MADRE NO HAY MÁS QUE ALGUNA

Desde que oí por primera vez hablar al actual ministro de Hacienda supe que sería partidario de algún recorte igualitario. Pues no es justo que sólo algunos sufran ciertas mermas en áreas sumamente sensibles. Luego le he oído alzar la voz cada vez más alto según iban ascendiendo en las escalas del partido él y la situación de tono, hasta llegar al grado de agudeza con que en la actual tesitura proclama los males de nuestra economía al tiempo que muestra meridianamente lo que le falta. Pero el señor Monto no es el único que padece, de tantas carencias tan pronunciadas en el parlamento. Las señoras de su gobierno también. Y no digamos su común ahijado, que siempre fué un cielito gallego y ahora es todo un radiante Don Mariano, con don de satisfacer pero sin derroche, o sólo en alguna cosa, las necesidades de liderazgo y bastón de mando de la congregación mariana que lo rodea y arropa cada día de día. De Isabel de Inglaterra a Catalina la Grande o Angelita Ortigueira, a las mujeres de estado siempre les han parecido oportunos ciertos recortes en cortes o gobiernos, entre sus allegados, para dar ejemplo; de cabezas o de manos, en órganos ejecutivos o meramente consultivos, para rotundas grandezas ya estaban las suyas. Demasiado alboroto y demasiada ceremonia en cada toma de posesión, total, para casi nada a la hora de la verdad. Pues una vez que la madre patria ya está en Estado como es debido, en adelante está ya siempre en regla, o a punto de emitirla, o demasiado reciente para aplicarse al asunto, pero estando, en todo caso, para que se le haga siempre caso en toda regla. Conque en adelante nada de andar dilapidando la bolsa en locas aventuras con las Indias o las Ucranias u otros exotismos extracomunitarios. Más vale pajarito en mano que ciento volando, y lo que se queda en casa guardado queda. Y la mejor manera de evitar que los gallitos vuelen es habérselas cortado por anticipado, las plumas me refiero, y arrancado de  raíz el mal, salvo quizás el menor, dentro de lo que cabe: tenerlo a la vista y bien sujeto con mano firme en casa. Que es la lógica matriarcal no, sino ilógica de amadrinamiento austero con lacónica peineta que nos gobierna, por cabezalocas u otras partes recortandas en aras o tálamos de nuestro bien común. Pues si en algo hemos de convenir todos y todas es en que, sin duda de género alguno, como no estuviera el ministro Monto llevándonos las cuentas de los huevos, otros gallos nos cantarían a todas en nuestro común corral. Y eso no es admisible siendo algunas naciones más naciones que las gallinas, si lo sabrán sus cluecas madrinas; sino en privado corral, por explorar primero mejores posibilidades, por el bien del común luego. Síguese que es calumnia vana acusar a nuestro Mariano (con don) de arrugarse ante Angelita y plegarse a lo que sea por darle satisfacción. Sino por nuestro bien ganancial común. Que si por eso fuera no tendría que irse hasta Alemania a buscar lo que tiene de sobra en casa, ansia insaciable y sin mesura de saciarse con comunitarias medidas comedidas según el metro de una de las partes: en comparaciones ante terceros y con notario, como es débito debido, y no medirse sin testigos por ahí, que nunca se sabe en qué pueden acabar las partes contratantes sin tratante. ¿Qué le parecerá el sofá a mamá, Cristobalito? ¿Y la reforma de los servicios, me refiero a los nuevos sanitarios, con el papel externalizado del usuario para que siga siendo protagonista principal en la intriga la misma mierda?¿Me gustarán estos recortes como en el Vogue y tú como en la foto de boda? ¿Qué me pongo, Marianito, tengo frío o calor? Es que no sé que siento,  ¡para, para!, ¿qué van a pensar las vecinas?… ¿que las vecinas van a pensar?, ¡hagámoslo aquí mismo, leoncín mío, refórmame a fondo o enfúndame en forma!, que nunca se sabe dónde puede haber una cámara oculta. Que no es lógica matriarcal que nos gobierne, sino insensatez amadrinada de eunuco subrogado a cambio de rogativas sentidas, ay sí, cuanto lo siento, por la salud de sus difuntos órganos de autogestión a recuperar. Aunque en último caso, si te ves muy apurado, recurre a la alemanita, que es como de la familia no, pero del madrinazgo de las hadas. Pues lo más irritante de nuestros órganos de gobierno, en esta prueba de resistencia a las fricciones económicas que nos manda el Señor de sus Señoras, no es la obscenidad gobernante a la manera de la hipocresía puritana del Norte, en virtud  de la cual quien debiera dar satisfacción en casa te manda a pedirla fuera siempre que mandes puntualmente la remesa a su mesa, pues es obvio e indiscutible quien no está ya para esos trotes, al menos con el que se va mientras siga en casa: conque a buscar pareja contractual en Baviera para telepagar la cama hispana mientras alguien se acuesta en ella con el Deutsche Bank por el bien de los dos. No, lo más irritante en todo menos en ninguna cosa es el palanganero de la operación. Es que un gallego que ni habla inglés ni practica el francés pero se arregla con la alemanita, que de siempre representa en esa obra el grado cero de la convivencia, invoque a Europa para remozar su cortijo moruno, que ni frecuenta ni quiere ni es suyo más que con permiso ganancial de su señora, para alquilarlo a forasteros por razones del bien común. ¿Y de cuál Europa de pródigas ubres aunque no en todo, sino sólo en alguna cosa, habla este gallego prodigioso, que rajó y rajó y su sillón consiguió, y Rajoy dejó de rajar simultáneamente, como por arte de meigas? ¿De la del fair is foul, foul is fair, o simultáneamente de la de Fausto y “En el principio era el Depende” como la Acción de la Bolsa? ¿De la Europa de Benjamin, o de la de Céline? De la de Celan o Brassens, o la de Gramsci y Wittgenstein, no, sin duda: si es que tal casa común hubo. Será que habla de la que habrá o no. Depende.

