Lo que no es no

           En lugar de esa gracia estadounidense pero poca, “qué parte del no es la que no entiendes”, el genio nacional ha lanzado como lema un rotundo “no es no”. Contra las paredes de su lámpara, a juzgar por el ruido de hojalata, pero eso no es lo alarmante. Sino que en esa sentencia oracular sin rastro de juicio nadie pregunte cuáles partes no se entienden. Ni tampoco si su cópula se consiente o es forzada lógicamente hablando como es natural sin llegar a violación por algún prevalimiento, antes presunción o prepotencia según. Según qué parte tocara a la palabra en la lengua, o por presumida o por presumir, en el acto naturalmente verbal como es lógico, darse por tomada o tomarse como por dar.

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