GUSTICIA

Cualidad de impartir o imponer un gusto; por metonimias diminutas pero reiteradas, instituciones o personas que lo hacen.

            Es vetusta y a veces venerable la historia de este término. Como se sabe, el divino Platón dedicó un diálogo completo a definirlo, y según se supone, algunas noches sobradas a practicarlo. Nada añadiremos a la larga tradición de exégesis platónicas. Señalaremos sólo la circunstancia, provechosa a nuestros fines, de haberse dado Platón el gusto de poner su monólogo en voces de media docena de bocas, incluida la de Sócrates: que apunta ya a lo que aquí queremos destacar, es a saber, el carácter dialógico que rige y determina el correcto uso del término “gusticia”. Y ello por una razón que señalamos de inmediato viniendo a tiempos recientes y remite a la duplicidad de verbos arriba empleados en la definición, “impartir”o “imponer” gusto. Ha distinguido el castellano entre ambos usos asignando a uno la grafía “ge”, y la “jota” al otro; cuál sea uno, cuál el otro, es precisamente la cuestión.

            Es de gusticia señalar que los clásicos apuntan inequívocamente en una dirección, a saber, que la grafía más moderna corresponde a la institución “justicia” y a lo que administra e impone a los administrados; mientras que “gusto” y “gusticia”, no teniendo fecha ni estando en el tiempo, se reservan para lo carente de institución e impartido mutuamente por las partes. Y es de justicia hacerlo porque en tiempos recientes confúndense que es maravilla una y otra cosa, resultando que el gusto que buenamente se impartan Alcibíades y Sócrates considérase asunto de justicia, en que intervengan jueces, legisladores y tribunales, en tanto la justa distribución de las riquezas de la República trátase como cuestión de gustos, en que se faculta consecuentemente a intervenir a decoradores, caritativos, proxenetas, comentaristas y toda suerte de facilitadores de gustos que buenamente gusten de impartir sus opiniones.

            Siendo manifiestamente inútil, queremos insistir aquí en que la timología es inequívoca a este respecto: justicia es voz que atañe a la polis y a la política, y supone una voz tercera que impere, es decir, componga y disponga gustos unos con otros; gusticia, por el contrario, a los cuerpos sensibles y sus sentidos, no suponiendo nada que no se propongan e impartan las voces participantes. Sería demasiado prolijo enumerar los errores y equívocos que en toda clase de formas derivadas produce esta confusión a lo largo y ancho de la república de las palabras, y no siendo ésta obra de gusto, se las ahorramos al lector: aunque sólo sea aquí, pero menos da una piedra.

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