Arroz con pollo

Lunes, arroz con pollo. Viejo matrimonio. Martes, pollo y arroz. Coexistencia pacífica, salsa de ilusión ninguna. Miércoles, pollo, arroz, coma loza mediante. Cada uno en su casa y dios en la de nadie. Jueves: pollo con arroz. Subversión de todos los valores, la historia de la gastronomía va a cambiar de rumbo, tú abajo y yo arriba, es el fin de la olla opresión. Viernes negro, noche cerrada hasta en las gasolineras: o arroz, o pollo. No queda gas para alimentar tanta pasión, se impone escoger y hasta aquí hemos llegado. Sábado santo, ayuno y abstinencia. Las manzanas de la sabiduría maduras, aún no pero están en ello, mezcladas con tanto membrillo que se ha ido por las ramas aburrido de su especie. Domingo de resurrección. Inesperado un amigo aparece, cargado con todo un país de sardanas en lata, me invita a comer fuera. Por desconectar, se comprende, de la desconexión. En que habito. Y el mundo de repente parece otro, y caras humanas entusiastas me rodean: hay paella, y tiene pollo.

 

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