BAJO NINGUNA CIRCUNSTANCIA

Bajo ninguna circunstancia, como dicen ahora ya que por encima no hay nadie ni por debajo ni a los lados ni como quien dice en ella por detrás ni por delante, salvo el demorar la circunstancia de la frase circunstanciando la actuación con todo lujo de detalles a falta de criterio por sobra de criterios, salvo uno para escoger, bajo ninguna circunstancia quisiera yo estar bajo ninguna circunstancia, y menos sin ser Edipo ni con mayor tragedia que tener que oír hablar como quien dice en otro idioma sin entender más que demasiado en determinadas circunstancias. Pongamos la de tener siempre a mano circunstancias a que recurrir para excusarse, ahí sí so capa de ellas y bajo ellas, de ocupar un papel en próposito ajeno o de no tenerlo propio; sea no personarse en alguna boda por las circunstancias personales en que uno se encuentra, ante todo en la propia, sea personarse en el acto sólo circunstancialmente y depende, según el nadar guarde la ropa o la ropa guarde nada.

            En todo caso y bajo ninguna circunstancia, repito, bajo ninguna circunstancia quisiera verme sometido a algo que no sólo sea la que está cayendo, que es lo que es el caso, sino que recaiga una y otra vez en repetición inexorable sin petición ni apetencia ni por mi parte ni por la de nadie que pudiera formularlo bajo esa circunstancia, ni encima por delante ni por detrás ni por ningún costado. Como la inexorable compulsión de repetición de un mismodestino se haga lo que haga, o se diga lo que se diga la ciega repetición sin propósito ni responsable alguno de letanías, jaculatorias o estribillos como bajo ninguna circunstancia se puede decir en un lenguaje con razón digno de ese nombre. Otra cosa es con pasión, la pobre, que da lástima verla hoy hecha un Cristo como Dios manda.

            Porque que hay circunstancias en que abandonarse a la circunstancia es lo mejor para la salud de quien se abandona y para la de los que están a su alrededor, por no abandonarlos. Y no hablo de la muerte por tabaquismo, aunque también ahí la circunstancia parezca volverse útil bajo cualquier circunstancia, incondicionalmente y como quien dice al margen de cualquier otra circunstancia bajo la que estar. Sino de la muerte trágica como el amor y alguna otra escasa cosa. Pongamos un amanecer cualquier día, con causa reconocida hasta en física de bachiller pero sin razón bajo ninguna circunstancia, sobre toda circunstancia cognoscible incluidos el quiquiriquí del gallo y el aquí quién quiere qué del poeta, por no hablar de otros irracionales como preguntas metafísicas, cambios de horario semestrales o tranvías de combustible eléctrico incombustible producido con carbón, que también circulan por la circunstancia circundante pero no bajo ella, sino bajo el amanecer sobre cualquier circunstancia. Salvo claro está las que son imprevisibles bajo cualquier circunstancia, como estar sobre todas ellas como el amanecer.

            Con lo que no pretendo en absoluto, líbreme dios, plantear alguna tesis rotunda sobre alguna circunstancia, ni siquiera bajo ninguna que es donde suelen plantearse tesis. A estas alturas de atardecer, que ya es circunstancia declinante bajo casi todas las acaecidas, es obvio que ya no puedo sino declinar forzado por las circunstancias el ofrecimiento de un puesto tan práctico en teoría para teorizar, y sobre todo, cuando se cumple bajo cualquier circunstancia. Porque a estas alturas mis circunstancias personales ya no me permiten confundirme personalmente al menos bajo mis circunstancias, que junto con mi persona decaen tanto el bajo como el me too y queda sólo el fundirse. Y si aún amanece que no es poco, me voy a verlo, que eso sí está en mi mano y en mis pies bajo tal circunstancia, y más sabiendo que algo así no es fácil que se repita en público en ninguna sala. No bajo las actuales circunstancias superpobladas de trágicas víctimas, al menos potencialmente en la actualidad, de algo en lo que no hay nada que hacer ni que decir porque se repite inexorable como una jaculatoria sin propósito o un ritornello a padecer, sin autor responsable pero de consecuencias mortíferas bajo cualquier circunstancia: aprender a ser irresponsable sobre todo como hombre de palabra. Y como yo pretendo serlo incluso bajo la presente circunstancia me voy a ver amanecer que no es poco ni mucho, ni nada sobre todo. Que algo es algo, y esto es todo.

