Encallada marina
por la bahía inmensa las nubes
son.
La tarde en silencio calla nada
a la quebrada
que roza el viento.
La traza blanca en el azul del avión.
Las naranjas por las ramas
pero a lo suyo.
Ramonean las perras
olivas bajo el olivo.
La sierra está.
Y el último sol aún
le peina las arrugas del cabezo en piedra
al borde de la sombra sin espejo
ni rastro del revés.
Sólo en la luna como siempre
Alba bellísima de suyo,
bajo el diluvio rosa del almendro encima,
sobre un mar de margaritas en la yerba inmóvil
mira mientras nada
nada en el fresco verde.
Ciprés sobre nube en velo,
mundo al revés,
salir con mi muerte a vueltas de este cuadro
sólo podría hacer bien.
Siempre que se lleve consigo
la puta moto de paso.
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