DE CONTINUO DISCRETO

Hablar de continuo discreto, o es física cuántica o un milagro. Como un corpúsculo-onda pero omitiendo mencionar el guión, que debería ser la diferencia. Prodigios como el cinemató-grafo, el psico-análisis o el nacional-socialismo que ya anunciaron hace un siglo la adhesión universal al reino del montaje por adherencia, que es decir mimetizando con alharacas la coherencia de una articulación lógica pero informulable pero por el momento, por el obstáculo judeomasón, por el día que hace o por si acaso. Con un guión ostentosamente omiso, que es decir díme de qué alardeas al decir y te diré quién no eres, de continuo autor discreto de tus gestos, porque si tal pudieras no serías como eres, en apariencia por el momento o por el viento que sopla.

            Hablar de continuo discreto, hoy, o es centauro o flujo de información, logonorrea contagiosa de frente popular o de perfil o aristocrático en Feisbuc o en el parlamento, pero en todo caso tan virtualmente real porque ya está en Ello como realmente virtual porque aún está en Ello. Toda una novedad crónicamente hablando, la de un todo crónico por partes que ya no necesita ningún diván para que vayan y digan. Ahora se apuntan sólos a la cofradía de los Megustas, el nuevo linaje pegadizo de diosecillos y demonios de la Adhesión que descienden o ascienden en procesiones o recesiones por todo este nuevo universo barroco o perdón, neopostgrecorromano prepostmoderno de tirón y sin guión, por supuesto, como cualquier supositorio. Que se mantiene por pura adherencia a cualquier coherencia coheredada sin más requisito sangrante que un doble clic para adherirse. Aunque de muerte no, que igual es una desgracia. Aunque no para la humanidad, porque ¡ah!, ¿pero de verdad había alguien más?

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            Hablar discretamente de continuo, mis perras. Lo suyo me ha costado, pero también lo mío, después de tantos años entendernos. Ésa debería ser la diferencia, como las diferencias fueran y por milagro, sin oposición, fueran. Que entonces se podrían escribir con guión, y por arrob@s.

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Hablar de continuo discreto, o es imperativo categórico o un disparate de categoría. Como un operar operante sive operado de la glándula pineal, pero esta vez more automathico demonstrando. En un listado que aparenta aparecer apareciendo en pantalla y debe de incluir a lo que parece los errores de usuario incluso el de haber nacido hoy, el chateo por narices chatas o de a palmo, el centauro en miniatura, el minotauro gigante, el docudrama y el parlamento español. Todo aquello que, en una palabra, sólo se entiende por oposición en cuanto se opone a entender.

Aunque antes se llamaba teología a la creencia en que hay al menos un ser que existe sin contrario y que no se entiende por oposición, aunque sin ella tampoco necesariamente. Luego se le llamó durante una época radical extraparlamentario, menos Kant, que lo llamó incógnita raíz común, y los parlamentarios españoles que se lo siguen llamando, porque son reformistas, dos siglos después a todo el que no esté en su parlamento de todos. Aunque hoy por fin en general ni se le llama, ya lo hace él solo, y además para qué si ya está en casa y como Dios además, en la de todos por todas partes a la vez metido hasta la cocina informática, la persiana domótica, el contestador automático, la pantalla anecdótica y el retrete diplomático modelo Manos Limpias, con chorradita automática incorporada. Que es donde se hace carne o chorizo indiferentemente el verbo, y la palabra suministro de asuntos exteriores que procesar. Porque es lo que tiene hoy el autismo del sujeto trascendental globalmente hablando, escasez de materias primas estratégicas, como por ejemplo materia, que ni sea prima segunda a perseguir en el acto por la frase pendiente abajo ni prima carnal de algún programa de ejecuciones virtuales en ejecución.

Así es que apenas se vea en pantalla otra cosa que carne virtual, putas o gladiadores en concurso a ver cuántos kilos de cosa se animan a adherirse en efecto por adherencia a la causa o viceversa. Apenas otra cosa que otra más de las cosas en funciones, cúales iban a ser, de Onoff perpetuo a discreción pero de continuo. Un docudrama global para tontos ilustrandos en materia de nacer y perecer, no, pero en los gestos correspondientes debidamente mimografiados/ odiobarrados. Claro que sólo falta asegurar la correspondencia, pero para eso está el correo electrónico. Sobre todo si se habla de palabras y de asegurar al gesto de estar hablando correspondiente, que de corresponsables ni hablamos no vaya a resultar delito de odio. Que tal parece ser el nuevo Auto sacramental que revela al Autor universal en funciones de tarde y noche y de mañana ininterrumpidamente, de continuo discreto como quien dice.

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Porque quien hablaba solo y esperaba hablar a Dios un día hoy sólo espera turno a un lado/otro de una barra/barro, eso sí, de categoría. Y eso también, siendo mayor, porque si es de la nueva escuela de tertuliano se lo coge como Orígenes, cortando por lo sano por la parte de originar el verbo, o sea el tú. Porque me too también tengo derecho a mi tú, que viene en la garantía, ¿o ya se ha olvidado usted de lo que he pagado yo por palabras que funcionen para todos? Y porque eso del solipsismo debe de ser griego, pero no hay que saber latín para advertir las ventajas de este autismo automáticamente autónomo dialogando y reverendo rever mediante en cualquier momento, con me too incorporado aunque sin cuerpo en el sofá y mi tú en el Yutuve voz para ti pero ya no tengo. Aunque como tiene control de volumen cabe hablarse a cualquier hora sin molestarse, como quien dice de continuo discreto, y hasta apagarse, conmutable como es uno por un interruptor discrecional y sin recargo del sistema. Porque si antaño recordarte que entre tú y yo hay un abismo daba pena, hoy lo que da es igual, por teléfono o escaip o por mensaje de voz, porque el servicio de reparaciones atiende de tú a tú los problemas de conexión de todos, y los de me too, discretamente de continuo, veinticuatro horas al día, mientras los haya.

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