Marinería

Sardina duerme con calima y Marina con oxígeno.

Vivir es difuso y opaco en estos días y la anciana

ha negado el consuelo de mi canción impertinente.

No veo el mar pero lo huelo, y temo no llegar a verlo antes de irme:

Veinte días de esquinas amarillas…

las ha bordado la fe sobre un manto negro y liso

al que apenas abriga un volcánico olvido;

mi paisaje es lisura mineral, hambrienta.

 

Marina no lee pero conoce el paso de las horas en su reloj de pared,

y espera, ella espera…

Gime la anciana-niña analfabeta entre cariños y antojos:

¡Niña-ay, niña-diosmío! Y besa la virgen dorada que roza

la vibrante tecnología de su pecho.

Una anciana marinera reposa su dolor en las sábanas tendidas por sus hijas:

¡No te vayas Yaya que me muero…no quiero dormir sola por si muero!

La vida se ha escurrido entre potajes y partos

y un silencioso Antonio molinero.

Ya no hay mimo que consuele a la anciana Marina desgastada.

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu email nunca será compartido con nadie.Los campos obligatorios están marcados con *