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            O no, bajo determinadas circunstancias a determinar, como yo por ejemplo bajo un cartel que indique en la lengua de Ortega y Gasset, antes lista, cómo seguirla hasta el final sin llegar a la castellana jamás y sin espabilar. Ni siquiera bajo circunstancias determinadas con todo rigor lógico como perpetuamente a determinar, que es decir determinandas, a menos que se den determinables circunstancias perfectamente determinadas como la de que hablar en alguna lengua española de la castellana por ejemplo, como circunstancia común del pensar singular, es circunstancia siempre aprovechable en determinadas circunstancias como por ejemplo traduciendo del alemán sin decir ni pío ni aufídersen.

            Donde no hay gerundio como es sabido en español castellano, a sabiendas y con puesto reconocido en la conjugación, sino como en francés o en inglés, en un presente de continuo discreto como quien dice en passant por cualquier circunstancia continuamente a discreción. Y que bajo ninguna circunstancia, yo incluído, permitiría decir a nadie ser yo y mi circunstancia, ni espacial ni crónicamente hablando como Ortega ni como Gasset, porque ese gerundio castellano no refiere de cualquier modo a modalidades semejantes de espacio o de tiempo, como aquí o allá y entonces o ahora potencial o subjuntiva o indicativamente hablando, ni aun por señas ostensivas en una esquina como en una tertulia televisiva para ciegos de cerca sordomudos de lejos como el que más.

            Sino de algún modo a todos los modos de uno solo, el que precisamente se llama gerundio, y el único que podría decirse como quien dice a una mala siendo yo mi circunstancia, o a una buena, siendo mi circunstancia yo. Pero nada de cópulas ni de disyuntivas, valga la redundancia lo que valga, y menos tratándose de lo que se trata de articular. Que es cómo se articularían en regla, sin ser la articulación juez y parte desde un principio desde luego irrefutable ya puestos a hablar, el reino de la articulación discreta que es el del signo con el continuo de la que está cayendo, la cosa en sí es no es, o lo que pasa de todos modos como el destino o como la sota pasota de todos los palos de la conjugación: en cualquier circunstancia estando en ser, que es gerundio, y siendo así estando, que también.

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            Aunque aun puede hacerse algo por mejorar tal circunstancia, sobre todo bajo ciertas circunstancias que encima se llaman trabajo. Y debajo, pero sobre todo en los medios al parecer omnipotentemente presentes u omnipresentemente potentes en el acto virtual según. Pongamos como un alcornoque, dependiendo de las circunstancias, es circunstancia natural o un elemento del trabajo, por ejemplo un jefe ordenando ponerle un corcho en la boca pero a una botella. O como una vivienda que es gerundio, tanto monta si vivida o por vivir, es circunstancia potencial en estado de naturaleza y por así decir salvaje, sobre todo tratándose de encontrar un alquiler asequible, pero a la vez es historia. No sólo porque hace mucho que tales unicornios no se encuentran, sino porque de ser circunstancia es diseñada y no designio. Conque no digamos qué decir de una expresión como circunstancias técnicas, bajo la cual podrían bajo determinadas circunstancias sobrevenir lo mismo un despido que una contratación y un corte de energía como de mangas como a los pies del Olimpo o de un contador inteligente, inescrutable e ininteligiblemente.

