Heimweh

En una república ideal la vida es un asombro continuo, como se sabe desde Platón, principio de la filosofía, merced sobre todo a su retransmisión pionera a la caverna de una televisión produciéndose en directo, desde un lugar celestial en cuyo nombre no querer acordarse ya por lo visto de las ideas sino al revés: exclusivamente por la idea que se tiene de lo obvio que se añora en adelante por detrás, la verdad, para asombro perpetuo de toda posteridad anterior o posterior que tampoco podrá dejar de acordarse incluso en lo nunca visto ante la actualidad de nostalgia tan inmemorial.

Pues ahora resulta que desde Barcelona, como se sabe principio de la república desde los memorables sucesos del mítico Octubre rojo y gualda o gualda y rojo aunque igual da igual, que para algo se es mito de cumplida identidad se mire como se mire, y como es obvio lo mismo mirando por el derecho a resarcirse del revés como por un revés del derecho aunque no del otro y viceversa, ahora resulta que desde luego por principio lo que echan en falta desde siempre los nacionanistas de todos los colores para negociar por principio desde luego aparte de un estado patrio o una patria estada es “un espacio estable”. No un establo espacioso como se hubiera dicho según toda apariencia cualquier cavernícola ciego para el ideal por más que, ciertamente, podría comprobarse en cualquier momento que en verdad no andan herrados en la actualidad, eso es un hecho.

Porque si “estable” significa una posición invariable respecto a un espacio de referencia común, incluso políticamente hablando, un “espacio estable” para establecer posiciones referentes al espacio de referencia estable a establecer, o sea al referéndum al que referir el diferendo de referencia sobre la diferencia de identidad inferida tanto tiempo diferida para poder acordarse por conferencia, dado lo insatisfactorio de las transferencias desde tiempo inmemorial,  no ya de sendos padres y madres incluso con añoranza hasta la quinta generación, sino incluso de dónde y cómo empezó frase tan asombrosa que del final ja parlarem porque entretanto no hay manera de acordarse, ja meine Männer und Frauen, das ist entonces tatachán otra especie de círculo sin duda especialmente vicioso como nunca se vió, incluso hablando políticamente,  en espacio estable alguno fuera de una caverna de fábula en cuyo nombre no querer acordarse por lo visto de las ideas sino al revés, pongamos una biblioteca.

 Luego entonces ahora, como lo mismo se viene sabiendo desde el apogeo de Platón en círculos gnósticos hasta las cuadraturas del esotérico de Viena, bajo el signo de los signos sobre el signo igual se trata de uno más de esos iniciados sin fin y sin principios, sin saber pero a sabiendas, como borricos ansiosos en pos de la cola que siempre traen eso sí guarnecida con carotas suficientes para que importe un rábano saber salir.

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