SÍNDROME DE ESLEBI JOLESTAIN

Algunos psicólogos cuya edad no precisa la noticia han descubierto que se puede ser autista con cuarenta años sin haberse dado cuenta ni uno, ni vecinos y conocidos, ni jefes, esposas, perros, policía, cadenas temáticas o periodistas de investigación. Ni siquiera los cuestionarios de aptitud para invertir valores siendo en bolsa. Sólo los psicólogos, que hasta ahora no lo habían descubierto. Cuarenta años y sin enterarse, qué barbaridad. Aun con la nueva legislación de autónomos debería bastar para jubilarlos. Y eso que siendo franco no hace falta ser Felipe II para descubrir la autarquía. Mucho antes que la bata blanca y la golilla se tenían inventados aquí los horizontes de fieltro con badana, donde todo sale redondo sin salir de casa. Porque no es de hoy que sólo el mal nos aceche por cualquier parte fuera de nuestra frontera, donde no hay salvación, sólo contrabando. Pero oye, hay que vivir, y al final los demás siempre tienen algo bueno que es importante importar, tabaco rubio, democracia, mercedes o libre interpretación, de síntomas o de biblias.

            O de códigos penales. Porque esa futesa, la posibilidad de cuarenta años malinterpretándose un autismo autonormalizado entre juanpalomos autónomos, no es lo importante en la ración de racionalidad del día. Sino que un tribunalucho de provincias alemanas según el tertuliano ha tenido la arrogancia de enmendar la plana al Tribunal Supremo de España con mayúsculas. Y por ilustrar a vecinos y conocidos que en cuarenta años de autoeuropeísmo no se habían dado cuenta de las magnitudes del extranjero, a sus esposas no, se lanza a la amplificación retórica hasta dar en que eso es, cómo decir, como querer corregir tres tíos de Ávila con mayúscula que al cabo es española a todo un Estado democrático, que es como decirnos a todos incluyendo al tertuliano como quien dice.

Y donde entran obligadamente en escena no el espectro de Juan Bravo entre Padilla y Maldonado, ni siquiera el de Francisco Silvela para calmar junto a Manuel Becerra tanto fervor patrio a punto de salirse del horizonte de objetividad informativa por la parte de Las Ventas. Sino el Moderador o Conductor del programa, en español de aquí o allá por ser el canal nacional internacional, que es como decir el Firer con mayúscula en alemán solamente por obligación, no como aquí por vocación informativa de la palabra ajena. Y quien se cree obligado a precisar que, hombre, no se trata exactamente de un juzgado de Árevalo sino de una instancia superior, no una audiencia de provincia sino un tribunal de lender así como suena; y singularmente plural a lo que se ve porque hasta su nombre es doble, un tal Eslesbi Jolestain; y que el tribunal de ese lender citado cuyo nombre no repite porque no hace falta, ya está claro, equivale a un tesejota autonómico. Que sin duda lo aclara todo, la verdad, o en última instancia debería aclararlo ante una audiencia nacional como es debido, mayúscula.