            Y seguro que bajo cualquier circunstancia es más claro hablar de naturalización de la historia y reificación de las relaciones más su viceversa, salvo de darse la circunstancia de hallarse por encima de las circunstancias como la dialéctica histórica o como el amanecer, que es decir como Marx o como Ortega o bien como este viento de otoño, que esta noche se ha llevado de una vez por delante todos los moscones y mosquitos que tan incómodo hacían ascender lo suficiente para verlo desde la azotea, y sin nada que hacer ni hacer nada salvo siendo como se es viento, de ciento a viento. Pero bajo mis actuales circunstancias con gotera y amenazando la que está al caer tengo que limitarme circunstancialmente, y sin ninguna responsabilidad por mi parte, a anticipar lo que pueda como pueda figuradamente hablando y presumir asumidas mis excusas en el asunto o el asunto como excusa mía. Ya que por despachar tesis tan espinosa de una vez por todas, o sea como Marx y como Espinosa, como de cualquier modo todos vivimos como podemos, ya sabiéndolo que es gerundio, como podemos vivimos todos de cualquier modo, opineal o pineal indiferentemente como historia natural o como propósito circunstancial por alguna razón causante o alguna causa razonable.

            Así es que me limitaré a decir que dadas las circunstancias de no darse las circunstancias sino diseñarse como dados y dadas, lastradas de azar desde luego tan útil desde un principio como utilidades maquinalmente determinadas a ser indeterminables como instrucciones de Ikea, lo mismo en un burdel que en un despacho y en un entorno de trabajo efectivo a crédito, nominalmente mensual, como de pasión padeciendo en efectivo la impotencia virtual de hacer nada, ni como víctima actora de la tragedia ni como paciente agente de la tortura bajo ninguna circunstancia quisiera encontrarme sobre toda circunstancia, ni sobre todo en alguna: que luego a ésa como ya se sabe le salen pretendientes como setas bajo las piedras, achaparraditos pero de hecho mortíferos potencialmente en el acto.

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            Porque pongámonos por ejemplo en una chapela, que a ver quién niega su carácter circundante de un lugar común de pensamiento como lo hubiere como no hay otro, que no habiendo otro porque no cabe es circunstancia que lo asegura. Y que como circunstancia de un pensamiento es tan innegable como un puntapié para un perro y tan imposible de descartar para cualquiera, llevándola, como para el perro de Descartes. Y que no parece cosa trascendente bajo ninguna circunstancia, salvo si llueve o si la que está cayendo es un diluvio de quidproquos, aunque ya no corra por ahí en latín que no se lleva sino albañal abajo como psicología. Y que bajo cualquier circunstancia consiste en dar por el mismísmismo quo al qui por derecho y al revés, de pie o tumbado tomando o dando por sentado que bajo cualquier circunstancia, es la circunstancia bajo la que se piensa la que mejor cobija y la que hay que buscar, ya que como en la cama o en la política española el quién lo explica todo y no hace falta perder tiempo en oir sus porqués.

            Y es que detrás de todo gran prohombre se esconde una psicóloga exsimia aun mayor, de edad puede que no, ni física ni mental, pero qué importan las circunstancias tratándose de principios. Más o menos, lo que la dotación natural tratándose de igualdad y de consumarla en el acto sin más historia. Y más si los principios son metodedológicos, y consisten en hurgar en los quienes y los cuandos y los dondes de alguien que una vez pensó o padeció, dicen, escrotando por escrito o de viva voz bajo cualquier circunstancia en la circunstancia que lo engendró. Que también es un ahorro de pensamiento sin duda, no tener que entender un teorema tan abstracto como los de Arquímedes porque su abstracción se explica porque estaba abstraído bajo cualquier circunstancia, hasta la centuriona que lo mató. Aunque sin necesidad de irse corriendo tan lejos, ni tan cerca ni bajo ninguna circunstancia, se pueden obtener cumplidos ejemplares del asunto en el acto sin salir de casa, haciendo que vayan y se vengan pero sin rencor y se vuelvan a ir corriendo, pues qué importará por ejemplo bajo cualquier circunstancia lo que quiera decir oh sí bajo una o bajo otra, sino que me lo digan a mí y aquí, o allá tú y con cualquiera encima.

