Filomena y los gomorritas

Me acucia desde niño la cuestión que desde antiguo le plantea el sodomita a quién iba a ser, al teólogo, ¿por qué tenía que caerle precisamente a la mujer de Lot la lotería? ¿Sigue siendo el nombre un destino ya prescrito desde que el mundo es mundo, o ya ha prescrito? Y si no es errata y rige, ¿se sigue cumpliendo que para cumplirse lo prescrito aún hay que escribirlo después, en tanto único cuerpo aunque etéreo del alma inscribiéndose con tiempo en el tiempo?, ¿no vale un perfil, de aluminio que es ligero o de histerigrama que aun más?

Claro, ninguna sorpresa si en la actualidad no puedo ver un noticiario con noticias de autor firmadas, por su carácter de hecho con interés general, sin caer en el marasmo en cuanto Mino Moral da cifras de la pandemia en Pâlencia o Alba Bea no acaba de soltar la noticia de sus labios de una vez, por no hablar del reportero del Amor que como de otra manera no podía ser sigue siendo inefable. Pero la pregunta es, Renygio del Hedor, ¿cómo se hemos llegado hasta aquí?, cuéntamenoslo tú que estás (para mí que no …sacudidas de cabeza como perro en parabrisas hasta que llega el aviso de estar en el aire y no en las nubes):

Pues sí (o en efecto), lo cierto es que con tales antecedentes como lastre qué podía hacerme yo, poeta, pero al no haber ya bacantes como hoy en día ni con be ni mucho menos con uve tuve, a fe mía, dada su resonancia y el eco que suscitaban a la sazón como oficio en Inglaterra o en Francia por su mucho beneficio y aunque hablar de uno esté mal, salta la vista, que querer ser publicista o psicólogo social por lo mucho que aportaban dicho con elegancia y sin ánimo aun de ofender, Dios nos libre, cosas de tal calibre y tantísima sustancia como son al parecer (aparte de anunciar zumos), por dar sólo alguna cita de trabajo meritorio, a sueldo de un consistorio ayudarle a darse humos de ciudad cosmopolita pero por naturaleza y con aires de grandeza siendo sólo de vil vaho, o ya puestos al dislate bautizar el chocolate con agua de Colacao y ayudar en el combate contra el hambre y cosas de ésas promocionando la venta de salchichas y hamburguesas desde Londres a Macao, pero con apio y gruesas, aparte de solidarias y con unas cebolletas francamente extraordinarias, que hay que ver lo que se inventa  en materia de recetas con tal de ser natural a más de eficientemente solidario con la gente, pues qué más cuenta al final, la corriente me refiero  que suele ser la normal, y cambiando ya de ramo desde ese oficio primero para dejar el reclamo por la asistencia social,  qué mejor empleo dar a mi prurito onomástico sino ése de ayudar con un método fantástico como se gasta en el gremio a suprimir (por un caso) las miserias acuciantes y el agobio del fracaso, y la angustia y el apremio sin duda alguna asfixiantes de haber de dormir al raso con sólo el cielo por techo y la luna por dosel borrándolos de un plumazo, y sin esfuerzo de hecho ni más que un simple cambiazo inscribir en un papel al figurante maltrecho y por si aún fuera poco titularlo de sintecho, que desde luego no es moco ni aun de pavo pascual sino indudable progreso en la obra de asistencia, sobre todo porque eso permite al punto anunciarla a toda la concurrencia como un problema social pero ya sin espantarla de su asistencia a la obra, encima que se le cobra y teniendo que pagarla,  que cualquiera ve al momento ser título extraordinario para un fantástico invento puestos a ser ya total y más que eficientemente solidario con la gente como psicólogo social, la corriente me refiero, pues qué más cuenta al final, pero el caso es que con todo no hubo ni forma ni modo pese a mi incansable esmero, y  por más que suene a broma, lo juro por lo más santo en el nombre de Sodoma, la cosa acabó en espanto de quedar petrificado aunque sólo faltaría peripuesto y muy salado y todo como Dios manda desde que Lot aun vivía, que al cabo en una entrevista o veinticuatro por día seguidas y de una chanda para buscarse un trabajo es lo que cuenta, carajo, y no lo de ser artista, mas en vano, que en dos años pese a tanto renombrar y a tantas nominaciones fueron mis aspiraciones por no llamarlas ya engaños las que se fueron al traste, y obligado a regresar con las orejas bien gachas a la prosa más vulgar no sin cabreo y pisar de despedida final algún par de cucarachas y recuerde, contra el insecto asqueroso insecticidas Hermoso, ay Dios,  ya quedó del todo claro aun para mí que no tenía remedio.