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Aunque la verdad, que debe de ser eso que lleva todo el tiempo apareciendo en un rincón por señas como para autistas, sin que nadie se entere, la verdad que subtitulada en ningún idioma para ser neutral se está diciendo el Conductor o Moderador en funciones o en función de la Audiencia Nacional de aquí o allá, la verdad de verdad es que como en casa en ningún sitio porque ¿a quién se le ocurre tener unas denominaciones así?, con lo entrañable que resulta y lo bien que nos entendemos todos en un tesejota, que si es de la ceapeuve ya ni hablamos, ¿y qué crédito dar y qué afección a unas instituciones de cuyo nombre ni podemos acordarnos, porque suena a cualquier cosa desde marca de supositorio a empresa de prospecciones?, ¿o alguien puede imaginarse en España teniendo que jurar fidelidad, en público y deletreando, a una cervecera o dinastía Eslesbi Jolestain?, ni regaladas, hombre por Dios y por los clavos de Cristo más el martillo diez euros, pero si eso aquí, la verdad, no se lo cree nadie; y que la cosa no es de hoy, ya le pueden echar mayúsculas y bemoles que nos dejan igual que a Amadeo con su guitarra, porque puestos a escoger en general no siendo Prim aquí nadie escogería siendo franco un Eslesbi Jolestain o un Oleole Simeligen habiendo a mano un buen Burbón añejo, tan de aquí de siempre, tan reluciente en su copa del rey como rotundo en boca y de rima fácil para publicitarlo por su notoria agudeza, y más cuando la cosa viene de tan lejos como Elcano, cuando zarpó para poner la mayor tierra posible de por medio con dominios Jojenestaufen Jasburgo, aunque tampoco hay que llegar tan lejos como él, si es que basta asomarse a un simple TSJCAPV, imponiendo silencio con sólo toparse su nombre en austero aunque ancho membrete, o un ilustre CSIC lustroso en su frontispicio en cuanto haya dinero para fregarlo o una entrañable Rae, dondequiera se encuentre, fijo, limpia y esplendente, pero sobre todo volviendo a la actualidad del periodista y sus problemas ¿es que no podían haber detenido al tal Puchedemón en Renania o en Baviera, que son llanas?, hay que jodersestain con las autoridades eslesbianas, está claro que son ganas de andar tocándonos las sajonias alta o baja de la noche a la mañana (fin del subtítulo aunque siga siendo lo que se dice, la verdad, completamente ininteligible desde fuera no siendo con el corazón siendo de aquí como el Conductor o Moderador, en español de acá o de allí según dicte finalmente la Audiencia Nacional).

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Momento en que otro tertuliano, el sagaz, decide tirar de la manta por una esquina y traducir el subtexto para autistas autónomos, que no se habían dado cuenta por cuenta propia de que la cosa iba con ellos, y con miras más altas apunta precisamente a que otra vez nos han ganado la batalla del relato quién iba a ser, los nacionanistas; y para más turbación, no una cualquiera, sino la batalla del relato de una batalla, que cuál iba a ser, la Batalla del Relato por antonomasia y con mayúsculas, pero que esta vez es lo suyo porque ésta es la nuestra y los muertos no hablan ni de memoria histórica, ni los nuestros, y porque a los pobres no se les entiende con la boca llena cuando lo intentan; como los de Eslesbi Jolestain que tampoco hay quien los entienda porque también deben de ser autistas autonomistas o landeristas perdidos, conque allá se las entiendan y nosotros a lo nuestro que qué iba a ser, lo que viene a ser la Batalla del Relato de lo que somos y que vendrá a ser, más o menos desde siempre relativamente hablando, resultado correlativo o correlato resultante de esta batalla desde ahora, fijo, la más dramática aún en curso ya histórico que puedan vivir los siglos para contarlo como batalla, por descontado por algo, por qué iba a ser, por contarla como relato (incluidos los de batallas), volvemos en cinco segundos, flatulencia, gonorrea, mal de amores, combata sus males con Matamores de Bodegas Clavijo, los mata de gusto fijo, aunque esta vez librada en nombre propio, que aquí ninguno se libra porque vivir no es un libro, y dónde iba a ser, no en cualquier parte sino allá donde al ardor del fuego colateral se concentra, en el estrepitoso fragor de un estruendo atronador, la esencia de toda narrativa colectiva colegible entre colectores crónicamente hablando reciclables como coautores, que como todo el mundo consabe es en el conombre copropio, único objeto coapropiado para tan insaciable coaprofilia sin copirrai como la suya, la del nacionanista se refiere, porque en fin, coproclama el contertulio airado, mirándolo de cerca es televidente que hacerse detener en un lugar de cuyo nombre no podamos acordarnos es puro sarcasmo antiespañol, desde luego preparado como cualquier relato desde un principio, diez segundos y volvemos, visite Castilla La Mancha y desde luego nada volverá a sorprenderle en principio, y no ya lo de haberse bautizado Puchedemón sólo por molestar desde un principio a castellanoparlantes ortográficamente hablando cuando qué letges, nada le costaba inscribirse desde luego como Fábregas o Fuster que también es étnico y sin molestar, pero no, quiá, sino incluso preparando desde luego lo de ir a ser detenido desde un principio precisamente en ese lender citado cuyo nombre no repite, pero no porque no quiera acordarse -que él sí es partidario de acordarse en cualquier idioma, aclara- y menos porque no pueda; sino por no mentar al diablo y no colaborar con el propósito propagandístico de una organización delictiva y su cúpula que es absolutamente transparente- y que se refiere a la de la política catalana y a propósito, no a la toponímica turística alemana ni por azar a la del Raijestaj Anderesprí, sigue aclarando-, y que transparentemente no es otro en fin sino poner por principio en ridículo a los españoles desacreditándoles por cualquier medio, incluidos los de reproducción oral a mano o manual de oído, y no le den más vueltas en vano, si nadie da crédito a sus oídos ábrase camino con Verbiki Hermanos, financiamos sus sueños hasta las pestañas sin ir más lejos en cualquiera de las Españas, a sólo un veinte por ciento, y en cualquier momento de viento al ciento.

