AICEVER

Tomado textualmente de una reportera informando por vía oral –y contra su voluntad, supongo- de otros abusos en la televisión pública y en horario infantil a más no poder, el noticiero de las tres: “Pero esos casos de acoso parecen ser sólo la punta del aicever”. Así como suena. Aicever, lo que hay que oir. A la pobre reportera la han pillado en una esquina niuyorquina entre dos lenguas, y qué va a hacer una para contentar a todos sino hacer con la suya lo que pueda. Pero que aquí ha sido forzada por lo menos una a la vista de todos no admite dudas -eso queda para el horario de adultos, lo segundo me refiero-, aunque ahí por el momento sólo se rozaban aún las tres escasamente, o mal dadas traduciendo a la del país: la española, la inglesa, y la lengua de la reportera que aquí se ha hecho víctima -impersonalmente hablando- de violencia de algún género irreflexivo. Y hablando periodísticamente no hay duda de cuál.

Por más que no siendo uno del gremio cualquiera diría que son ganas de sacarle la punta a algo minúsculo, una nadería que no llega en el fondo a ninguna otra parte, y encima de una profesional a la que nadie va a enseñarle a estas alturas nada que no conozca de lo que se puede hacer con una lengua, no digamos entre dos, y menos con todo lo que tiene que ver con su profesión, hasta algún aicever, día tras día como quien dice de oficio. Y que este suceso peregrino como un témpano a la deriva nada significa en el fondo ni se le ve la punta por parte alguna; o sólo y en exclusiva a duras penas, pene quien pene salvo que el pene se refiera a otra persona y la exclusiva al periodista. Vamos, puras ganas de sacarle punta y meterse con otro en donde nadie llama antes de entrar en directo, dando a todo el mundo por saco en revoltijo donde meter y sacar cositas pintorescas de cosacos enormes o al revés; como quien dice como noticias de un género u otro mientras acabe en punta de la información de las tres en punto sobre la punta, presunta de hecho, de un aicever de hechos presuntos pero de verdad: auténticos hechos hechos por presumir en el fondo lo que no se ve, y lo que hay que ver, además a la vez que aparece en directo visto y no visto el aicever.

Conque va a resultar que al final de tanto hablar descabellado sí asoma como la puntilla suplente de algo gordo por debajo y pendiente, en exclusiva, de que alguien lo saque a relucir como titular. Pues queda meridianamente claro como en renglones paralelos, y de los mayúsculos, que en todo este asunto de género tan debatido sólo una cosa es clara. ¿Lo que le sobra a un huevo para ser yema, y la del otro a ser posible?   ¿Lo que falta a la verdad de un todo a medias para ser una verdad a medias del todo? No, sino que aquí hay indudablemente violencia de género por lo menos en un punto: aquí. Repasen, repasen lo yusodicho y verán cómo asoma presumido algo tan gordo como un no sé qué decir, como la instauración de un reino de mil años de afasia pero letrada, por lo menos. O como diría un periodista con don de lenguas enfundado en la suya, aquí por lo menos una ha sido forzada y en un punto por lo menos hay indudablemente violencia de género: que es un consuelo, en un mundo tan complicado por sí mismo y lleno de todo género de dudas, pero sobre todo de género, aún sin despachar. Y que eso es lo importante, ya lo decía mi tía Felipa, tener salud, mientras se despachaba a gusto sobre su marido que estaba en la gloria, por lo menos.

&

Porque ajustemos cuentas, ante todo, eso de empezar por donde siempre empieza este género de violencia hoy omnipresente periodísticamente hablando, que es decir ofendiendo de palabra con lo de pobre y pillada en directo en una esquina. Pues qué se puede pretender con decirlo más que eso ante todo, más que humillarla en público y de hecho con engaño, con lo que cobra una reportera. Y luego que escoger una reportera no reportero para ilustrar un caso de género cualquiera, eso sí que ya no puede ser coincidencia, con lo que cobran los reporteros no reporteras y con lo que a la vez pagan por hacerlo en directo, justo eso mismo, a las reporteras no reporteros, que además suelen venir a montar ordinariamente, a bote pronto, lo mismo en unos que en otras sin distinción en ambos casos. Y eso sí que no puede ser, convengo, casualidad de verdad ni por casualidad, ni siendo verdad y además grabada. Sino la punta fría de un aicever, mi desprecio del sexo con alevosía, ciertamente tan profundo como un artículo de opinión o de fondo a la derecha o a la izquierda del redactor jefe tirando de la cadena entera él solito. Pero en mi caso con premeditación, pensando lo que se dice infinitamente antes de establecer apresuradamente conexión alguna; y si me apuran, hasta con enseñamiento, por corregir errores de reproducción en el acto o incluso antes y no meterla hasta el fondo: o sea por no joder pero por joder, o viceversa que es decir q.e.d. en todo caso, a quien no quería en el fondo más que eso, la punta de algo gordo que un don Blas le ofreciera y nada más escondido por detrás. Y menos mal que de la nocturnidad, siendo el telediario de mediodía, me exime el mismo ente omnipresente que decidió traer al mundo de la actualidad al periodista que venía al caso, la televisión pública, sin hacer de su sexo más caso que el omiso, y lo hizo hembra, y vió todo dios ser bueno y en beneficio de lo que se debe, según consta en los libros mayores y menores de todo género pero sobre todo de contabilidad.

