PRONÓSTICO DEL TIEMPO

Viendo el mapa de España con tantos nubarrones por todas partes, y que a Cataluña incluso la parte un rayo, se me ocurre que tal vez fuera mejor con un tiempo así llamar a quienes lo anuncian todos los días varias veces paragüistas. Y no sólo porque gracias a su previsión nunca se mojarán del todo, sino porque con sus nuevos modos didácticos de pronosticar, ilustrándolo todo a chorro pasado, está claro como la que está cayendo que a más fotos de ríos revueltos más ganancia de espectadores, por lo que pudiera venir.

Pero sobre todo porque a lo peor resulta un día claro, cuando escampe, que ése era el secreto de la nueva atmósfera política con sus corrientes y sus inclemencias: llamar al mal tiempo tiempo adverso como lo hace cualquier hombre del tiempo nuevo. Porque al acostumbrarnos a hablar así podemos como ciudadanos, sin darnos cuenta alguna de lo que decimos, llamar ya al adversario malo como lo más natural del mundo que ni se advierte, la que está cayendo. Y no escucharlo encima como quien oye llover a cántaros, sobre todo, sobre todo cuando es obvio para todos incluídos canalones y conejos que los cántaros caen porque están siendo advertidos sobre nosotros de intento y contra nosotros porque son malos, y que son malos porque nos están siendo adversos, encima.

            Y porque después de todo resultará que el ojo del huracán era antes de nada, como siempre, ese sitio tranquilo en que nadie escuchaba nada raro. Ni aun cuando se le advertía a tiempo, ni una vez ya adverso, encima. Conque esto es todo y les dejamos con el deporte nacional, que tengan un buen día sin adverso.

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