DESCUBRIMIENTOS POR PARTIDA DOBLE

De los muchos lugares históricos de España que atesoran su capital de memoria aunque hoy sea en el extranjero, Génova se cuenta entre los populares por partida doble, como no podía ser de otra manera. Sobre todo tras los dos descubrimientos decisivos que le tocan de cerca por la parte de Colón (empezando por la castellana, claro). Uno, el que se señala por sí solo en la Biblioteca Nacional, el otro, no muy distante en el tiempo y aun menos en el espacio, el que ha llegado a conocerse por la audiencia nacional como expresión popular de una ambigüedad deliberada: un nuevo mundo, y un huevo.

           Todo un continente como América o Las Indias de nuevo cuño, nominal y efectivo a la vez para viejos contenidos de siempre necesitados realmente de alguna expansión imaginaria, y un huevo. Un nuevo autocontinente surrealista, qué digo, prepostmoderno desde Leda por lo menos, capaz de mantener a otros en suspenso boquiabiertos por mantenerse solo con el culo en su puesto en cualquier momento. Todo un presagio memorable para recordar en el futuro. Eso sí, previo cumplimiento de dos requisitos por la parte de la posterioridad: no haberse parado otros a distinguirlo de la cara, y tenerla él igual de dura.

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