Y vale que de hecho era una reportera no reportero, grabado está. Pero tratándose de periodismo de hechos cualquiera sabe qué vale un hecho sin conexión. Aislado como un témpano en un mar de saliva, incluso atestado de sobras por otros semejantes con que coincide en más de un caso y siempre todos en conexión directa, tratándose de periodistas un hecho aislado nunca significa nada de suyo, sino gracias a otros ya significados por los que se establece la conexión. Que si se trata de ver a primeros ministros o reinas de Inglaterra o de Islandia, con otros redactores jefes del mundo, pasándolas como los ángeles negras y sin sexo en directo, entonces penetrar hasta el fondo en el asunto significa sacar la punta a relucir de lo que es la sensación escalofriante del momento -y lo que hay que ver, un aicever en paraísos tropicales-: a saber, que en el fondo cualquier fondo es una punta y por lógica eso prueba que hay alguna inversión sospechosa. Aunque sin sacarle más punta de momento porque así dura más y cuanto más dura en el fondo mejor. Y porque no vaya a resultar luego que el interés de esa impresionante inversión de papeles en el paraíso era fruslería, y Satán un viborezno aficionado, ante el descubrimiento de otra en el paraíso de los papeles menos impresa pero con interés aun mayor: que invertir en inversiones de punta en fondos de primera línea o de fondos en punta del periodismo de hechos, tanto monta, es de hecho el fondo del asunto de meter y sacar fondos de puntas o puntas a fondo como en cualquier penclab.

O tampoco, y mejor aún, quizás tan sólo sea la punta de un nuevo aicever y esta vez entre esquimales profesionales a punto para el destape, como quien dice en prensa; seguramente a eso del boletín de las doce en horario adulto que ya refresca, salvo la memoria, y ayuda a bajar el calentón cuando se ve que se pierden los papeles en paraíso ajeno para encontrar lo propio, que era impropio; y que por eso se escondía en ciertas partes privadas hasta de cobertura, pero que con destaparlo para cubrirlo a fondo ya se está poniendo remedio, de punta a punta del mundo, porque se está haciendo público.

&

            Pero me he desviado del asunto o se me ha torcido el mío de un golpe con la emoción, es lo que tiene entrar a fondo en directo como un reportero de género cualquiera: como quien dice donde menos se piensa, uno se mete en lo de la lengua a tope y le sale algo más gordo por cualquier parte. Conque la punta del aicever nada más, señor don Blas. Que mientras no entre del todo no habrá problema por penetrar, ni misterio por destapar que se resista, ni será pecado si entretanto por no quedarse a dos velas se pone una a Dios y la otra al pairo entre dos lenguas, o de tierra o de guoder, hasta que pase la del aicever congelada en su derrota o se derrita y aquí no ha pasado nada. O nada más que la punta de la suya a la deriva ni por tierra ni por agua, que es decir más o menos a la altura del fango en que chapurrear con o sin palmaditas pero que salpique. O nada menos, y si es que no te ahogas antes que se persigna un cura loco por llegar a lo de las hostias o una cuerda luterana a lo del género en que ahorcarse, te encontrarás con el aicever arrastrándote evangélico en el mainestrín de las buenas nius a la una, a las dos y a las tres, hasta algún océano pacífico o indicativo de términos insondables que te rodean a mares como un rumor de oraciones, qué digo, párrafos a raudales que te penetran y te hacen vibrar por todas partes, y consoladores, un montón; incluso manuales ya anticuados a pilas, a resmas, a bibliotecas casi enteras de libros de oraciones y breviarios de estilo fluido desde el Kempis al Manejenpis, o de manejo más corriente y somachamore modernos, conectados como frases en serie o en baterías por escailaines y esquinas de mesillas y estanterías, ideales para romper a fondo el ais desde una punta o la otra, o lo que ya es de beriberi último grito de la fachionfiba o las tercianas, consoladores jalfaullidos y viceguordes alimentados por acoplamiento de impulsos o un impulso de acoplamiento de continuo discreto, cuasicuántico a saltos o dizquerránico a boises, empoderándose de una lengua o sacudiéndosela en otra de toda vergüenza anticuada, como cualquier frontera en el fondo a estas alturas de un filin oceánico de comunión guorloguaid o ecuménicamente hablando como quien dice en una nube global, consola consolatorum y todo consolador, conmovido todo el mundo por una misma corriente de aire o de agua en el fondo o de una punta a la otra de otra lengua carismática o de una con don preservativo de todas en ninguna por derecho o al revés, que da lo mismo en el fondo donde por lo visto lo nunca visto, y lo que hay que ver, es lo que forma visto y no visto el aicever.