Y como no hay quinto malo tras tan largo anuncio por fin levanta y tira de la manta, y entonces sí en voz alta y clara cobran forma en su boca las sospechas que se ciernen sobre todos, sobre la casa común europea y sobre todo sobre la de Eslesbi Jolestain por parte materna, faltaría más, por lo menos desde los tiempos del rey Felipe IV o VI, que ya por entonces no había quien se acordara como es debido entre todas las Españas, y sin contar las posibles erratas en la reproducción, aunque al parecer no volverán a repetirse, por parte paterna y por estar en horario de infantes: a saber, que nos siguen teniendo por un montón de palurdos sin ningún motivo aparte de la envidia por lo que no entienden, como auténticos catetos ignorantes de nuestra historia real hasta en la actualidad. Y que lo malo es que quienes no nos entienden claramente no son sólo tres tíos del lender ése (quiere decir Eslesbi Jolestain) porque es televidente sin ir más lejos que en Europa en general no nos echan pero sí nos hacen de menos, y que en resumen ya es el colmo: conque llegando al clímax se impone por cortesía al menos una cita retroactiva en el acto, que ya nos gustaría a todos, claro, “ver qué pasaría si se tratara de un líder corso detenido y de devolverlo a Francia”.

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            ¡Santa Elena nos ampare, y cuánta razón tiene este hombre!, si hasta yo diría que toda sin dejar ni miga para los autistas nativos, pocos, que aún podamos andar por los contornos de los Pirineos, que ya no hay, y nosotros como palurdos venga a darles vueltas cuarenta años sin darnos ni cuenta, ni de habernos comido un cero ni una rosca, ¡si hasta hay precedentes en los libros según dicen, y que en cuanto Francia reclamó a su corso los ingleses se lo mandaron por paquexprés!, pero si le cuesta enterarse en el acto ni se moleste en irse corriendo, en Buenapuerta se lo llevamos hecho de puerta a puerta, y es que estamos en donde siempre, como en la leyenda ésa de color afroamericano con lo de los incas de Méjico, o lo de la conjura judeoflamenca para que en Flandes el sol se pusiera y saliera por Guaterló como si no pasara nada, que lo cuenta estupendamente Pérez Recatarte según dicen que pone en Bobelia. Pero en fin, allá ellos con lo que no nos merecemos, un país que siempre lo ha hecho todo por entender a sus vecinos a fondo, hasta desentrañarlos, de siempre inquiriendo por el menor detalle de cómo les va, si fueron por fin a trabajar el viernes y qué tal estaba el cerdo, o si les pasa algo hoy que no hay ropa tendida, ¿zumo de tomate, sangre, manazas marcadas de ella o de él?, haga justicia a sus angelitos vellosos con Ariel Gabriel y con sólo apretar un botón, y con la de esfuerzos ímprobos o al menos improbables que hemos hecho durante años, que no hay quien pueda contarlos, por aprender todos vascuence y alemán y hasta murciano sin necesidad, que los hemos enseñado por las escuelas de toda la península sin ninguna perspectiva utilitaria por delante del inglés y del francés, incluso del árabe o el portugués, sólo por entendernos con nuestros vecinos se mire por donde se mire ¿y ahora nos salen con éstas, a armar chacota y dejarnos por autistas autónomos de baba obligándonos a decir Eslesbi Jolestain y Santa Culoma del Gramanet?, pues vasfurain conio, a ver si pueden decir ellos sin titubear que aquí tuvimos un Guerra, no recuerdo si Alfonso o Juan, que tenía una parra, y un Zarra que una gorra y un Parra que una perra, y que uno se subió a la parra y el otro se puso en guerra y se mataron a gorrazos o parrazos o a golpe de perras, que aquí no hay acuerdo ni modo de acordarse, pero sin titubear un instante y no como ellos, diez siglundos y volvemos desde luego con las mismas en principio.

