Un poquito de por favor es castiza figura para lo que llaman sus señorías más ilustradas sentido de Estado o talante negociador, cortesía parlamentaria o consenso de transición. Nunca jamás a estas alturas gramática parda, pero siempre en torno a supuestos obvios, paradigmas implícitos y normas no escritas, si ya no colegibles inconscientes colectivos (pasados de moda desde que la inconsciencia se telesirve a domicilio portátil y ornamentable o perdón, personalizable). Que tiene su gracia y cómo no su poquito de ¡por favor!, pero ya con admiración multiplicada en cortejo de follogüeros influyentes y fluídos mamacallos diversamente univertidos. Sobre todo atendiendo a qué sigue justificando oficialmente cargos representativos, tenencias de palabra y trenes de vida a alta velocidad: exclusivamente la capacidad de abogacía y portavocía para explicitar y generalizar lo que el cuerpo social en su inconsciencia no alcanza a decirse, sólo a hacerse. Que no es poco, ya que a veces le alcanza hasta para hacerse el diputado o el columnista como poco desde San Jerónimo o San Simeón el Estilita.
Vamos, que tan castiza figura atañe al mismísimo punto ge de los sistemas representativos hasta en política, que inexorablemente acaben pidiendo un poco de difumino y salivilla para lubricar su funcionamiento estrictamente a título de rigurosa gerencia de una u otra franquicia de idioma, proveedora en exclusiva de identidades a las difusas semejanzas tácitas de lo que quiera sea sentido común entre semejantes. Y que por lo visto debe ser mejorado e ilustrado por lo escrito pongamos enviándolo a la universidad, como es obvio desde lo del Cardenal Cisneros, para que ya se pueda enunciar lo que otros simplemente han hecho con voz propia como portavoz titulado: caso casado y sobreseído de la misma a dúo.
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Conque un poquito de por favor, y qué expresión tan castiza. Se lo digo a mi mestiza la perra Nui cuando solícita acude a un lugar común para interesarse por el estado de bienestar de mi cagar y sí, funciona, que de la misma evacúa la pobre por donde entró. Que no lo digo por escandalizar y ganar televidencia y audiencia, obvia y obaudiamente contraproducente en tales condiciones de producción; ni mucho menos por ser partidario en tal circunstancia de la lucha genérica por el relato en tercera persona, retrato en primera mediante no obstante. Es que para hablar en general por desgracia no tengo publicadamente, ni en prensa siquiera, borrador de anteproyecto que permitiera tal acceso febril de cualquiera a la ilustración gráfica para mejor informarse. Y por redundar en la idea para que mejor se entienda, claro, tampoco por norma genérica en mi caso/mi casa ninguna que lo permita sin más que un clic clac, así sea de pestillo o percutor ni de ratón o gatillo. Conque a fortiori en culto, y en castizo por güevos, menos aún para autorizar el acceso autorizado a tan sensible información sin autor en primera persona que está ocupada en semejante lugar común del discurso, un poquito de por favor, actualmente en curso mejor o peor que esta edad mía no perdona a nadie.
Lástima grande. Pues a duras penas se encontraría mejor lugar común para meditar tan fresco y sin interrupciones indeseadas, si lo sabrá mi Nui, en torno al higiénico papel de la prensa en una democracia tan estética y cómo discernir en él lo común de lo privado y su contrario, lo privado de lo común. Porque ¡un poquito de por favor!, si lo sabe hasta mi perra, que castizo o ilustrado todo dios caga tan en privado que resulta lo más común, pero habla y escribe en cambio y hasta firma letras de cambio como autor privado de lo que es sentido común por todo el mundo, que es decir sin idioma.