Y lo que hay que oir, que eso es lo que hay. Y nada más o nada menos, que igualmente te verás antes o después que se persigne un cura loco pero poco o al revés, una cuerda luterana se ahorque en algún género de rama de la psicología profunda o la antropología de punta, muerto de sed con el aicever entre los labios arrastrándote entre una y otra lengua de agua o de tierra sin tocar fondo en ninguna, por una corriente continua de alterne sin alternativa que por igual podría ser lo mismo la tan conocida del golfo que las no menos corrientes de otros y otras ni más ni menos conocidos golfos o golfas, sino por igual, hasta que delirando a la par creas porque es absurdo oir como tertuliano un rumor que rompe a hablar en una que se divisa entre el fango y la espuma indivisa lengua de arena, que se adivina en el fondo de todo género imposible como una península aislada o una isla peninfular ni por sin istmo ni por con istmo, con cinismo o sin coñismo, aunque dependiendo siempre de la corriente podría ser lo mismo o no esa lengua desconocida por igual la florida de los mil capullos que la californicia de las once mil vírgenes sin seso, oral o escrito al viento o en el agua pero a la par como quien dice a la misma altura del fango vital de todo punto y coma, mientras coma, para la almeja vulgar junta pero no revuelta sino pareja con el almejillón peludo, el almamón de roca y la almilla de cántaro a raudales, a oleadas, a síncronos meneos conmovidos todos y todas hasta el fondo en un mismo rumor de punta a punta de su lengua de tierra muda, o de agua cantarina, o de espuma y fango según, por la aparición parlante a la par por detrás o por delante de otras criaturas ni más ni menos nativas alternativamente de una que de otra, y además a la vez, de un género tan ignorado hasta la fecha antropoginecológicamente hablando, con tacto aunque sin contacto, como sexigeneralmente actuando por contacto pero sin tacto, sintáctico aun sin táctica y permutable de continuo a discreción de una punta a otra hasta el fondo de ésa que se adivina lengua rumorosa, en que donde menos se piensa sin embargo te saldrán a recibir o te entrarán sin rebozo con ramilletes de frases escogidas de todo género, ya floridas como capullos aún no, ya desfloradas como californicias vírgenes aún, en una palabra, por desdicha o por dicha tan conmovidas como sacudidos, pero a la par, por una misma corriente alternativa, pero de continuo, de alterne, pero tan discreto, que te creerás a punto de ahogarte de la emoción o la asfixia o desbordarte, ya sin palabras o con sinpalabras aún de género ninguno consintáctico o sin contáctico, y orgasmearte encima sin ningún género de sexo boquiabierto o al revés, viéndote en el fondo en la punta de la lengua o de la ola o del adiós hasta nunca o desde siempre con lo que hay que decir, y lo que hay que ver, listo y a punto por igual para ser lo mismo desflorado que descapullar asomando entre los labios en principio en cualquier momento por fin, sí, pero no: antes de que entreabras labios algunos mayores o menores o después a la par te habrán despellejado como deglutido por igual a la vista de todos y todas en esa lengua de arena unas agudas aletas nasales que ya se lo olían todo desde un principio desde luego, sufrirás sin comparación de ningún género algo peor que la muerte, y ni guerra ni hambre ni peste, ni sido ni sida te contraerás a ti mismo de la misma o lo mismo al revés y desaparecerás con las mismas mascullando entre dientes voraces de rapaces o feminaces, locales o globales pero a la par tan cordiales como tenaces, de las especies más diferentes todas pero por igual liberadas como se ve, al menos de palabra, de desinencias de cualquier género enclíticas como colgantes, las mismas que lo mismo por tierra mar o aire en avezadas bandadas de frases consumadas se siguen avecinando, armadas enteras con agudas terminaciones de ningún género entre los dientes y lo que hay que ver, algo en el fondo aún pendiente de punta a punta, y que no falte, de ellas.