¿Conque Puchedemón se hace detener en Eslesbi Jolestain por joder y por jojeferrat, ni siquiera en Monserrat, que ya jode lo suyo tener que acabar de hablar mordiéndose la lengua?, ¿y por apropiación de recursos de los españoles de todo tipo, de palabra y de obra pero sobre todo de los primeros?, pues me río yo –quiere decir el tertuliano-, ¿a que lo mandamos a archiconstantinidespolitizarse de Tenochtitlán a Tlatlolco, y a ver por dónde respira?, y a ver si así se enteran de que a enigmáticos cabalísticos nos quedamos solos desde Mamónides y Abenguitaquí, ¿evasores de sentido le defraudan por entero?, venga a Montoro y Montero. Y que puestos a traer al vecino por la calle de la amargura hasta San Bernardo sugiriendo lo mismo sus nombres de intento que intentos en sus nombres, relatos de batallas que batallas del relato y planos históricos de una intriga o intriga histórica en un plano, aquí no hay ni que despeinarse ni que irse a vivir a Guaterló para orlarse heroico de fascinación la mirada y de sombras de ojos cavilosos la miopía, que para hacer que se hace hacerse cábalas aun a los no practicantes lo mismo valdría la judería de Lucena que el Alcaná de Toledo y la parroquia de Villanueva del Pardillo, según donde te toque ese lo mismo que da lo mismo cabeza abajo o con los pies por alto, donde el enigma te espera: Despeñaperros, no te defraudará. Y para que encima todo parezca semejar azar sin propósito a propósito, cifrado desde luego desde un principio por descifrar, ya se deberían haber enterado de que en el juego del tantomonta monta tanto ir a las Indias como llegar a América y el montatanto de vellón como el tantomonta en plata, y que a ése, lo pone hasta en los escudos, no hay quien nos gane ni en A ni en B, ¿defraudados por entero?, vengan a Montoro y Montero.

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Porque si ésas tenemos se van a enterar de lo que es intrigar y hacerse cábalas lo que se dice de verdad, y verdad lo que se cavila, y todo átomo parte de un síntomo intrigante porque divide y vencerás mas no pudiendo hacia atrás divide para adelante, y todo síntoma de un síndromo que no aparece y no es el del hipódromo aunque se parece, que es concursar en discurrir a todo correr hacia delante con tal de irse lo más lejos posible de donde esté uno, como Elcano pero no en un par de barcos sino en dos de herraduras, cuando la cosa de aquí de siempre se les pone dura, restriéguensela con Aiscul Tura, alivio tópico del prurito inespecífico, por lo que no dura, consulte a su generalista antes de repetir. Y donde por lo televisto ya va siendo hora, porque con tanta interrupción para anunciar denominaciones de origen desde luego se hace de noche tarde por principio y hasta de la noche día, debe ser ya la hora de creer al Tertuliano por antonomasia por puro cansancio y porque es absurdo, claro, que cuanto contraríe a todo el mundo en nosotros se reduzca a cochina envidia por nuestra parte.