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    Porque en realidad tu siempre la has querido a ella, ¿a que sí, Marianito? Pues nada, ya que estamos en crisis, vamos a darnos un tiempo como si fuera en una serie estadounidense con tiempo rebobinable, tú a la tuya y yo a los míos, y vamos a medias con los beneficios del perjuicio. Y a tí se te pondrá arrecha la corbata ante multitudes de secretarias y periodistas multilinguales, que es lo que querías, y sin moverme de casa –porque ésa me la quedo yo- a mí me darán por donde no me importa un pito lo que me importa muchos y variados, para ir variando el decorado que siempre da gusto. Total, ¿a quién hacemos daño?, ¿había alguien más, habiendo sido estériles en nuestras familias de generación de en generación? ¿O hay memoria de que alguna vez haya nacido nación de nosotros?    

De no haberse recortado voluntariamente la memoria con Pásame lo que contó y ya no cuenta, sino yo que tengo prisa por montar, o con tanto Mochuelo bermejo y tanto Revolver los tiempos con amor, o con cualquier otro arma de cánones recortados y ajustados a medida,  acaso el país aún pudiera recordar de dónde han salido estos europeístas tan populares como nacionalistas por populación. No son malos recordatorios de sus juveniles entusiasmos las reacciones de ese tal García Pérez o Martínez López que se encarga de las cosas del interior. Su imitación del ectoplasma de Fraga no le sale mal, al menos los dos primeros sintagmas; luego el hombre trastabillea, de tanta grandeza declamatoria que diera un doblón de multa por describilla; como a diferencia del difunto no debe de haber leído a Saavedra Fajardo, la semántica renquea mientras la prosodia trota; descabálgansele a poco las dos ideas, que iban a mujeriegas; revueltas ruedan por tierra de micrófonos aireando las sayas, en que guardaban la chulesca concertina; y lo que empezara rotundo y adverbial concluye a manta y trabuco con la tácita aunque culterana amenaza de sanciones en general para los particulares. Seguramente el único indicador macroeconómico en franco, pero que muy franco crecimiento, desde que se formó esta gobernanza en el encantador cortijo moruno de La Ponderosa (descuento a grupos nutridos mientras no salten la valla).

  Si este es el menesterio de lo íntimo, de exteriores mejor ni hablamos. Que socialistas sin lo que hay que tener entre las piernas (bendecidas de mi señora, no olvide al salir pasar por caja) llevaran una política exterior descafeinada y desorientada sexualmente, o sea amariconada, es monserga tan reiterada por ésta como por toda parroquia gubernativa sucesoria a cuenta de los sucedidos en el mismo catre. Pero al cabo aún habría habido cierto rastro de coherencia en que bisnietos de internacionalistas no tuvieran claro eso del Exterior, ni cómo se las gasta en mal café con sus buenas leches bretonas o danesas. Ya le pasó a Jaurès con sus colegas alemanes.  Algo imperdonable, en cambio, en quienes declaradamente repasan cada noche al acostarse los amados perfiles de mamá desde los Pirineos turgentes a la verruga gibraltareña. Tan insufriblemente dolorosa que mientras the presidentiño raja y raja con el premier -de otros asuntos, porque ése es de su incumbencia pero no hoy, mañana-  el incumbendo ministro le manda a Sofía quedarse en casa con la pata quebrada de su marido, que esto es cosa de hombres, para entonar campanudo algo de que la guardia civil y el ejército si menester fuere, y de amparar a todo trance a los pescadores de Vacas Muertas en petróleo revuelto digo no, corten la frase que empiezo de nuevo. Dispénsenme sus mercedes, trabuquéme, que es gaje y herramienta de mi oficio, pues tantas empresas gloriosas y tan pendientes habemos que no es maravilla se me confundan un punto. A defender La Plata de Repsol o viceversa irán los tercios, no la guardia civil. ¿Cómo dice…?, no, a Bankia irá el cornetín, si acaso el tambor del Bruch, por si hubiere que esparcir rumores de quiebra por la quebrada.              