&

Eso, si es que no se logra desembarcar del aicever con escalofríos por adelantado en un país único en su género que hace mucho decidió no decidir, o sí según, y escoger por seña de identidad no ser ni jugársela a una carta sino poner guan cirio a God y anoderuán a Cojuelo. Y tan de ensueño que siempre hay, de sobras, no qué ver sino que no ver: porque por lo visto se ve que no se ve lo mucho que está por ver de lo que hay para no ver, conque visto y no visto de repente todo junto aparece un aicever. Que debe de ser por lo que se ve, o no, aquella famosa balsa a la deriva como para quedarse de piedra sólo que en posmodernos cubitos adosados, clic-clac, en un joliamén o un santifakiu como en un solo guión publicitario, invisible por lo que se ve, se sueldan en un pispás huesitos de calabaza por Todoslosjalogüines o cabezas de jitpareis con de songo fapareo del chorlito, macho o hembra, machihembrados oltosgeder en un anuncio único por lo visto de lo nunca visto, ni desde la punta de un aicever. Un país asombrosoful, para recorrerlo a fondo de punta a punta y de paso hablar de él y no parar. Por no hablar, pongamos, de cómo se aprovechan mejor en oferta dos por uno sus vacaciones de semana blanca por santa o santa por demudada como una sábana, veinticuatro horas al día de estación en estación de esquí como de penitencia poniendo una vela al paso del granpagüer y otra al del esnoubote, y las dos de paso al viento que mejor sople. O mejor que mejor aún, en oferta de dos dosporunos por uno o por otro según, corriendo en cuatro por cuatro a aprovecharlas para comprar con retraso por adelantado algún billete de vuelta a casa por navidad pero sin vuelta, o con recargo, y salir a escape de un mágico país de ensueño que entre las nieves santas o las sábanas blancas parecerá otro aunque en el fondo sea el mismo de punta a punta, sólo que además encantado por lo que se ve y por lo visto por duplicado, volando como en un cuento o una cuenta en clase A o en B en un trineo híbrido de camellos cornudos y renos jorobados a recibir fodermagos el día de los reyes noeles, y a todo esto sin haberse tenido ni que mover de casa suizcasa a suiza dulcejome ni que quedarse, ni tan siquiera en Andorra que está más cerca. Y además, que así no se pierde uno nozin, ni las velas del gran pagüer ni los cirios del litel sanicolás, eso está visto.

Más preocupante resulta acaso lo que hay que no ver, contenido bajo ese aicever, en materia de continentes a la deriva. Sobre todo si los contenidos son formas esqueléticas como huesitos de santo, palabras aisladas como témpanos que se fracturan y sueldan en un santiamén a ritmo de marchinín – que eso a toda lengua le llega como a cualquier cerdo-, pero los continentes son de género gramatical por oposición y se derriten por pura afición perdiendo el seso por sus dos polos a la vez entre un casquete y otro, que es toda una eternidad donde cabe un mundo y lo que hay que ver, alcanzando en el fondo ninguno. Y lo que no habrá que ver aún en boca de periodista, ni nunca. Aunque haberlos haylos, por algo están acreditados en el uso de la lengua de punta a punta. Y no ver, también, en el fondo ni más ni menos acreditado. Aunque para verlo sin ir más lejos ni pasar de la punta basta el puntual noticiero de las tres en punto. Donde aparece de improviso lo nunca visto, y lo que hay que ver, visto y no visto un aicever. Entre los labios de una reportera en punta de la información que en el fondo tiene lo que hay que tener, y qué cosas hay que ver en la actualidad, perfectamente redactado para las tres en punto nada más que en la punta de la lengua, nada más; pero se arregla enseguida, en cuanto entra en directo, y aunque la haya metido bien metida aquí en el fondo no ha pasado nada, o visto y no visto que visto lo visto es por igual lo mismo. Si acaso un suceso peregrino, como un témpano a la deriva, que glosa estrepitoso y furibundo un cretino, yo, dando a entender nada. O nada más la puntita de un aicever, por lo menos.

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu email nunca será compartido con nadie.Los campos obligatorios están marcados con *