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Y en ésas estamos, mi perra y yo sobre todo, pero aun así parece que nos entendemos y el asunto se sigue despachando mal que bien como se puede, entre un poquito de por favor y por favor dé un poquito. Un giro de nada, una transferencia minúscula de acento o un déseme ése con una simple palabra al 112 por ciento, un poquito de por favor, que encima siempre le saldrá gratuita por parte de abuelo porque de nietos ya veremos. Pero salga cara o salga cruz no siendo ambas como la del Calvario, que aún la estamos pagando, el caso es seguir anunciando que el Word se ha hecho carne de libre acceso por cualquiera de las infinitas que tiene, clic. Y por consiguiente como es patente, clac, venid y vamos todos con flores y capullos a Babelén a patentar cliclac la Santa Interfaz de Turing en pleno turrán o to run sin problemas de parada ni pararse en más problemas como marca registrada de nuestro entero ser por la cara, única pero mucha, de tan poliédricos tiempos, lo polifacético de sus yóes y lo poliafónico de sus voces por no hablar, claro, distinto, del nuestro yo de mi Nui y lo poliladrídico de la interjección impronunciable con que se marcha. Que aun queriendo decir que me vaya a cagar no voy a traducir aquí porque no estamos en prensa, sino ya en el aire con el culo en cabeza como siempre para no quedarse atrás.
Conque un poquito de por favor, ya que nada es seguro salvo que Todo es mentira es cabecera registrada y Epiménides conductor del programa. Y por que no se descarríe y llegue a usar como título en pantalla Führer o Duce sin traducir, un poquito de por favor, qué nos queda sino un poquito de sentido del tacto a discreción de continuo aunque de continuo discreto, que la buena capa de edredón todo lo tapa o si no un buen fotochop, como no sé qué decir por modelo de discreción, ya puestos como en Gran Hermano o incluso en Hermano Mayor de esta cofradía, que tampoco nos queda otra.
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Y es que un poquito de por favor debidamente ilustrado no le viene mal a nadie, ya que le viene de casta hacer milagros francamente castizos. Como restaurar a base de anuncios y exhortaciones el beber agua y llevar boina cuando hay calor, el sentido común y la confianza mutua con fianzas o multas por mear fuera del tiesto o por fumar dentro, y la compasión sin pasión pero con pasos polícromos y poliédricos en 3D a la vista del drama de una existencia irrepetible cualquiera. O lo que es decir genéricamente hablando en clamorosa poliafonía de tercioprimas personas, coral a medias y a medias coanal como mi perra y yo, del relato vívidamente padecido o drama relativamente vivido según. Eso sí, siempre que vengan procesados en procesión por pasos bien medidos y mejor contados, sin visiones invasivas pero con televisión en directo de lo que nos es más cercano desde lo más lejos posible; pongamos, donde la pantalla nos ilustre cómo debemos levantar la cabeza de la pantalla y por qué: por favor, pero sólo un poquito, no sea que entretanto nos perdamos el favor que nos hacen aunque sea poquito.
Que no digo que sea mala preposición de partida, por favor: aunque aún podría plantearse en favor quizás de nuestra salud mental a favor de qué. Aunque el juicio de la crítica es el juicio de la crítica, y el que atañe a la crítica del juicio sigue estando ahí, y un poquito de por favor a discreción no le hace mal a nada que sea sentido común por ejemplo, siempre que sea ilustrado por un profesional pongamos como yo pero por ejemplo. Para que así ejemplarmente ilustrado se entienda con sentido lo que hay que consentir ahí y lo que no, pero por favor y hasta dónde podríamos llegar. O incluso sin favor absolutamente de nadie, sino por imperativo categórico de no categorizar lo que no admite réplica como yo por ejemplo, a menos que el ejemplo sea de cierta categoría que entonces tanto monta ya cuál.
