Argumentar contra el pragmatismo como origen y destino de la palabra, y más con un teórico profesional del lenguaje, es prácticamente tan inútil como argumentar él a favor sin el menor rastro de interés práctico. Ni teórico, o sea con el mayor desinterés que pueda haber más o menos, salvo error mayúsculo, como el de Habermas. Conque a qué discutir, no sería práctico.
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