CONCEJAL

Individuo cejijunto, con o sin boina, que oficia como casero del ser montuno adyacente al municipio. Procede esta castiza palabra del intraducible “cejal” (en alemán, Holzweg; en Haidever, estructura ontológica del caminar cabe chaparra sin salida); existiendo también la variante “cegal”, de igual referencia figurada como enseguida aclaramos.

Han de antiguo la costumbre las ibéricas encinas de crecer formando un corro, acaso por abrigarse de la rasca tremebunda que en sus latitudes corre. Apenas unos meses más reciente es la usanza de los nativos de subirse a los montes adyacentes al municipio a mutilar las chaparras a hachazos, por ver de templarse el cuerpo con la ayuda y Vermittlung de una chimenea. Resulta de la copresencia de ambas costumbres la presencia o estar ahí, en los ibéricos montes adyacentes a los ibéricos municipios, de ciertas sendas sin salida como existencia en el tiempo, que desembocan ante un talado corro de encina. Comoquiera que suele este vegetal crecer como casi todo de dentro hacia fuera, y no de la circunstancia hacia la esencia,  son los troncos centrales más gruesos y rentables, tomando como índice el Paco-Jones, o ratio entre número de hachazos y calorías conseguidas. Resultado de todo ello es en fin que los dichos caminos suelan desembocar ante un corro vaciado de su centro y rodeado de perifollo como intelectual angustiado, y que adopta en consecuencia la forma de tupido semicírculo, semejante al que a menudo ostentan en la frente bajo sus boinas los administradores del monte común, o redondo, y algunos rectores bajo el bonete. De donde vino el llamar, a aquellos corros sobre los montes, “cejales”, y a éstos bajo los gorros, “concejales”, por ser dos, y tupidos como aquéllos.

            Fácil es ver que el nombre se extiende del corro al camino o del hueco a la vida que hasta él lleva, por razón de metonimia; como de la ceja al concejal entero por razón de velleza (más la contigüidad del cerco tupido y continuo de la boina, o el bonete). Puede por esta razón suponerse posterior la variante ortográfica “cegal”, que explícase mejor una vez trasladado el nombre de encinares y cabezas a caminos y bonetes o quienes los llevan, siendo éstos los que pueden ser ciegos; y por ésta otra razón, que de ser anterior hubiérase llamado desde el principio “concegales” a ediles o rectores que miran juntos por el bien del común. Y no es el caso.

            Es palabra en desuso, por intraducible a otra casa de citas con el ser idioma (véase Holzwege), así como por la irrupción de la técnica en la existencia del ibérico municipio, o su coexistencia cabe el tupido encinar o circunstancia compleja. Pues la explanación maquinal deja expedita toda frente y acaba con todos los caminos sin salida como éste, que no llevan más allá, pero calientan.

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