Mas mejor no seguir por esta oscura vía, pues se habría de entrar ahora en semblanzas de las que se ficieron damas de repente. Surgidas como de la tierra ancestral de la cafetería serrana y la bollería con adornos de nata, y alzadas adonde todas son Mendoza y sacan algo de godas, pasadas como presentes, pero caras como pasados en venta. Y es cierto que aun sin bei Gottes en los labios aún tienen algunas algún pasar por alemanitas a sus espaldas (salvo Lorrita, pero eso es otro cantar y de otra especie morisca que suele campar por sus respetos entre picudos y datileras). Pero sólo hasta que topan con la Angelita Ortigueira, que aunque sea cabo lo será del Báltico, y goda en cuanto puede y hace, porque detenta la patente de godería. Y se comparan nuestras Mendozas, y salen mal paradas de la puja. No hay sino ver ante cuál se le arruga la voluntad y se le hace más empinada la decisión a su Marianito.

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              Así que ésa es su Europa, su colega rival en el negocio a medias del puterío en regla sin salir de casa. No sé si erizarme más ante su emblema del Nuevo Orden Europeo, con chorizo enhiesto sobre campo de gulas, o ante el repentino levantamiento majo de una parte (pequeñita) de los recién destituidos de las ubres pomeranas ¡Que se nos las llevan… españoles, acudid a salvarlas! Se pensaron que una corbata adosada a la chaqueta de pana y una secretaria con un hermoso par de autovías bastaban para europeizar, se les olvidaron oportunamente un par de guerras mundiales y sus herencias, y ahora nos toca pagar el pato que al parecer no ataban con longanizas ni en Baviera. Y entretanto, el intasable patrimonio de haber quedado al margen de ése su siglo XX se ha dilapidado en conciencias adosables de nuevo rico, malamente reversibles a diferencia de la conciencia de pobre veterano, conseguida en tres siglos y derrochada en una generación. Que no hay nada peor que no comer después de haber comido se ha demostrado falso: es aun peor entender de retrogusto en boca a próstatas del bosque después de haber comido bocadillos de mortadela en autobuses rumbo a Francfurt (el del Memo).              

Me pregunto qué haría Petronio ante este elenco de hombres nuevos en el poder, y encuentro su respuesta en los libros de historia. Parece impracticable por varias causas, algunos motivos y ninguna razón. Primero, quibus auxiliis, porque los recortes económicos han llevado a ahorrarse el filo en las navajas y recortárselo a los cuchillos (siendo un lujo, ahora se vende externalizado aparte). Siempre podría abrirme las venas a mordiscos, pero no me quedaría liquidez en las venas para costearme un empaste posterior. Y luego, en cuanto al ubi, los recortes arquitectónicos ya hace tiempo que persuadieron a los moradores del país de las ventajas del plato de ducha postmoderno sobre la bañera neoclásica; aprovechando, es cierto, los previos recortes neuronales en cerebros dispuestos a aceptar un palmo de césped artificial como si fuera prácticamente Versalles, una torta de mierda como hamburguesa, prácticamente, un contrato conyugal de permanencia como si fuera prácticamente el romance de Lancelote y Ginebra, pero practicable a discreción, y un carnet de identidad como si fuera prácticamente un práctico nombre propio (la diferencia se vende aparte, siendo un lujo y nada práctico). Y cortarse uno las venas a mordiscos de pie en un plato donde uno es el único menú se parece demasiado a lo que acepta el común de los hispanos últimamente para haber sido del gusto de Petronio.

