El himno nacional de las decadencias es internacional, con la misma cadencia y letra desde el paraíso: el «Que no decaiga».
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Once tíos al unísono mudos y quietos quizás imponga al instante. Respeto no sé, pero precaución seguro. Once tíos desafinando al unísono, eso ya puede ser lo mismo una boda que un congreso. Y también impone al instante algo, irse.
Conque al final los utilitarios patrios tienen razón, los seiscientos son más útiles que los 300 para poner en fuga, y cuantas más letras en los himnos mejor para salir a escape siempre que lleven ellos la voz cantante. A una isla de unicornios donde dicen que aún se escuchan silencios acordados y sin necesidad de acordarse.
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