MORDOR

La historia va así: la comunidad del anillo busca con ahínco por todo el mundo posterior hasta dar con el modo de acabar con su anterior propietario; los propietarios de mi comunidad buscan a todo el mundo con ahínco hasta acabar dando por el anillo a modo, anterior o posterior; hay de entrada como siempre unas escenas costumbristas para abrir bocas o cerrárselas entre el vecindario, pero el meneo empieza en cuanto la abre uno que parece encantador aun cuando no es vecino, o al revés, depende, porque luego se ve que también preside en otras comunidades con independencia, o no, de que no reside o sí, según, pero es el que empieza las intervenciones en todas poniendo a todo el mundo en antecedentes militares, políticos y hasta penales los tuvieran o no, pues ya hay evidencias de que algunos leían, como una especie de jobi, desde tiempos inmemoriales incluso anteriores a la película que hay montada alrededor de esa comarca en la actualidad ficticia, que es lo que se está tratando de describirles; éste va siempre rotundamente de gris, aunque cambia de color con los acontecimientos hasta quedarse en blanco, porque como el cuarto de al lado también se alquila empiezan enseguida las intervenciones de otras comunidades por todas partes; la caballería rojaní, la de la primera izquierda, irrumpe en escena para salir al galope; siguen a su paso como creen oportuno y conveniente a su talla, retrasados en general, las populares hordas de enanos, los del semisótano B y los del dúplex a medias; éstos patalean cortito pero mucho y dan por el anillo como diversión hostias como martillos, que así se distrae del todo el interés enemigo siempre de lo principal, y hasta el principal del todo, como consta en más de un libro; a todo esto aparte de ciudadanos campesinos o al revés pero da igual, porque están para figurar, unas criaturas vecinas tan enanas como enanos pero más pueriles no paran de correr todo el rato por delante o tras de algo, sea un elfo, sea un trasgo, como no sea para levantar el dedo en cuanto se pone crudo y pedir la palabra, o eso parece, en realidad es el anillo, y se la pasan metiéndoselo y sacándoselo por ahí como enanos con su tesoro; aunque en su caso el anillo nunca es suyo, eso no dejan de recordarlo nunca sobre todo uno que por eso es el bueno; así es que todo el rato aparecen y desaparecen entre la segunda izquierda y la principal derecha donde paran realquilados, o más bien no paran a saber por qué, sin más propósito aparente que ponerse morados en una u otra morada en cuanto puedan; aunque según la comunidad va pasándolas más negras, sótanos y cubiles y áticos palacios incluídos, resulta que siempre son ellos los que dan en lo cierto por azar o por destino, además de por el anillo (que sigue sin ser suyo aunque les va entrando el gusto); luego hay ruegos, y preguntas, y gritos y algún gemido, se ven y se oyen algunas cosas monstruosas y las demás se adivinan, y qué demonios, la comunidad sobrevive a todo un espectro de espectros incoloros y hechiceros camaleónidas con trescientos poderes notariales para estos casos, ciento cuarenta y cinco para normales y el resto excepcionales, porque también aparecen con troles y con trolas por todas partes, y conjuros y conjuras de todo género a la vez, y tramas insaciables como telarañas contables, y hasta un orcomité extraorcoordinario de dos orcorrientes orcorgánicas enfrentadas junto a la puerta negra, la del montacargos que vacante por reformas es un peligro, pero al borde del abismo seguimos librándonos aun en su compañía gracias a un providencial descansillo para palomitas, polillas o mirlos blancos, todos encantados por ser en verdad encantadores aunque disfrazados y por poderes; porque a todo esto el encantador transformista sigue apareciendo o desapareciendo a por uvas o por algún jobi cuando se le necesita y cambiando de colores al paso de la historia, aunque sea sin vergüenza y sin rubor porque no es doncella ni periodista en la corte de los duendes ni deja de serlo ni en la de los enanos, y ni siquiera ministro, sólo encantador, pero lleva un registro de todo lo de todos y con toda propiedad, aunque sin ser ninguno, puede decirse que siempre revive para contarlo, como es lo suyo, como cosa esencial a la comunidad como un anillo que nunca es suyo; total que al final lo consiguen todos todo en todos los mundos planta por planta, aunque justo antes con algún que otro roce entre unos y otras por cualquier parte saltan de la fricción chispas y meteoros, desde el volcán de los bajos a punto de estallar hasta el ático palacio pasando por la mortífera ciénaga del portal de que se han librado un par de ellos, escurriendo el bulto por el fango, hasta salirse con la suya como quien dice por la tangente a la cumbre de su destino o por la diagonal del loco de Moncloa a algún número de paralelo, seguramente el 38 si no es un 69; que con la edad oscura y a punto de acabarse no distingo bien la pantalla, y menos si chispea con la que está cayendo.