Pero sobre todo, que Nerón le pegó fuego a Roma como el amo a su casa para satisfacer su ego, no el higo de su ama de casa ajena (valga la redundancia). A Nerón, hijo con pretensiones de puta consumada, aún podía dolerle comprobar no consumadas las suyas como poyeta en boca del árbitro de la elegancia. No es el caso con unos consumados hijos de puta pretenciosa nunca consumada, que es lo que hace santa de hecho a la santa madre de cualquiera; empezando por la iglesia prácticamente católica, madre de esta matria, acostada prácticamente con todos salvo con Aquél que quería, ya es casualidad muy práctica para despreciar a todos los suplentes por principio, desde luego. Y a unos consumados hijos del parecer ajeno nunca parecido, putative de puto suo,  o del Depende encarnado, qué saco de meter aunque no del todo sino sólo en alguna parte, por fuerza les ha de ser completamente indiferente comprobarse consumados ausentes de toda consumación, por gestionarlas todas, en su espejo de prosa periodística, espejo de virtudes postmodernas y ante todo de la máxima, no consumarse jamás su consumirnos a todos.

    Pero es que tampoco serviría poner a este gobierno ante su vivo retrato, en vez de muerto pero animado con mucho adjetivo, llevándolos al Prado donde se vieran a vista de muertos. Recortarían los marcos a los lienzos, los fondos a las figuras (su especialidad) y los rasgos a los rostros. Pues nada hay más bello hoy al parecer de Nadie que la cara inmaculada de rostro de una joven promesa perpetua (vid. Sor Haya pero hoy no, ya habrá mañana; Isabelita, la Católica Gazmoñería), aunque suficientemente preparada a perpetuidad para estar en trance de consumación nunca, o en Transición consumada: en Estado Crítico. ¿Y alguna vez alguna obra de arte ha hecho ver a un consumado crítico donde no está lo que faltándole lo define, consumar?               No. Luego entonces ahora, o sea nunca, dónde iba a estar: en una cuestión de orden. Se toman unas cuantas medidas, se reforma esto de aquí para ponerlo allí, se recorta de allá aquello y se recompone todo, y con una buena hermeneútica ya está, ahora se ve mucho mejor lo que quería decir ese “Saturno devorando a sus hijos”: libre desplazamiento laboral con bocadillo de mortadela al Francfurt del Memo… ¿O será al del Oder Oder? Que mientras haya dilemas localizados en el mapa y disyuntivas críticas localizables en lugares comunes entre las patas (de banco) habrá necesidad de críticas ilustradas  para resolver no la crisis, pero sí que la hay. Y la tienes  tú.            

Pero nada de esotéricos pensadores de Francfurt (del uno o del otro, depende), nada de metafísicas sacacríticas de la ranura metafísica: pues nada para alcanzar la meta física de la ranura como la empanada del sentido común, común en general pero en gallego más, con adecuados adornos de intriga y trance crítico: ¿saldremos de este estrecho orificio sin salida como un callejón?, ¿bastará desembolsarlo todo en un suspiro, o harán falta nuevos ajustes a un lado y a otro hasta que encaje bien? Esa empanada inquebrantable, porque el amor materno es invencible, que se amasa a base de esto o lo otro, o todo según, salvo alguna cosa, porque además es ciego, salvo de un ojo. Fuerte Franco, en verdad, encastillado en la apertura de un abismillo insondable en mitad del oder… oder que desesperó a Hitler, y aun hay quien asegura que al cabo lo llevó al suicidio sin cuchilla ni bañera. Dictadura del justo medio vano y extremismo de centro huero en que no hay por qué excluir ni discriminar nada, salvo a la razón y el criterio, que ésos acaban en tener que decidir. Y que no conlleva más recortes que el imprescindible, el de ese órgano vital no paritario que de un empellón resuelve los dilemas y los o, o o, o o o o: en el acto.

    ¿Y habrá que achacar al falsete de Cristobalito esos recortes que él es el primero en predicar con el ejemplo?  No. ¿Qué otra cosa sino tal empanada de nada en todo y guarda la ropa en algo pero fuera de escena es la que vienen preparando en las cabezas hace treinta años los pastiches cinematografiados o grafoanimados de Almadebar, o sainete o apólogo o mejor las dos cosas para no perderse nada de ningún género en alguno tercero? ¿O las novelas pero históricas o historia pero novelada de Pérez Recatarte, donde en la esquina de Curtidores a principios del XVII se ve a España entera al desnudo y sin recato salvo en un solo rasgo, su literatura? ¿O la Semana Blanca para ir a esquiar como en Baviera pero no en vez de Semana Santa, sino además, para no perderse Europa sin dejar de ser España? ¿O la fiesta de los fieles difuntos a la vez que brujas y parecidos aparecidos tan infieles como vivos, y que tan fielmente reflejan que se puede ser a la vez hueca calabaza o cabeza hueca sin perderse nada, salvo a veces la vida en el jolgorio tan comprensivo que no cierra las puertas a nadie?              

