Condescendencia

CONDESCENDENCIA:  Sust. fem., culto: Dícese de la tolerancia entre huérfanos. Una tradición coral recogida por Corominero hace descender la palabra de un pleito habido por la herencia del condado de Leemos, a causa de un error en el texto testamentario. Comoquiera que las partes finalmente se avinieran por sentencia regia a partir el mayorazgo y escindir el condado, tal conde-escendencia sentó precedente y quedó registrado en las partidas; desgraciadamente, la partida correspondiente se había perdido ya en tiempos de Corominero, quien se limita a recoger la versión como mera conjetura.

Más segura parece la interpretación generalmente aceptada, que hace leyenda de la anterior y provenir la palabra de “condes”, más la habitual “tendencia”; habiendo designado entonces, originariamente, la frecuente tendencia humana al ennoblecimiento infundado del propio linaje, especialmente notoria en países con nombre (al respecto, compárese “(H)erzenhang” en Th.Müntzer con “comtendre” en F.Rabelais).

Por obvias razones genéticas, la etimología con “tendencia” ha recibido particular atención entre autores con atendencia neokantiana, en Filosofía, y con intendencia freudiana en diversas disciplinas ginecológicas. En el primer caso, a título de expresión condensada del imperativo categórico; en el segundo, de la contendencia universal por lograr el parricidio. Por ilustrar usos de un tercer género ambiguo, mencionemos al epistemólogo japonés Anno Gai, quien indagando en la reproducción cultural de la Aritmética señala que  “la invención del cero es condescendiente traslado a la abstracción del postulado de orfandad universal, único denominador común concebible para todo número generado por una operación imaginaria”; y lo hace coetáneo del fin del matriarcado neolítico, comienzo a su vez de la idea de justicia como cálculo –inicialmente renal, cuando en el cálculo se marcaba el cero con una piedra diferente por orinada-. “Condescendencia” designa entonces el axioma de conmutabilidad resultante de la eliminación igualitaria, para todo elemento, de un origen noble y compartido, representada aritméticamente por el cero y míticamente por el asesinato del padre en la horda primigenia freudiana.

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Alegrías analíticas aparte, particular mención merece la variante defendida en la hermenáutica cristiana, que ha dedicado cierto interés a esta timología, si bien marcado siempre por miras polémicas; en particular, frente al evolucionismo de finales del XIX. Conforme al texto sagrado, se hace descender el término de “con” y “descendencia”; así, J.Maritain y H.Bergson entre otros (vid. “L’évolution mére et actrice” a lo largo de la introducción) recogen una antigua expresión de Gregorio Niteta, acuñada durante la polémica con los monofisitas: “monodescendencia”, que emplean para contraponer la fraternidad cristiana, entre descendientes de una única nobleza común, a la “condescendencia” de las éticas cientifistas, reducidas en su opinión a un psicologismo darvinista que carga el fundamento de la condición de “persona” -y por ende de ética y derecho- sobre la similaridad presente de los descendientes, con indiferencia de qué sea aquello pasado en que se asemejen; esto es, sobre el “con-”, y no sobre el valor sin par del ascendiente común, el “mono-ascendiente” de la teología cristiana.

El uso contextual del término “condescendencia” aparece así en España hasta fechas recientes marcado por esa connotación polémica, que explica en parte la tendencia actual de los hablantes a preferir sinónimos como “tolerancia” u “oenegancia” para aludir a la cuestión de fundamento y legitimación del buen trato, no así del malo (vid. “intoledancia”).

 Desde el punto de vista del timólogo, la cuestión se reduce a un caso corriente de alófono sordo (vid. “oreja de mercader”, “algarabía”). Que una letra de otro sea otro sonido más para uno es sobradamente frecuente; que unos oigan “te” donde otros dicen “de”, cosa harto conocida. Así, entre “destender” y “descender”,  o “condescender” y “con(des)tender”, no hay mayor diferencia que la cantidad de aire que se deje escapar; es decir, la cuestión se reduce al grado de desaliento, diverso de unos hablantes a otros en función de factores sociales, históricos, vecinales o familiares, o incluso odontológicos.  Sin embargo, es éste otro de los casos en que se comprueba la perniciosa influencia de polémicas ideológicas sobe cuestiones estrictamente timológicas, razón por la que hemos condescendido a incluirla en esta antología a título de ejemplo.

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