Anonadado

ANONADADO: adj., part.pas., culter; de “ano nadado”, por apócope o experiencia. Dícese del resultado del mucho vivir sin guardar la ropa. Es afín a expresiones como “echarse a la espalda” o “culo pelado (tener el)”; sobre todo, en ser trasposición espacial al dentro del cuerpo humano, si a tal llegare, del tiempo, extensión del alma humana, si lo fuera, fuera. Figura pues “anonadado” por avezado (vid.), curtido, baqueteado, con mucho caminado o bogado a las espaldas, pero marcando especialmente el resultado y no tanto el proceso.

Es término particularmente abordado por filósofos del siglo XX con ánimo de penetración en el sentido de la existencia, mayormente ajena, siendo el anonadamiento propio invisible por definición ontológica, o anatomía del ser. Estériles en su mayoría como cabía esperar, tales vías de profundización en lo escatológico y los paraqués del ser en el tiempo, aquí traspuestos en pordóndes espaciales, han dejado no obstante algunos hitos o mojones persistentes en el incesante anonadamiento de la lengua. Así por ejemplo, el dicho de buzos “a no nadado, chitón y morro cerrado”, significando que no hable de algo quien no lo ha pasado, ni nadado. Expresión de que está documentado proceder directamente de las lecturas filósoficas en profundidad, muy en boga durante las travesías previas a la inmersión, entre los operarios de prospecciones petrolíferas submarinas en los años setenta y ochenta del siglo XX; en este caso, extraída fundamentalmente del naufragio de la obra de Martín Pescador y del Atracatus practicus-portuarius de Luigi Petraperdoni, “de lo que usted no puede hablar, tiene usted que callarse”).

Este ejemplo habrá tenido de siempre la virtud, en cuanto lo señalemos, de señalar un problema de fondos de la hermenáutica, es a saber: que a saber de dónde proviene un silencio ajeno, pongamos de la mar abisal, antecede saber si procede (en cuyo caso sí procedería hacer relación de cómo llegó hasta ahí en donde está, Da-sein), o bien está sin más, y ya es bastante, que es decir sin rebabas de tiempo ni espacio sobrante: en cuyo caso no hay modo de saber si un callar calla algo o está, intransitivamente callado, limándose las uñas. Si calla (por ejemplo “el piélago de la Nada”) o está, en callado silencio; esto es, si su silencio  transita o no a parte alguna. Y como en términos acuáticos la forma común de tránsito es nadar, que no hay modo de saber si tal silencio nada a Nada o nada a nonadas, que es decir a seres, como conchitas, perlas o boquerones.

En este fluido contexto, así pues, “a no nadado, chitón y morro cerrado” puede interpretarse como “a negación trabajada y consumada” -que es decir el famoso trabajo del Concepto García, recortarse alguien en el fondo silencioso una figura a base de brazada y boqueada-, “chitón y morro cerrado”, esto es: “y no hay más que hablar”, dado que el oxígeno del tiempo está contado y se acaba. Que quiere decir en fin, o está en tránsito a decirlo: no confundir, sólo porque calla, nadar anonadado con ser “a no nadado”, a habladurías de lo ignorado o ignadado, sin parar y salpicando, mientras se guarda la ropa en la cubierta, o más concretamente, en la contratapa, donde figuran reservados todos los derechos del autor sobre la espuma y burbujas adyacentes.

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