Luego a vista de pájaro, aquí en el corazón del país de Mordor, definitivamente ya se confunden realidad y fricción hasta el final. Y no hay que ser un águila para descubrirlas a estas alturas, desde luego, confundiéndose desde un principio hoy tan conocido en cualquier lugar como ése de que nadie quiere acordarse, porque ya tampoco puede, a estas alturas de una fricción histórica tan prolongada en realidad por doquier o en cualquier parte de una historia de fricción en comunidad arcaica o postmoderna tan sufrida en todo momento, se mire como se mire, como insufrible se ponga como se ponga por cualquier parte, como pongamos la de nuestro anillo ante todo pero no digamos ya si es mirando a las vecinas; la primera la de los bajos disponibles sine die para actividades de comercio por todo lo alto y a continuación, claro, la del bufete del bufonete doctorado de arriba a gravis causa en maltratos a los bajos que ya caen de su peso o ya suben a reclamar, depende, como su encantador presidente, por el montacargos a plomo con urgencia o con aplomo por la escalera de emergencias, por no hablar del cuarto exterior de enfrente, el que también se alquila, donde cuatro alemanes se vienen montando por derecho a la francesa o al revés practicando de paso el griego por el mismo precio, con su medio inglés dentro y su medio fuera, otra comunidad en lo que cabe europea pero sin duda económica para todas las partes a más no poder; y eso sin salirse del tiesto de la manzana para ampliar horizontes y orientarnos pongamos que por esa occidentada comunidad de estados independientes de enfrente, o de perfil, como presidentes encantadores, o no, según le vaya saliendo la cosa o entrando por si sola en el estado de putón primero y zás, ya luego de Rasputín, o de putín primero y el ras ya vendrá quizás, zás, a pasarse luego él solito de occimordiente a mordoriente o viceversa y que santa Anestesia del Romanof nos coja drogados y confesos, que ya no quiero ni pensar en la fricción ni en realidad tampoco en las chispitas faloides como hongos que de todas las partes pueden brotar de la noche a la mañana y del orco hasta el ocaso el día menos pensado, que es decir cualquiera, entre semejantes semejantes en realidad fricticios en cualquiera de los estados imaginables de una tal comunidad por anular o por anulada.

Pero entre tanto sin duda parece que me debo de haber perdido algo. El caso es que volviendo a la fricción de la realidad en torno a nuestro anillo que nunca es nuestro la cosa está que arde, saltan chispas a esgalla como al borde de una erupción desde cualquier punto de vista, bien mirando a la comunidad enfrentada y dispersa desde unos sótanos volcánicos de tan mal estado que también parece a punto de estallar, bien de lo más alto del ático palacio al bien de los bajos, esa especie de jobi ya tan familiar, mirando por su incierto destino lo mejor posible si bien visto bastante mal de la azotea, sin duda por los humos que se dan a esas alturas por todas partes, o también visto de la torre del mal mirando por los contornos por hacer el mal pero bien, pero mal y casi siempre en vano con particular detenimiento en el del montacargos, pero bien, todo eso anuncia al menos que va a darse por fin mal o bien un fin a la historia. Y en efecto un encantador difuminado o unos cuantos permiten pasar bien o mal por fin a un desenlace tras otro que, bien mirados, ya se sabe cómo acaban desde un principio indudable desde luego, visto lo visto, se mire como se mire: bien mal, bien bien. Bien desde palacio mirando mal por la ciudad aunque vista así parece encantada, bien mirando de la calle desencantada al despertar del palacio de los sueños, malos o buenos, o de la generalidad mal vista en realidad a la realidad en general mal mirada, mal que bien, visto y no visto, desde el cuarto de la cuarentona en cuarentena donde rugen los furores de su dragón uterino hasta la plaza siempre vacante de sanjaime, al fin triunfante, aparece atestada por todas las partes una jubilosa mezcla de humanos probables y enanos probados donde además se confunden improbables elfos con arcos y orcos armados con atestados. Porque hay testigos, hasta rumor de sirenas se escuchaba esos días en el aire, por doquier en derredor o rodeándolos por cualquier parte anterior o posterior de esta historia arcaica o posmoderna, tanto monta o monta tanto, en la indiferencia del triunfo definitivo que de medio a medio anuncia el verdadero fin de los tiempos oscuros de la historia.

