Tiempo habrá

Está claro que alguien acabará a tiempo la vacuna para salvar a los supervivientes. Del coronavirus, lo otro no tiene remedio. “Tiempo habrá de pedir responsabilidades”, “No es momento de dudar, tiempo habrá para debates”… O no. Pero no tienen remedio, el único final que pueden imaginar es el que puedan imaginarse estando para imaginarlo.

            No sé qué solidez tendría el argumento de que sería mucho pedir otra cosa a pueblos idólatras. Por mucho que pasaran del Altísimo con barbas a la Razón con tetas, ambas generosas por definición, y de ahí al bosque sagrado no de Dodona ni del retablo de las maravillas sino del Jolibud. Todos no menos prolíficos y ubérrimos por definición, salvo acaso en una cosa: la sobriedad de la definición.

            Pues donde todo ha de ilustrarse para ser plausible, tan pronto entre en danza la nada de nada se acabó la verbena. Así es que en realidad esta pesadilla que ahora solamente ha hecho eclosión, al calor de la fiebre supongo, es una puesta en escena vagneriana del argumento más tonto sin comparación, lógicamente, que los siglos vieran, el tontológico. Pero bueno, tiempo habrá de discutirlo más adelante… en el texto.

*

            Que el camión que surgía del asfalto en lo alto del badén no era efecto óptico y en realidad no ensanchaba, venía, y que acaso la confusión creciente entre pantallas y badenes fuese lo que explicara el número y magnitud crecientes de las juveniles hostias autopropulsadas, y heteropagadas, eso sí que era con toda seguridad argumento desechable, lo sé por experiencia. Por no abundar en más figuras de la fórmula, que no forma, bien sucinta y barata de producir, ¡ah!, ¿pero de verdad había alguien más? Que viene siendo la canción de cuna desde, por hablar como, si eso es hablar, ellos, la nunca bien ponderada y menos discutida transición del estado del movimiento al de la movida. Esa reposición con trajes postavernos del egoísta moderno, sus bigotitos de Armand y sus boquillas de Salomé postal (a pagar en destino). Por otra parte, y por seguir buscando forma, penésima reposición del argumento ya casi milenario en que el papel de bufón le tocaba a Gaunilón.

            Porque sí, de eso se trata: el existir que con suerte cesa en cama o camilla de La Paz o Txagorritxu no es replicable, ni el camión rebobinable, ni la nada franqueable para nada capaz de franquear, puesto que es su camisa de ser a llevarse puesta por fuerza adondequiera se vaya. Tan simple como que uno no puede librarse por mucho que acelere del cretino del retrovisor. Pero eso, justamente recordar eso es lo que ha venido siendo el papelito de mierda y las dos líneas que le tocan al papel de bufón. En esta obra incuestionablemente de estreno a perpetuidad. Y como todo el mundo sabe, ante un susto de muerte los gustos estéticos no cambian, opinan.

*

            Es obsceno el florecer de la salvia precisamente esta primavera. Ni viene ni va a ninguna parte y está. Aquí, no se puede pedir todo, en una tierra que heredó de sus abuelos la diferencia evidente entre ser y estar, aunque de tanto le haya servido como su boina o su memoria, si acaso para adornar.

            Pero tiempo habrá para hacer disquisiciones y filosofar. Que de poetizar ni hablamos, no estando para bollos el microondas ni habiendo quesitos ni perfume que anunciar. Como no fuere ese tufillo que se empieza a alzar y que se diría, no sé, un queso agusanado o sin duda algo danés. Aunque tiempo habrá de discernirlo, conque para luego es tarde seguir con lo urgente del tiempo que habrá.

*

 

Comments are disabled for this post