Ribera sacra

Donde el río se deja arrastrar entre laderas en que desde hace un milenio brotan solitarias las torres románicas y se erigen soberbios los viñedos aguardando al viajero, para compartir en sabrosa comunión supongo su vino joven desde hace siglos como los signos ilegibles sobre capiteles hoy informes, digo yo, por no interrumpir en directo la noticia sobre el curso de los siglos dejándome arrastrar por la frase donde la frase se deja arrastrar, entre planas planicies en que las palabras brotan solas como una uva y los rumores en cambio se erigen en monumentos de humanidad por sí mismos, del fiemo en ambos casos, en esta sacra ribera entre el Miño y el Sil donde guardar la ropa nadando en ninguno mientras se informa del tiempo, del que ha hecho y del que hace en la actualidad añicos hasta los planes y los signos hasta del tiempo por venir en esta semana sacra, claro, es donde sus sillares milenarios podrán aguardar sentados un milenio más o menos, digo yo, a verme de paso hablando de vacaciones. Con todo mi recogido y adjetivado respeto a los lagares comunes de la prensa oxidada, a la memoria inconexa de las torres al margen de otra corriente que el río y otra red que la del sol en las ondas o un San Pedro en su capitel, para evitar cualquier borradura accidental exponiéndose de intento a la necesaria del tiempo este viajero lamenta informar en letras capitelares que no aguarden más por él, ni de su hablar peregrino, donde el adorno es informe porque lo informe es adorno o viceverso en prosa, y como en algún otro caso ilustre de cuyo nombre no quiero acordarme, una vez que lo innombrable ocupa cualquier lugar común como un campo de concentración semántica de belleza gastronómica y utilidad espiritual ya no es posible esperar poesía después de adorno al menos, o sea como antes. Conque ave atque vale, viajeros, y felices vacuidades desde la sacra ribera del Termodón lejano por donde se colige que ha de llegar Pentesilea se lea como no se lea ni antes ni después.

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