Ecos de la peste (VI)

 

… en el escenario actual cabe ya esperar cualquier cosa.

            El país está conmocionado o perdón, entrando entero en Choc de los Grandes provincia de Ayaimeiría; que caber cabe, aunque ya es prodigio. Pero ante todo porque incluso se diría que parece empezar a insinuarse algo que a duras penas cabe en imaginación civilizada alguna, ahora va a resultar que el mejor medio de contención preventiva venía siendo no vivir como ovejos y ovejas naturalmente en la España no vacía: que es donde ya como en toda doble negación, o triple como San Pedro de lo que se dice querer por salvador, ahí sí que es donde todavía cabe ya esperar todo aún. Incluso un médico.

 

Medidas de gravedad

            A Newton fue una manzana, aunque se trata de algo grave por igual en ambos casos. En el mío, la medida de gravedad de esta epidemia me la ha revelado de repente una medida oficial de gravedad indudable: que sea una situación de urgencia excepcional la que lleve a altas autoridades del estado a enseñar al país, por todos los medios públicos o privados, no los trapos sucios unas de otras y ni siquiera en los entreactos publicitarios lo que desea, sino lo que hay que hacer. Algo sin duda tan inusitado que yo ni siquiera recuerdo haberlo aprendido, seguramente a la vez que andar, como lavarse las manos volviendo a casa y usar pañuelo al estornudar en vez de un vecino.

            Pero es que la infección viene de lejos, yo sugeriría al CSIC empezar por un par de casos tan lejanos que tampoco me acuerdo, aunque desde luego muy posteriores a mi aprendizaje de lo que es y no es buena educación. Así de memoria el más prometedor, aquel verano que se empezó a propagar por todo el país la recomendación de ponerse a la sombra y llevar sombrero a más de beber agua cuando hace sol; aunque lo de fomentar el hablar en persona con los viejos que están muy solos a través de las ondas para el público en general tampoco parece estéril, y otro tanto lo de no tirar por ahí  la basura como los mocos y pío pío que yo no he sido, eso sí lavándose las manos en el acto, que como hoy se sabe era y es sumamente recomendable en cualquier contacto con el prójimo suponiendo que aún exista algo semejante o cosa que se nos parezca.

            De manera que yo, para acabar de una vez con esto, sería en fin partidario de cortar por lo sano como se lograre hallar, y en vez de hacerse por lonchas, descerebrarse de una vez a la china toda la población y por su propio gobierno. Que siempre ayudará, dada la extrema urgencia de un caso cuyo síntoma más inquietante es no saber ya nadie ni cómo hacer ni lo más elemental, sobre todo mirando a su propio gobierno: aprender a mirar siempra cada quien por su propio gobierno y jamás al revés.

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