Concretamente la estética. Y es que ya Kant caracterizaba a la Ilustración como una empresa, no me acuerdo con qué calificativo posterior, pero de ilustración tan digna como imposible en figura castiza alguna. Al menos de ninguna casta conocida que haya podido reproducirse hasta la fecha, salvo la milagrosa excepción acaso de la inmaculada concepción de María Rilke, Rainiero: que junto con otros como es natural alumbró al cabo esa preciosa aunque prematura y con poco peso pero estremecedora experiencia de la sintaxis moderna, no, sino ésas otras sub limes de lo insoportable que desde entonces ilustran lo que es la belleza de ilustrar entre todos, de palabra al menos, el principio de lo insufrible en prosa consumado por unos sufriéndolo otros en verso a consumir, o viceverso, pero jamás al revés. No tienen sino asomarse a un anuncio en pantalla y corear el slogan, o sea en su idioma natal la voz de los muchos que antes de mí hilaron y allende mí se esforzaron y se esforzaron en mi ser en red.
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Que tampoco es tan complicado, un poquito de por favor. Poniéndonos castizos basta un ejemplo a lo estadounidense para que todo se simplifique estéticamente y las ideas salten a la vista como canguros cuidando su bolsa; pongamos, que el que puede entenderlas no necesita la ilustración como en Jolibud y el que la necesita no puede entenderlas, como en Jolibud. Conque venimos a dar en lo mismo, que ejemplo más gráfico de lo que es el bosque sagrado de las figuras y su papel a la hora de dejar ver la idea es difícil concebirlo. De modo que se imponga ir a dar en otro ejemplo de lo mismo que es lo que se trataba de ilustrar, que es justo lo mismo que se trataba de ilustrar. Y con la misma simplicidad evángelica o baptista del buen salvaje en los mejores sueños no de Rousseau sino del California dreaming: que si no eres parte de la solución sí eres parte del problema. Y como lo que no es no porque no es no sí es no porque no es sí, queda claro que no, que debe de ser lo de la dialéctica negativa de adorno. Pero que si aún insistes en ser parte de la solución, entonces eres parte del problema de la cuadratura del círculo, el origen del lenguaje o la naturaleza de la historia como ilustración de la razón, y naturalmente como es lógico de la dialéctica de su discurrir dual mediante discursos para lelos: que no les dejas discurrir en paz con tu manía de concurrir y concursar.
Por no hablar ya como ejemplo incuestionable en la actualidad de un género de cuestión como la cuestión de género por antinomiasia, soluble con cucharilla como una tormenta en un vaso de agua pero tan sólo apoyándose en la barra/barro de lo inclusivo exclusivamente, como es patente, desde uno u otro de sus lados no siendo ambos como quien dice por antoanonimasia. Aunque muy gráfica/gráfico.
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Pero el juicio de la crítica es el juicio de la crítica y el que atañe a la crítica del juicio sigue estando ahí, entre rebelde o sedicioso como una salesa u otra en convento indiscernible no siendo dándose el gusto de un puro juicio de gusto. Así es que por favor un poquito de por favor que su pizca de arbitrariedad no hace mal a nadie, ni bien a buen seguro sino depende.
Conque aquí seguimos, pugnando en la incertidumbre por sacar hasta la luz algo duro que apenas podemos soportar, a la par que pendientes de un hilo oscuro como muchos que antes de mí hilaron y allende mí se esforzaron y se esforzaron, y como cojón de mico, por mear con la próstata agobiada por delante y por detrás en modo multitarea. Así es que Nui, cariño mío mestizo, hija de diez mil fuentes como cualquier noticiero fidedigno en la actualidad no te pongas así. Que haberte echado de este ignoto lugar común, donde no sin algún doler y sí sin ningún dinar se crea el terreno abonado para tan incógnita raíz común de nuestra verdadera, justa y real belleza, allende toda especie de diferencia de especies, figuras y rumores de libre acceso febril, no es motivo para que despechada sin más lo cambies por la decepción y el abandono de toda esperanza, y cruzando el umbral del salón en busca del sueño eterno la cambies sin más por el telediario. Que no te voy a decir que no sirva a la misma finalidad sin fin, pero por más que tu olfato sea sin duda mucho más fino que el mío para estas cosas, aunque también huele que trasciende en materia de ilustración de lo trascendente me da en la nariz que no, un poquito de por favor, aunque lo mismo parezca lo mismo no lo es al parecer. Al menos al público.
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