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O depende. Porque en la plaza proseguirá la fiesta con más y más intervenciones de cualquiera como quien dice en la generalidad, con chispeantes escenas en cualquier momento culminantes en el fondo o fondeadas en la cima del destino de una comunidad de desatino en lo universal, aunque en particular en la comarca, donde al menos en principio reina por fin una nimia sinonimia entre semejantes alegremente reunidos olvidando sus diferencias, ajenos a todo fuera de sí mismos en su presente triunfal. Pero por las frases adyacentes como calles o como hablas, según caiga, vacías como sin taxis pero con rumor de sirenas, entre fricciones inarticuladas y articulaciones fricticias se suceden chispeantes las cargas y las descargas sin tácticas y el entrechocar de dientes sin intención, como de tiempos y modos malos y buenos sin engranar fuera de una estrategia general, mantenerse cualquiera en cualquier momento independiente e indiferentemente como quien dice de cualquier modo en la generalidad de los tiempos y los modos, de los presentes y los ausentes o no, depende, porque por los contornos se reconoce, en una palabra, la presencia de otra generalidad en su lugar, tan común, de que nadie quiere acordarse, porque tampoco puede a estas alturas de una historia de fricción tan prolongada en realidad que la sombra de una discordia se sigue cerniendo sobre sótanos y azoteas, a todas luces oscura por todas las escalas y descansillos de palomitas grises y mirlos blancos o negros según, presta a caer sobre todos los que aún son vecinos y sobre todo sobre lo que se avecina, y más si es en el cuarto de hora de al lado que también se alquila o no, depende, o no depende, según, porque entre semejantes reunidos alegremente por una nimia sinonimia no hay que ser a estas alturas un dron para advertirlo o un trol para quedarse de piedra, en cualquier parte o por doquier del entorno alrededor siguen persistiendo mientras tanto a la vez, en una palabra, voces redobladas en un mal doblaje de actualidad crónica en prosa o viceverso, que arcaico o postmoderno tanto monta en la jubilosa indiferencia de un imaginario triunfo real, o viceversa, como para anunciar en la frase de los tiempos por fin la reconquista de la fuerza desde un principio o perdón, que me confundo de saga, para anunciar por fin de medio a medio la total consumación dramáticamente hablando de los tiempos oscuros del relato, o de este drama costumbrista relativamente hablando o no, depende.

