Romance familiar

Ahora escriben “gratis” entre comillas. Pero no es que de repente respeten los únicos derechos de autor no legislados, los del autor único de sus autorías, el romance de que nacieron. Es que a los nietos cuanto suene a latín del abuelo Maximino o la abuela Plácida les huele a pueblo y estiércol, o simplemente que suena y huele. Y como eso les parece inadequate lo evitan como una real calamity, a menos que lo que les suena a peregrino no venga a caballo de Santiago sino albardado como sanjacobo, pero no de York, quiá, de Nueva York, pasado pero de vuelta y vuelta por el grill de la parrilla sin que ya se lo huelan. Congratulations. Es seguro que su nuevo romance no les saldrá gratis aun si el vaivén sale fecundo, pero si no, ya se sabe, con don de lenguas tan elástico como higiénico siempre podrán entenderse con otro lo suficiente para comprarse en Internet dos pares de abuelos de una vez, o un par tuais. Que en total viene a dar lo mismo.

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