            Como para preguntar por qué el ser y no la nada, pudiendo ser nada y sin preguntar bajo cualquier circunstancia preguntando sobre la otra, una cualquiera como es sabido. Incluido al parecer este amanecer lloviendo, con su lluvia y su yo viendo pero en suma como llovida.

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            Conque lo del raciovitalismo va a tener toda la razón al final, claro, cuando acaben de servir las raciones para algo. Que debe de ser en suma esa manera de escribir guiones omitiendo el guión en el producto, claro, distinto, y reservándose la cópula, como es algo lógico y natural a la vez, para las relaciones privadas entre el yo y la circunstancia del ser autor. Y no se puede decir hoy que ese guión no haya tenido éxito en España por su probada eficiencia para dar por hecho de palabra al menos un deseo de armonioso acoplamiento. Como para meterse a intentar decir además por qué y en lugar de qué bajo cualquier circunstancia.

            Vale que eran otros tiempos de la misma historia, cuando aún se le solía llamar así al Guión de los guiones. Aunque la sordera hegemónica fuera más bien la alemana y no la anglo-disléxica como hoy, con el segundo puesto vacante para que se acople uno u otro cliente a discreción con su lengua materna como rabo entre las piernas, más bien pelicaído. Acaso explique eso el gusto por la aglutinación sin guiones, al menos de palabra, en un romántico abrazo de diseño pero sin marcas donde confundirse la fusión con la confusión, como quien dice raciovitalmente hablando de tirón, todo seguido y deprisa para pasar sobre el abismo como recomendaba Nietzsche, bailando, aunque sea sobre ascuas. Mientras que el puritanismo anglosajón tiene tantos atrasos en materia de inquisición hipócrita a fondo, en los demás pero por su bien, que no es de hoy el placer morboso en exhumar cadáveres de jardincillos ajenos con frambuesas y exhibir en pública confesión a la comunidad los trapos sucios de cualquier guión doméstico. Qué tendría de raro pues teorizar el caso de la circunstancia y yo también como work-in-progress, que viene siendo figura predilecta en el guardarropa anglófilo de ese Guión de los guiones, de gusto tan dudoso como siempre y como su gastronomía sexual.

            Porque hablar de opera operante-operada no se vendería ni siquiera hincándole el persin de ese guión a capón, como para meterse a reciclar la palabra operanda bajo las actuales circunstancias de sordera políglota pero poliafónica. Conque no digamos de volver a ponerse bajo las circunstancias paterno-maternas de Ortega-Gasset a la hora de ponerse a pensar en algo, a saber, en germano-español como lengua patrón-matricial de nociones-emociones. Aunque sólo fuera porque ahí se corre el riesgo de ver traducirse sin querer, movido o emocionado por las circunstancias, el termino Guión al alemán, donde el aumentativo de guía que es decir Führer como guía de guías o archiguía sería, claro está, Herzführer. Y si eso está mal visto, del ser Duce y Archiduque ni hablamos.

Sobre todo no habiéndolo de Alba como ésta, archialba pero por antoanonimasia entre ni yo ni ninguna otra, ambos sin nombre en esta circunstancia que se ve en la circunstancia de tener que llamarse azotea en hispanoarábigo sin guión, ni siquiera desde luego por principio. Sin nada que hacer ni que decir porque se repite inexorable como un milagro sin propósito o una resurrección a padecer, sin autor responsable pero de consecuencias vitales bajo cualquier circunstancia, y entre tanto enmedio entre tanto entretanto, y encima cuando florece: aprender a ser responsable ante todo como hombre de palabra después de todo. Y como yo pretendo serlo incluso bajo la presente circunstancia me voy a ver amanecer que no es poco ni mucho ni nada sobre todo. Porque algo es algo y esto es todo, que no es todo. Y que no sea nada, hasta más ver.

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