Y no sólo porque así entre nosotros siempre haya sido mucho más fácil de decir Caín o Abel sin duda que Quirquegar o Jamlet. Sino porque volviendo al horizonte informativo vigente a la altura de Eslesbi Jolestain nosotros –el tertuliano por antonomasia, quiere decir el tertuliano- no necesitamos ir tan lejos como Puchedemón en los Países Bajos, ni siquiera hasta los bajos del país en un local del Paralelo para encontrar piezas maestras de este género de barra si usted supiera/se va usted a enterar, de quién soy yo en ambos casos en el fondo. Y ni movernos de casa para darnos pero bien con declaraciones unilaterales de dos caras y sentido en suspenso por duplicado a diario, y a cada telediario con nombres propios que sólo lo son de intento, común desde luego sólo que con otro nombre desde un principio. Basta acudir o ni eso, dejar que nos invada la prensa local española, incluso ese mismo canal nacional internacional, para entrar de pleno derecho como colector en este prodigioso estado de trance colectivo, el Estado de la Transición, sólo colegible con otros como estado del PP que es decir del Prusés Permanén de lo uno a lo otro y del propósito dicho al decir a propósito, del decir, que es propósito, y del propósito, que eso será un decir, que ya es decir desde luego aunque sea sólo el principio: porque a renglón oral seguido uno se topa con un desolador socavamiento con desplome inminente en las riberas del Duero anunciado por Mino Moral, un docto implicado en labores de palanganería con mujer pública que se llama Chico de Cámara, la detención de un islamista con fluídos comentarios a cargo de Alba Bea, y en fin por no llegar de una al infinito y plus ultra a la vez, con que hablando en este idioma alguien que se denomina presidente presida o no pueda llamarse sin dejar de hablar ni empezar a decir, y si acude como si no, día tras día por igual Rajoy y Rajoy aun si nunca dijó y ni pió ni pío.

Que es como poco propiedad curiosa y de registrar, y como mucho bastaría para dar sin más la confirmación al Tertuliano español por antonomasia en toda su sospecha, y con el porqué de esta envidia desde Trento: haber explicitado los primeros la fórmula canónica para conjurar tan prodigiosas coincidencias de contrarios sin posibilidad de explicarse razonablemente, aun siendo ya patente al menos desde la carrera de San Jerónimo, traductor. Que es decir divinamente entre dos lenguas medias palabras colegibles como palabras a medias donde otro pone el decir y uno el sentido, aunque siempre por principios desde luego o viceversa unilateral, de día o de noche, disfrute el silencio de Numancia en coche. O lo que es decir, digo yo en un aparte por aliviarme mi parte colegible de colectividad aprovechando el anuncio, diciendo decir a lo que es ruidera rodadera por cúpulas circulares o círculos copulares de iniciados sin fin y sin principios, en proceso para empezar y para acabar en proceso, o en una palabra siempre en Proceso pero ya por antonomasia en nombre propio o común como Estado o como estado mayúsculo o minúsculo según, según dicte o interprete alguna audiencia nacional o Audiencia Nacional, que según se sigue es lo que estaba por demostrar Estado del Movimiento o no según se siga, por principios desde luego o desde luego por principio, en la batalla del relato de la Batalla del Etcétera por ser uno mismo como quien dice y los demás semejantes, entre comillas o no depende: porque en este postmoderno juego hermetináutico y cabalístico desde siempre sí que hay quien nos ganamos, para no perdernos nunca y así todo queda en casa, y con Pazos Abecenet limpio como la patena con sólo seguir tirando cada día de la cadena con más audiencia nacional, Cuchillerías Orígenes ha patrocinado este corte.