O no depende. Porque como la guerra es la guerra o viceversa que empieza donde la prosa se acaba, una saga es una saga o viceverso que no siendo calzón ni braga nunca se acaba, ni cuando la clava ni cuando la caga. Y con independencia de género y número de ejemplares alegremente reunidos por ella, o sin ella, y pese a toda entrega anterior o abnegación posterior de una historia simpar en comunidad se la seguirá esperando inesperada y emocionante sin querer para héroes sin proponérselo, como quien dice como un pequeño jobi sin importancia en un mundo de fricciones sin realidad donde oye, ascolta, se diga lo que se diga por más que se esfuerce el anillo cuanto se ha de producir sale solo y se haga lo que haga, si la clava uno como si la caga, al final se hace lo que se dice de todo encima sin proponérselo, conque ascolta, oye, se diga lo que se diga quién necesita decirse lo que se hace y menos hacerse lo que se dice proposiciones a estas alturas de una fricción histórica tan prolongada en realidad que si las necesitas no eres parte del todo de la comunidad, pero si eres parte del todo y sin vacilar tampoco necesitas andar hablando por partes con ninguna otra, donde por doquier por cualquier parte toda o todos los tiempos o modos o las voces o personas por no hablar del género hablan por ti a la vez en versada viceprosa, o viceverso en prosa, viceversando de cualquier modo a un tiempo sobre los tiempos diversos de un universo local de todos modos tan documentadamente heroico a distancia como heroicamente documentado en directo como la gesta o el gesto pasmoso del Bergdemón de Betoben en Flandes o de Güilfredo el elfo velloso cuatribarrando a la osa////el oso sin pararse en barras de género ni número ni de barras ni de voces ni de géneros ni de números de fechas o sí, depende, como todo con independencia de cualquier otra cosa en este cantar de gestas o contar de gestos contables aunque inefables como quien dice de la generalidad con independencia de una época o un tiempo cualquiera, inefable pero contable de cualquier modo como lo uno o como la otra desde un principio desde luego reconocible desde siempre a estas alturas, que ya no vivimos aún en otros tiempos claros y distintos antes o después en prosa y en verso, sino ya un tiempo nuevo aún y claro, distinto, oscuro, que exige héroes sin fin y sagas sin cuento aunque con historia, claro, que ya sólo puede ser la de su oscuro maiquinof contable y cómo se maquinó inefable su no haber hecho, pero diferencial, eso sí, en su caja de los cambios marcha alante o marcha atrás de una en otra divisa por la frase de actualidad crónicamente hablando indivisa cuyo fin ya se divisa por doquier o en cualquier parte de un mapa del tiempo o una historia del territorio postarcaico o prepostmoderno de los héroes sin fin pero con confines, y las comarcas simpares con marcas comarcales, aunque singulares, de identidad sin derechos pero con royaltis aunque republicanos por solidaridad, aunque líquida gaseosa, con otras comunidades no gubernamentales aún, aunque ya invecinales, de aduaneros sin fronteras aunque confrontados porque la guerra es la guerra con los de enfrente, aunque sin frente, ni dos o tres dedos siquiera de frente o de perfil pero contables aunque inefables en sagas sin cuento pero con historia aunque sin fin a las que a propósito nunca falten, porque a estas alturas ya sólo nos faltaba eso, secuelas aunque sin consecuencia alguna de secuencias singulares aunque conseguidas, eso sí, tanto montando según caigan como caídas según se montan por frases adyacentes según como calles o como hablas porque ascolta, oye, con independencia de que digas lo que digas o no, quién necesita hacerse lo que se dice proposiciones a estas alturas de una historia de fricción tan prolongada en realidad desde un principio que desde luego resulta reconocible de momento desde siempre como una comarca universal a vista de pájaro pinto sin necesidad de ser un dron o un águila imperial o depende, a saber, que como la guerra es la saga como la saga es la guerra va o vuelve de momento por doquier en cualquier parte sin moverse del sitio porque es el mundo sitiado por sí mismo el que pasa y repasa con ahínco por el arillo de la frase principal, la que indica seguir siendo subordinada con tal de ser siguiendo, que es lo indicado,   la frase de actualidad crónica, que es gerundio, y seguir en ser siendo parte del todo segunda pero a seguir como quien dice por todos como el primero de los segundos siguientes por seguir, prójimamente, en primera plana/plano en las pantallas de una generalidad de cualquier género por aprojimación sin pararse en barras/barros entre semejantes alegremente reunidos en torno a la pasmosa gesta de Güilfredo o el gesto plasmoso de Bergdemón a seguir por todos como el primero de los segundos y los demás semejantes, et caetera similia, a seguir siendo seguidamente prójimos o viceverso en prosa prójimamente a ser siguiendo en pantallas semejantes de una generalidad plasmosa como quien dice etcétera como el primero y los demás semejantes a seguir siendo etcétera, etcétera.

Que parece ser la eterna moraleja de momento universalmente comarcal de este emocionante episodio periamoroso o periamordorio epiodioso entre tanto suspenso, to be continued y hala, a seguir siendo temporal aunque sólo provisionalmente hablando, por más que arrecie, sin dar con el modo o el momento anterior o posterior de haber acabado o haber de acabar con el quid del anillo en verso o el propietario de la cuestión en prosa de una generalidad viceversante o viceversa, de un viceverso generalizado como quien dice viceversado en viceversar como un solo hombrembra a una sola voz coral o coanal a un tiempo sobre las voces y los tiempos diversos de un universo local de todos modos de todo género, y tan documentadamente heroico a distancia como heroicamente documentado en directo desde un principio que desde luego resulta desde siempre reconocible como nunca a estas alturas sin necesidad de ser un águila imperial, o sí, porque oye o ascolta cuanto habría que decir en alto a estas alturas ya está dicho en tácito, que sin moverse del sitio es el mundo sitiado por sí mismo el que va y vuelve y ajeno a todo fuera de sí mismo se conquista en defensa propia, toda vez que una vez conquistado por sí mismo él es su defensa más apropiada. Y fuera de la valla de San Adriano, el del Bésoos o el Mátoos depende, no la hay con seguridad más propia al menos para un amor propio siempre enajenado propiamente hablando bien de sí mismo mirando por los demás, bien de los demás mirando por sí mismos pero mal o bien, en fin, mirando siempre por sí mismo al bien ajeno mal visto por los demás o bien desde la torre oscura mirando pero bien a hacer el mal o bien desde palacio mirando pero mal al bien de la ciudad que así vista y no vista ajena a todo fuera de sí misma parece encantada mirando bien por la comarca a vista de pájaro o mal de la azotea por sí misma mirando desencantada pero bien de la noche a la mañana al despertar pero mal del palacio de los sueños o de la generalidad mal vista en realidad a la realidad en general mal mirada, sin duda por los muchos humos de la fricción a estas alturas, pero mal que bien visto y no visto así más o menos va hasta donde resulte ser contable esta inefable historia de fricción simpar en comunidad tan singular, por anulada como por anular.

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