua.

Que por algo estamos en un noticiero, para que lo sepan. Y no en una alegoría de la figuración a la deriva o el significante vacío, o una fábula infantil con moraleja para que nos entendamos, no haberla. Pues como ustedes saben cualquiera sabe lo que quiere decir cuando dice sépalo usted como todo el mundo. Sin darse cuenta de que aquí, donde se trata de dar cuenta del mundo entero periódicamente hablando, lo que cuenta al hablar no es el saber que sabe, que ése no se cuenta,  ni para saber, que se da por descontado: sino el saber del que se sabe es la noticia. Sobre todo cuando no todo el mundo sabe como en Italia cómo se llega a que cualquiera sepa de una palabra que lo es y por qué medio, claro, vaya usted a saber: lo único que cuenta, porque le da sustento, en este petaloso despliegue informativo de explicaciones sobre las implicaciones en general de que una palabra singular sea noticia. Y no las particulares en que hoy sea noticia singular, en una palabra, ser palabra, en general consabida y entendida a la primera sin que nadie haya tenido que decir antes sépalo, al menos en italiano.

Por más que sean notables. Porque un niño nuevo se ha aplicado a desplegar su vieja lengua como una plica, y sin programa ni otras aplicaciones, en un alarde de innovación y desarrollo sin presupuestos ni i+d+iotez de ningún tipo, ha inventado un idiotismo singular particularmente idiomático por conforme a una idea general de su gramática, qué es ser adjetivo. Que es decir por un camino que se diría semejante, como quien dice sin más, a como dijo “redució” otra locutora asimismo en lengua extraña del mismo telediario. Hallazgo éste que sin embargo no ha llegado a noticia que haya que saber imperativamente (que yo sepa), ni sustentado como sepaloso ningún despliegue de hojas en ciernes como pétalos en prensa, que es decir sujetos todos de una misma forma genérica a cumplir y aun a reventar: pétalo. Por más que ésta sea hoy precisamente la forma emblemática del Hablar, tan imperativa de hecho como indicativa de imperium; que es decir ya de antiguo, a los italianos se lo van a decir, del derecho a seguir petando como quien dice cada vez que se abre la boca.

Porque cualquiera sabe cómo se inventa una palabra de niño, de memoria o de oídas en la red o en las nubes: váyase usted a saber, seguramente como cualquiera, fijándose atentamente en cómo hablen el prójimo noticiero o la prójima nueva. Pero llegar adonde cualquiera sabe cómo se hace saber lo que es hablar, y cómo llamar a lo que da lugar y sustento a su florido despliegue para que siempre acuda, eso ya es alcanzar un exclusivo ideal de palabra que incluye no sólo a cualquier oyente ideado por el camino, sino el camino para llevarse consigo adonde vaya su sustento. Y eso, sépalo el mundo entero que por algo estamos en un noticiero,  son altas miras que no están al alcance de cualquier caverna, sólo de alguna ilustrada con florituras periódicamente hablando. Porque en efecto aquí la exclusiva no está en que la palabra esté inclusive al alcance de niños italianos, que es decir de cualquiera que hable como quien dice: que eso no es noticia por lo menos desde que hay prensa y se le alcanza a todo el mundo sin demasiado pensar. Sino en que no esté a su alcance exclusivamente por vía exclusiva porque en Italia no es una academia quien redacta el uso, parece ser el uso de la redacción quien decide incluso lo que se dice textualmente hablando como en un noticiario. Fin de la noticia y lo notable, que así quede redonda como un huevo o un desafuero.

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Ah, y qué envidia. Porque sépalo todo el mundo a la redonda, sin duda en España es rotundamente noticia que en Italia el uso de que baste hacerse notar para ser noticia basta para que sea noticia un uso que se hace notar, por haber llegado, de algún modo, a ser noticia. Ah, y quien fuera italiano para poder recrearse al amor del vaticano en reinterpretar las protestas de libre interpretación, aplicadas no como protestantes a las buenas obras solas sino a las mejores óperas con acompañamiento. De palabra, se sobreentiende en ambos casos, ajena: que sin otro no hay obra verbal ni logos sin dialogós, porque Dios es un misterio que transporta de amor de Tú, y una amable audiencia transportable, el secreto para hablar de la vida como dios o vivir de hablar divinamente. Opera operante, more prodigioso operata, con sólo imaginarse como un niño cualquiera cómo un niño en italiano se imagina un oyente que le entienda para inventar su palabra, uno como él, y va y acierta.

Pero no, ni siquiera estamos en el segundo o tercer acto de habla de una ópera bufa por razones prágmáticas. Ni mucho menos en la ceremoniosa Viena del pariente de Corina por adelantado, o con posterioridad, en el Cambridge de un lenguaje protocolario neutralmente informativo desde luego por principio en cualquier momento dado, se sobrentiende, con anterioridad. Estamos en español y además made in Spain, donde todo lo anterior sigue sonando desde luego a pleonasmo por principio, conque del idioma ya ni hablamos. Para qué, si ante cualquier voz nueva con sentido hay acuerdo en que el acuerdo habrá de haber sido consentido, desde luego por principio, desde un principio del que no querer acordarse, a saber, querer no acordarse; y para qué si aquí ya sabemos todos que eso, lo único en que todos nos acordamos de no acordarnos nunca, siempre se lo podrá encontrar como principio en Cervantes, pasando acaso antes por San Jerónimo pero siempre a tiro de la Ballesta. Y porque sépalo todo el mundo pero floreos los justos, esto no es Italia y el sentido no es el uso sino la rueca de devanarse los sesos, los justos y ni uno más,  en congreso, concilio o academia nominando para palabra cualquier voz ordinaria doce meses al año y aparte las extraordinarias, nominalmente al menos.