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Pero quiá, colegido tenemos y averiguado mucho ha que nada reducirá en el buen camino su judaica obstinación con envidia de verdad colegial, que no hubieron. Pues ruines paganos judíos musulmanes luteranos budistas eslesbianos o resto del mundo aparte ¿alguien puede creer que semejante carisma y con don de lenguas para reproducirse en todas el mismo verbo sin conocer a ninguna como Adán se improvisa? Pero la envidia siempre seguirá diciendo que hacerse tales cábalas en este idioma y acertar es pura chamba, y no la minuciosa encarnación planificada del relato desde un principio estético-político desde luego típico de los alemanes, pongamos los de Eslesbi Jolestein, para venir llamándose así o cosa parecida desde el Paraíso pensando sólo en molestar por pura envidia a cualquier otra Audiencia Nacional no tan minúscula como la tienen ellos. Y por más que Américo Castro seguro que se sacaba aquí mismo un par de tesis de las mismísimas Españas acerca de la honda huella del hebreo en una lengua a la que dejó para siempre con una nota personal, y una vez la abandonó, de su tanto hacerse cábalas en sus oraciones y sobre todo en las de infinitivo impersonal, como quien dice en el nombre del verbo sin nombre con fidelidad inquebrantable salvo algún que otro romance de por medio, pero sin trascendencia; más alguna cosa tercera en general, seguro, acerca de la importancia de que semita o no semita la oración impersonal española en todo caso se emita en cualquier país e idioma con derechos de coautor, como pongamos en meidinés-pain en Eslesbi-Jolestain, ya que el pueblo escogido por el autor sin nombre tiene derecho conativo como cohablante coadoptivo a traducírselos todos a medida a medida que los va cosiendo en primera persona cosegunda, y que al hilo de su peregrinar por el desierto estéril del pensar de lengua en lengua para compensar los vayan zurciendo a todos los demás, espinosa cuestión en que estaría de acuerdo algún no obstante mediante cualquier expresidente sin duda o no, depende, de estimar oportuno y conveniente que hoy como ayer amar y no padecer podría ser, pero que al rajar será el sacar seguro; y que en lo de ser oración la cosa no admite dudas ni preguntas, pero en lo de ser indefinitivamente impersonal tampoco según, como queda de sobra plasmado en plasmas para el relato de esta batalla del relato de la batalla del Etcétera Final como Estado de la Transición por antonomasia, el del Prusés Permanén por el desierto yermo hasta de neuronas, salvo de mandatos en piedra en el nombre de lo innombrable.

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Más modesto descreído y ya reducido a la fe de oficio, que también el mío es darla aunque en ninguna propiedad registrable, a mí me sigue valiendo con mucho menos para haberme quedado sin habla y con cuarenta años de autismo sin enterarse, y es ese “yo diría” de Don Felipe ni Segundo ni Cuarto ni Sexto sino el simpar González. Que puestos a intuir desde luego podía haberse intuido desde un principio por aquel síntoma este síndrome, es lamentación tan cierta como vana. Porque estar diciendo uno efectivamente en potencial estar potencialmente diciendo otro, pero a una y sin salir de uno ni a por hachís ni a por subvenciones a esgalla como coles de Bruselas o cogollos de Ketama, en efecto debería haber tenido por efecto mediato encaminar de inmediato a la Audiencia Nacional, o a la audiencia nacional puesta en tal dilema a una de dos, ambas ámbitos psiquiátricos, Ciempozuelos o la Europa de dos velocidades sin marcha atrás.

Como así ha sido, lo primero, porque lo primero es lo primero y lo segundo a seguir en cambio y ya veremos depende. Y lo segundo, porque la otra alternativa primera para los nativos de este idioma quedó descartada, yo diría, desde Felipe no González ni Sexto sino el Segundo, que es gerundio por definición a seguir pero sin ser advertido. Más o menos como el abismo insondable por qué iba a ser, por falta de fondos, que desde hace cuatrocientos años se abre entre el yo pienso de Descartes y el pienso yo de Paco Sánchez, el Cogito de la modernidad europea y el Cojuelo de los tejados ibéricos, o en una palabra sola, entre el solipsismo del filósofo de oficio y la soleá del cantaor por profesión de qué iba a ser, de fe, en quién iba a ser, no en el otro sino en tí. El que va de la palabra del otro, pero el de uno, a su palabra tal cual se da; como se me da a mí, no como a mí qué se me da. Por baladí que parezca y fácil de saltar lo que va de un cogito autónomo que existe a uno que existe autista y cojito, y de rebelión a jojeferrat o de Monteserrado a Eslesbi Jolestain alegremente saltando que es gerundio y jugada predilecta del conjugarse nacional políticamente hablando, y luego si eso ya se verá el reparto político del hablando y el nacional del siendo así; sobre todo siendo así que así siendo cada quién es muy suyo y los demás también, y que todos podemos seguir hablando como quien dice a una como quien dice y como quien diría, como si fuera que es o como que es de fuera y así no hay manera de que le entiendan por dentro, que si usted supiera/se va usted a enterar en ambos casos en la barra de quien soy yo en el fondo, si hay fondos, y si no a Caritas y que te den por alguien.

