MAXILAR

Subst. y adj., lat., compuesto de “lar” y el prefijo superlativo “maxi-“, de “maximus”, significando “el mayor, el principal”.  Quiere decir pues “maxilar” originariamente “el mayor o el principal hogar”, y en este sentido aparece en ocasiones como sinónimo de “patria”. El término es cultismo de finales del XVI, equivalente a la voz popular “mandíbula”, significando ese sufijo como en “patíbulo” o “prostíbulo” la sede u hogar habitual de cierta actividad, o a veces la actividad misma; así, “mandíbula” es donde está la sede del mando, o el mando mismo, sentido que se cruza fácilmente, como es obvio, con el mencionado sentido patriótico de “maxilar” (“donde hay patrión no mandibula marinero”, o “miré los muros de los míos maxilares/si antaño grandes hoy desmoronados” (Quevedo) .

            Apenas está documentado en un par de ocasiones su contrario, “minilar”, habiéndose impuesto enseguida su sinónimo “parvular”, de donde “parvulario”,  hogar o patria chica por oposición al maxilar.

             La línea semántica que lleva del sentido patrio al odontológico es conocida de sobras (sus principales usuarios). Se puede ilustrar su punto de partida con el proverbio “más quiero a mis dientes que a mis parientes”, donde ya aparecen identificados sobre una misma dimensión masticación y parentesco (cfr. Levy-Strauss), y por ende, los representantes paradigmáticos de una y otro, dientes y padres; menos claro aparece el proceso en otros ejemplos, como el que escoge Menéndez Mordello, “padre nuestro… el pan nuestro…”.  Parece claro que generativamente hablando el rasgo común es la generación (dentición-paternidad) de una multiplicidad de partes con igual origen (maxilar-patria). En este sentido se han señalado diversos determinantes facilitadores de esa identificación: “serialidad” espacial (“prietas las filas, recias, maxilares…”) y temporal (“…maxilares de la infancia /en que pendientes de leche / aprenden aún sin jactancia/ cuanto entre dientes cabales/ repetirán con constancia / en tanto la muerte aceche/ nuestros labios maturales” Campoamuerde, en Anestesias); “irreversibilidad” (“Hoy maxilar tu aflicción/ escucha el triste concierto/ que comenta con qué acierto/ toca un tarugo el balón”, Quintana), “instrumentalidad”, (“ya llegan a los turcos maxilares… ya se venden colgadas en los ganchos /de aquellos maxilares instrumentos/ las partes de las carnes y los ranchos…” Lope, Jerusalén conquistada) y “substituibilidad” (“…si el cielo del paladar/ mi maxilar hoy me cierra,/ daré pasos a otra tierra/ donde tenga que mascar”, Zorrilla, Tenorio).

 La difusión del vocabulario nacionanista (vid. nacionanismo) a finales del XIX modificó el campo semántico en el sentido de establecer asociaciones de carácter valorativo, p.ej. con “amolar” (y ”amolaridad”) que adquieren el sentido de “hacer patria” (o la cualidad correspondiente) por influencia fonética de “amo” en el sentido de “dueño”,  o bien en el de amar en primera persona, o en el de adicción a lo privativo que representa el prefijo “a” respecto de lo común o “molar” (por oposición a la disgregación “molecular” de los ingentes cuerpos sociales actuales, incluyendo su posteridad), o bien en el sentido de “dejar sin muelas”, esto es, sin raíces, a quien las niegue (calificado asimismo de individuo “amolar” y por metástasis instantánea  “amoral”), o a menudo, cuando se quiere recalcar la acción pertinente más que el resultado “amolar”, “inmolar” (véase “altar maxilar”, “en aras de”).

El modernismo puso en circulación formaciones léxicas afines, bien con propósitos extéticos, bien satíricos, que no cuajaron fuera de algunos textos experimentales; así, “micropenates”, “minimanes” (vid. publicitario), o el término de uso exclusivamente poético “alares”, sin hogar:  “a los alados alares del almendro te requiero” (M.Hernández).

En la actualidad, puede decirse que el sentido original está prácticamente arrancado de raíz, identificados los lares grandes o pequeños con ese sentido metafórico odontológico que hoy se entiende propio en la mayoría de hablantes patrios, con la sola excepción de textos marcados por una clara intención estética o arcaizante de distanciamiento de la realidad (cfr. Arántegui, J.L., Timologías; Consejo de Europa, “Sobre el maxilar común europeo”, y otros).

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