I+D+IOTA

I + D + Iota: abreviatura usada desde tiempos inmemoriados pero proféticos (vid.Luciano, sueño de) para el arte de anticipar gratuitamente futuros con que saldar pasados sin pagar las deudas; ante todo, a la palabra “invento” (vid. convento, el invento del). No interesa aquí el aspecto lógico, éstetico y moral del caso – es decir el caso-, ya que no es visible bajo ningún aspecto; sino el ortográfico, que es decir en qué figura encuentra uno alguna idea nueva o se le aparece una idea a alguno nuevo. Nótese no obstante su conexión con aquellos problemas, que no voy a mencionar lógicamente siendo sensiblemente patente. Pues suponer que el arte de la innovación (vid. ars inveniendi, retórica) no consista en ver alguien algo nuevo, sino en ver alguien nuevo lo de siempre, podrá ser discusión, mas novedad nunca. Discusión que seguramente se resuelve en usar la ortografía correcta para decir que tal arte consiste en observar, nueva  mente, lo mismo. Tal es el papel de cuerpos y caracteres en resumidas cuentas que se alcanza patentemente el alcance lógico de una errata en tal abreviatura, siendo abreviación del arte de abreviar el curso de las cosas en el discurso que las ordena (vid. de espacio, vísteme de): pues con las prisas puede confundirse el darse cuenta con el dar cuenta de ellas.

            Así, al mencionar a esa letra postrera de la abreviatura definitiva de la última palabra por el momento, seguramente sea esa prisa por pensar en la incertidumbre para escribir con certeza la que esté detrás del uso de una i latina por una iota griega. O lo que es igual, el querer postanticiparse el curso de los acontecimientos donde los latinos están, como se sabe, más después y más desarrollo alante que los griegos. Ya le pasó a Yesé o Yesuá, el Xristós: que con las prisas por alcanzar la salvación en su nombre y el fin de los tiempos en espacio global –el imperium o dispositio universal- se vió definitivamente abreviado ni en hebreo ni en griego, sino en latín. Lo que no dejó de ser un verdadero I.N.R.I., ni aun cuando los castellanos en su errática ortografía mesetaria quisieron devolver sin querer a Yesú su aramea voz original. Y por I.N.R.I. y no por Y.N.R.I. se quedó, salvo quizás en algún viejo óleo de algún podrido retablo en alguna perdida aldea, necesitada urgentemente de investigación, desarrollo e innovación.

            Conque en el otro extremo de esa larga historia abreviada en cuatro letras ocurre hoy lo mismo: que el esfuerzo por abreviar no conoce límites, y se prolonga, y se dilata, indefinidamente, casi como la Historia. Algo que podría parecer, por resumir en una sola palabra, idiota. Pero las apariencias engañan, primera máxima del investigador, con tal que sean ajenas. No así la de esa Iota final, trasvestida en qué va a ser: en lo primero es lo primero y en el Uno romano, que con los cambios de vestuario del imperio ha venido hoy a oficiar… de Yo anglosajón, eso que aquí se sigue escribiendo con una y griega.

            Pues nótese que todo el problema se plantea por querer mencionarse esa letra por su nombre, y en vez de dejarla trabajar anónima cada vez en su sitio y a su ritmo, nombrarla de una vez abreviada por todas. Lo que abreviadamente significa nombrarla en esa fórmula representante oficial de la Innovación definitivamente definida, de suerte que ya no quepan sustos ni novedades al respecto y se sepa a quién se le confía esa abreviatura de la Fe que es el dinero. Nominación que la anónima i o y nunca pretendiera, la pobre, que nunca ha tenido las pretensiones de ser primum inter pares pronomina, como su primo sajón, en ninguno de sus menesteres públicos ni en sus amores privados (vid. Yo).

Conque al final de la abreviatura técnica y científica por ganar tiempo para el común lo que suena rotundo como un cañonazo de blindado u otra armazón (heurística) es un Ai: que suena por aquí abajo a gemido y ay madre, la que se nos viene encima, pero eso es con y griega; mientras por allá arriba, entre brumosos mares, a lo que suena ese desenlace de tamaña empresa pública de interés global es a un Yo como una catedral o una ponencia. O sea, Ai más Dé más Ai, a menos que se trate de un hipérbaton y una licencia de explotación poética, y el orden correcto sea Ai, Dé más, y más Ai, que en castellano se escribiría como cualquiera puede figurarse: con ciertos signos de ciertos silencios interpuestos.

            Y mira tú por dónde, pero mira bien y conforme al canon inventivo, I+D+I ora pro bobis, mira tú por dónde resulta que Leibniz y Hermes Trimegisto tenían la razón, quiero decir la teoría de fractales, y en cada parte está ya el todo (a menos que haya prisa y se escriba “está ya” todo junto y con elle). Por ejemplo, todo el guión de la grandiosa Historia de la Razón está ya en esa abreviatura, y toda la abreviatura, en esa última letra a manera de añadido estrambote enfático, “yo”. Pues ocurre que todo junto, por abreviar, pero queriendo mencionar sus nombres cada cual por separado, por quedar en la memoria, ese convento de letras sede de todo invento se convierte en idiota;  y que “idiota” ya quería avisar en griego de lo que pasa cuando uno habla solo en público porque él ya se basta y sobra como público para entenderse solo: que es de donde proceden idiolecto, idiosincrasia e idioma. Pues los griegos, que estaban más atrás en esto del desarrollo y por eso no conocían el arte de abreviarlo, de todos modos ya se olían que era fina la raya entre ideología, ídolo e idiota, a falta de un detallado programa de investigación que descubriera pero como es debido lo que ellos sólo adivinaron aunque gratis.

            A saber, que eidola son a eidos como fórmulas a forma. Y cuando la forma en cuestión es una de sentir, percibir y articular, el ídolo abreviado se llama “yo”; pero cuando la que se busca es la forma de sentir, percibir y articular cualquier nueva forma inaudita e inarticulada, o sea la forma del Formarse y la idea del Idearse, dado que esto por definición se basta y se sobra (de alguna forma) para entenderse solo, la Fórmula de las Fórmulas se convierte en latín en imbecilidad de lo sin báculo, que no precisa apoyo, o se metaforiza en griego en ídolo de la idiocia, que no precisa para consumarse sino algo más de I+D+Iota.

            Pero éstas son cavilaciones que probablemente entienda solo el que en ellas se pierde, si acaso. Conque allá se las entienda el muy idiota: con lo que se podría sacar de no querer decirlo todo de una vez y en una sola figura, sino articuladamente y por sus pasos para que quepa en cada uno dudar y pensar. O por abreviar: de un proyecto I+D+I…ota.

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