Así es que el recorte principal de los que hoy se imparten tan generosamente, el del discernimiento, no se les puede imputar a estos hombres nuevos, que ya lo traían recortado de casa y de matriz imaginaria. Y ya es raro, pues en imputaciones es en lo único en que parecen no ser amigos de austeridades. Imputárselo sólo demostraría por qué han ganado las últimas elecciones: porque no lo son, y ésa es la opción que parece contar siempre con mayoría absoluta en esta parte de Europa, ni isla ni continente sino mejor las dos cosas y ninguna del todo, para no tener que elegir sin perderse nada. Pero seguiría sin mostrar por qué no lo son, y de qué casa común con qué Santa Madre venimos ya de fábrica con el discernimiento recortado: para eso hay que elegir entrar sin permiso en las vedadas afueras de alcobas canónicas donde impera el Oder Oder y el O dentro o fuera pero de aquí, ésas que se hacen derogatorias porque se hacen de rogatorias.

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       Lo que nos devuelve a la escena sicalíptica de las madres de la patria en su alcoba de abuelas con eufemismo cosmético. De la que nada vemos, pues como en todo recorte necesario se trata de dar mayor visibilidad a lo sentido común aunque se hayan de sacrificar algunos elementos, yo por ejemplo no. Conque sólo quedaría la imaginación, de no haber sido recortada y derogada la primera, que es de siempre actividad definitoria de las conyugales alcobas una vez tomado Estado. Déjate de fantasías, Mariano, que tenemos reuma fiduciario. Y vamos a lo seguro: que más vale malo conocido, cariño mío, que bueno por conocer, y en último extremo ya me encargo yo por ejemplo.               Lo malo es que lo bueno por conocer ya se conoce, vive en Berlín y se llama Angelita. Y en aplicación de esa misma lógica matriarcal que nos gobierna, la de una imaginación castrada una vez que cumplió su objetivo principal, poner a las madres patrias en Estado como es debido, Marianito se va con lo bueno conocido pero aun por conocer de primera mano más a fondo y más peor. ¿Y qué matriarca va a reprocharle a qué hijo fiel que cumpla fielmente su mandamiento, según el cual se trata de alcanzar cuanto antes un desenlace fecundo a tanto alboroto, agitación y crisis?: a saber, otro pueblo mamón inútil por sí mismo de quien cuidar otra una misma por su bien, el de él. Y en eso la Angelita no tiene rival. Pues como no nos administre su larga experiencia de alemanita, casi siglo y medio en estado de Estado, iremos a la ruina, jóvenes repúblicas alocadas que sólo piensan en… pero calla, calla, para qué va a hablar una de tanto desengaño. A lo más, algún discreto fin de semana en Canarias o en Mallorca; ya que de todos modos a ellos les gusta tanto por ahí abajo desparramarse en vano, que sea en el mío. Sólo por aprovechar, ojo.              

La inaccesible escena recortada del matriarcado hispano, actualmente en el poder visible, nos pone así ante un abismo insondable de unos treinta centímetros que al parecer encierra en versión original el arcano mayor de la economía política en la alcoba:  ¿ahorro en casa o derroche fuera?  ¿O viceversa? ¿O primero en una postura y luego del revés? ¿O donde pende, Depende? ¿Qué me pongo, Marianito, y cómo?, que yo, ya sabes, lo que tú quieras, cuando quieras, te lo presto un rato, que a mí me da igual, ¿intereses yo, en esas tonterías del Sur de abajo?… Por desgracia los recortes de juicio nuestro por derroche a chorros en delirio ajeno, tan necesarios para haber llegado hasta aquí, nos han dejado sin existencias hermeneúticas en los almacenes o semióticas en la bolsa, conque habremos de aplazar interpretaciones ulteriores o citeriores de la misma escena anterior o posterior a la actualidad.              

Baste decir que acaso sea en este aplazamiento penúltimo a perpetuidad donde alcance consumación y triunfo por taimada vía, as is the women’s fashion según Shakespeare, esta dictadura de la dilación indefinida: por agotamiento  precoz de la fecunda paciencia que es la prosa, común continente si contenido. Y que Dios nos coja confesados como la incontinente efusión poética se decida a salirse de madre tan predicada, por predicada, del único modo posible, entrándole a saco por los renglones del calendario: que algo saben de eso en la casa común europea. Sobre todo en la de Angelita.

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