Conque dejando al margen las connotaciones de intrusismo y agravio comparativo que el periodista jornalista pudiera estar connotando en uno u otro idioma, aunque sin compartir con nadie sus notas como siempre, la cuestión general dada a notar en su noticia al parecer local, aunque no aparezca, parece ser por qué camino se mande a una palabra y no a otra a tomar por tal en la red o por entrada en el diccionario, al uso usado a tomar por canon y al suceso sucedido a tomar por la actualidad de la gramática vulgarmente hablando. Y al pétalo de un día en la red a tomar por sépalo usted por ejemplo como obligado fundamento del hablar, como quien dice de una voz por todas. No claro y distinto, pero distinta, claro.

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Volvamos pues a nuestro caso distinto del italiano, que claro, no hace al caso. Pero por si acaso caso a caso se acaba notando cómo notar lo que habrá sido de notar que es decir notando, en todo caso, desde un principio desde luego notable en cualquier caso. Porque el caso es que el criterio de lo notable en esta noticia parece estar en cómo llegó a saberse que había algo que notar en el nuevo término sepaloso,  cómo se había demostrado apto para dar lugar a un despliegue de palabras por todos los medios, incluso textualmente hablando en un idioma extranjero en un noticiero nacional. Si mandó la maestra su palabra a Roma a hacerse notar por cualquier vía sin reparar en los medios, ya que todas llevan adonde todo se entreteje y se trama retuerto o retwitted entre una lengua y otra tan notablemente como cielo e infierno o la Roma del derecho y el Amor al revés -ajeno se sobreentiende- leído o voceado. O si fue exclusivamente por la misma Via Regia que utilizó Segismundo para imponer neologismos con un éxito bárbaro, dar a saber inexcusablemente al mundo la notable traducción de un barbarismo infante y no como cosa suya, sino del paciente aquejado de impaciencia por hacérselo notar.

Y por qué esta vez tampoco se permitió a la palabra ser paciente a su ritmo y a su modo desplegándose de labio en labio ni de flor en flor, sino de capullo en capullo impaciente y también esta vez con despliegue de medios acreditados, todos conformes, en fin, con ese imperativo hipotéticamente categórico tan obvio que ni se escucha en la lengua de las mariposas cazadas en la red: pétalo. O por qué una cosa hermosa por petalosa y capaz de desplegarse simplemente a solas ha de ser explicada en pliegos de los simples multiplicados por su hermosura. Aunque lo mismo podría preguntarse por qué ha de predicarse la palabra de un Dios que lo puede todo salvo predicarse solo, al parecer, a los bárbaros pareceres de los humanos todos menos alguno, que no parece por el sermón porque lo está redactando; por ayudar a la difusión de la palabra ajena a todos, se sobreentiende. O predicar transparencia en el Estado el Estado dando un ejemplo sin par tras otro  de corrupción bajo un secreto de sumario voceado a cada telediario. O predicarse por ejemplos varios en el diccionario el sentido de una palabra ya consentida como tal y no una sopa de letras, por ejemplo el de la palabra huso. Como si en el español hecho en España no se supiera hace siglos, por que no se diga, que al hilar un discurso consentido el sentido es el uso, claro, más un cierto silencio sin aspiraciones de hacerse notar que haya ido por delante.

Conque no siendo italianos al uso, ni teniendo al uso italiano por modelo, lo notable para todos parece estar para el periodista en la cuestión de quién lleve el hilo del uso a su rueca o su molino, y conforme a los cánones de estilo, adoptando como titular unas figuras lo más parcas posibles. Así es que debe de ser alguien a quien conmueva el inocente nacer de una palabra como un niño, pero impasible ni note su muerte violenta, de tan cercana. Y que goce de fuero para practicar por güevos la sola violencia de género imprescindible al parecer, el verbal; eso sí, sin olvidar nunca por el camino todos los pasados por las cunetas que sustentan sus florituras, ya que jamás llegó a conocerlos. Alguien para quien entretanto en fin no sea noticia en el medio -conque volvemos al principio inamovible- la palabra que habla ni para hablar, sino la palabra de que se hable sea la notable, desde luego, por principio.

Y la respuesta notable desde hoy es que el profesional de lo notando no dé respuesta ni criterio de lo que hay que notar digno de saber, sino una noticia por ejemplo de lo que es sepaloso. Por donde cabe notar, sépalo todo el mundo, cualquier rumor por rumoroso como germen petaloso, si de escuchas en ciernes o de audiencias en prensa es otra cuestión. A saber, cómo aprovecharse o no de una puerilidad siempre ajena reciclando una palabra sin derechos de autor para el autor de derechos y reveses que a todos nos conciernan porque se ciernan sobre todos, por igual inminentes o como quien dice en prensa, en palabras parcas de nacimiento por prolíficas de muerte, ocupadas como están en anticiparse audiencias mudas a su alrededor. Y es ese simple germen a perpetuidad multiplicando de tanto saber que hay qué saber y qué escuchar, de tanto sépalo pero mejor aquí, con tal despliegue que se garantiza un pujante o trending pétalo según, el que tal vez sí convendría hacer notar en el español castellano que lo sustenta y que le diera lugar bautizándolo como un hablar sepaloso en la lengua de las lenguas o la madre de todas ellas, una cualquiera. Para que su inexistencia fuera por una vez la noticia de las noticias, o su única hija. La única que al parecer no aparece por este despliegue en red tan florida en ciernes para cazar mariposas por la lengua.

 

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