Y porque a todo esto al periodista de la actual actualidad de todo esto sólo le interesaría, yo diría, a lo sumo la idea de que la idea de Europa está en una crisis suma por sustracción, progresiva, eso siempre; y a los restos, la de que el europeísmo en España haya venido teniendo los pies de barro durante cuarenta años sin enterarse, y no el barro en los pies de toda la vida como el periodismo, enterándose. Pero esto ya debe de ser filosofía y yo diría, y como yo diría que no están para bromas ni la audiencia nacional ni la Audiencia Nacional, ¿a quién más le iba a interesar algo más, suponiendo al periodista que exista y que eso al menos sí? ¿Acaso hay alguien más ahí fuera? Porque cuarenta años sin enterarse hablando efectivamente a una audiencia potencial de estar hablando potencialmente a una audiencia real, en efecto efectivo debería tener por efecto virtual encaminar a cualquiera, puesto en tal dilema psiquiátrico, a uno de dos ámbitos ambos sub limes, a los Pirineos de España o a la proposición 7 del Tractatus; pongamos éste por caso clínico algo más elaborado del síndrome, en este caso de Eslesbi Güitenestain, sólo que resuelto sin más ayuda de otro ni Otro de ayuda que una escalera y una frase. Y por más que la ruin envidia nos seguirá teniendo por palurdos desleídos como si hoy en España no supiera cualquiera quién es Güitenestain, y en que acabaron sus proposiciones y su inexpresable relación con lo real, cuando aquí jaulón jaulón Courina Courina lo sabe tararear hasta mi vecina, la de mi casa, por no hablar de la de la casa de Eslesbi Jolestain.

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            Pero no nos dispersemos en el marasmo del pasmo que es síndrome más grave si es que tal cabe que la ecolalia en Italia, con que inventaron la ópera. Y pasemos como es lógico a otro asunto completamente distinto, titulares y acabamos: la venta de audiolibros ha aumentado un ocho por ciento respecto al año pasado, según el mismo informe los compradores se comprenden mayormente entre los treinta y los cuarenta años. Luego ya no, se descubren autistas y se desentienden. Es lo que pasa por ponerse, y cito, “a leer de oídas a esas edades”.

            Porque no, no se refiere a cómo leer garabatos en un indicador de carretera como Eslesbi Jolestain sino a colecturas de oído de una palabra de viva voz ajena, de entrada de otro, pero del otro oído por el uno de salida. Y porque sí, hay que darle crédito a estos oídos: la reportera que no es Alba Bea sigue usando el verbo leer para referirse a un audio en primera persona, como el presentador, aunque no es Mino Moral. Da igual que el escritor escribiera y no cantara ni hiciera teatro sino sonetos, debe de ser parte de la batalla del relato por dar al relato de la batalla alguna forma específica del informar periodístico, a poder ser como informe. Da igual la teoría de géneros desde Aristóteles mientras no se toquen el elejetebí ni el deuvedé, que en lo tocante a su derecho a no ser tocados por quien les toque y a tocar no lo que les haya tocado sino lo que escojan son tan intocables como ópera de Vagner, indefinitamente estando en Ello que es el género del frutero. Da igual en qué modo imaginando cuál tú se diera una palabra cumplida en prosa de protestante eslesbiano o converso judío, porque el derecho de coautoría autorizada es tan sagrado como permanente y no se puede andar rizando el autorrizo coautorizado para alterar con un alter ego, y menos el que llegara primero, la cointegridad cointerpretativa de la obra haciéndola cobra ni en una cocoma ni por un momentín pirurín, volvemos en cuarenta segundos, ¿adherencias por coherencia?, olvida la cola de tu abuelo y pégate a Esgae, que se lleva colgando y no se te cae.

Y da igual porque este nuevo modo de leer de oídas, y lo dice una periodista experta, está ganando muchos lectores en el colectivo de quienes habían abandonado, y cito, las citas con tales placeres solitarios. Como el de hallarse entre nacionanistas eslesbianos y tertulianos jolestainistas, entre placeres solitarios colectivos y colecturas de oído, de repente y de renglón un zurcido inaudito y aun así colegible en que no cabe entender a ninguna audiencia nacional mayúscula o minúscula nada en absoluto, ni indicios siquiera de revelarse secretos ni segregarse rebelde nadie de algo que es, la verdad, inocente como un autista sin enterarse de nada.

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