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Conque descartado asimismo diputado que no había o reportera que ni era ni es, como hoy, oficio para cualquiera con sólo que se sepa saber manejar la lengua, mi cuestión acuciante y yo fuímos envejeciendo en el olvido como novela de Dickens, de miseria en miseria hasta lo más bajo que es decir prestarse por dinero como nadie, aunque a decir verdad, mintiendo como cualquiera pues se sabe desde Freud que el placer radica en ello. Y así fue como acabé por ejercer de traductor pero bien, oh destino singular y excepcional y rigurosamente hablando riguroso, y así tuve que meter y sacar mi lengua en lugares oscuros por pasajes inenarrables sin necesidad, por puro gusto y sin hacer falta, y aun así por necesidad y desde luego sin hacer falta tube o tuve que hacer cosas indecibles con uve como con be desde la a la zeta y pasar como quien dice lo que no está los libros traduciendo al original, practicando por ejemplo con lenguas de nadie algo entre ingles sin acento pero a la brasileña o el francés del 69 pero de antes de Cristo, a la altura de Panoramix, con filosófos alemanes que me introdujeron de lleno como especialistas en teoría de la estética del agujero o al revés, o  del derecho, o de la historia incluso y del arte de la palabra excluso, claro está, el de hacer apropiada hasta la palabra impropia sin vuelta de hoja y no al revés. Aunque incluyendo claro el viceverso ante todo como arte insuperable de la prosa viceversada en qué iba a ser, en la viceversión,  y tanto que de hacer pasar tanto el original por duplicado en dos lenguas de una voz con nombre propio como el duplicado por original de alguna lengua a dos voces ciertamente prodigiosa, poco más y me hago experto viceversado en poner el nombre propio apropiado a andar en lenguas de todos lo mismo que los comunes de todos en la apropiada a qué iba a ser, a un nombre propio aunque ajeno: que si a la sazón no jugaba al mus con el Señor Dios no es que no me tuviera por colega de prodigios,  sino la mucha faena.

Pues tan bien debí aprenderlo, y también debía de hacerlo a lo que parece, que cayendo así cada vez más bajo al fin todo un El País, que ahí es nada, ni que fuera lo mío y estuviera prescrito, me nombró con todos los honores y encabezando la solemne columna de la cultura en su avance semanal para el cargo memorable de Don Fulano de Tal, que ahí sí que significa ser ya nada menos algo (o sea menos que nada aunque ya es algo, o menos algo cualquier cosa o sea nada pero más o menos, según). Y no es que allí supieran tampoco el árabe a la perfección, sino errata o descuido en el uso de la ficha, he aquí la cuestión (la eterna del gomorrita), prescrita con un vacío esperando a un nombre de verdad y propio para colmarla. Que no acababa de llegar por lo que se vió, conque entretanto mejor entretenerla como lo haría cualquiera con los medios a su alcance, al menos una televisión, dejándola ocupada en el acto pongamos con cualquier Triple X por agente especialmente cualquiera nominado para intervenir en cualquier caso y situación. Pero claro, tratándose de hacer patria aunque sea parcialmente en el nombre de todo un El País, qué podía esperarse más que nada por hacerse eco de toda una historia pasada y además tan renombrada sino tenerla rellenada, mucho mejor, nombrando por traductor suyo y su portavoz en la actualidad al tradicional e intransferible y ante todo inconfundible Traductor: Fulano de Tal.

            Y si esto no es un destino prescrito fijo e inamovible como notario o registrador, que resucite en su gloria el Señor Rajoy y lo vea o no según. Pero creo que basta lo contado de penurias y miserias, y de sobras, para hacerse cuenta cabal de esta locura en que me encuentro perdido y sin razón porque sí, pese a todo, aún sigo vivo y entre el Nosotros. Al menos  el de todo ese El País usado por lo común como nombre propio sin ir más lejos en cada noticiero donde al parecer, oh Señor omnipotente y ubicuo que estás en los cielos y las tierras además a la vez, quién alcanzará a decir la gloria de tus milagros, somos nosotros quienes tenemos lluvia en Galicia y una borrasca en altura en las Azores además de una sensación térmica de frío que te cagas pero en primera persona hasta en el obispado de Jaca y en las Canarias, a la vez además, un espléndido tiempo adverso a cualquier precipitación que es para tomársenoslo con calma y respirar hondo, y más con una irradiación lumínica propia de esta configuración atmósferica que nos encántales a todos y a todas claro porque nos recuerda ya no me acuerdamos qué, ah sí, la aurora boreal que estamos acostumbrados a ver en Laponia y que ya es una locura, claro, en que me encuentro perdido sin renos y sin razón porque sí, y pese a todo, aún sigo vivo y entre el Nosotros de este El País con nombre propio aunque sea por antoanonimasia prescrita de nacimiento como un destino interino.

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Hasta que hace algunos días en el canal nacional oí que se avecinaba un caos monumental en forma de una tormenta y con nombre bautismal, y como un eco admonitorio de mi pasado ancestral supe que se acercaba con certidumbre absoluta como a ciudad disoluta en la Biblia nuestro final, que por eso estoyamos hoy aquí escribiendo febriles en primera persona sobre lo que nos espera, a mí nos lo van a decir: que se acabó la interina porque llega la titular, la cagástrofe me refiero. Y que esto será ya toda una locura, pero de remate cabal y con una depresión en altura bien profunda a lo que parece, ya se aproxima y se crece algo desorbitado y del todo sin parangón no siendo por descontado el usual Armagedón en miestras mismas cabeza, si me lo sabremos yo (y el hombre del tiempo claro), pues en forma de bolsa o zapatilla con agua caliente en suspensión allá arriba  o con un aire frío para dejarte helado no siendo ambas cosas que es lo peor, siendo que es, lógicamente airada pero que mucho como cualquier vendaval sobre este El País se cierne una ominosa desgracia prescrita como fatal  con nombre por una vez propio que más no puede ni nunca podría ser para una tormenta perfecta y no, esta vez no me escaparemos ni bajo la mesa camilla, si me lo sabremos yo (y el hombre del mi tiempo claro) porque está prescrito, y os me nos lo juro por lo más sagrado, en el nombre de mi abuela Filomena.

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PS.-[7 de Enero del 2020] Vaya, veo que nuestro yo y mi hombre del tiempo hemos acertado, y en la primera parte al menos habrémenos ganado algún crédito siempre que nos lo concedan. Aunque la verdad no me alegre, que las segundas partes nunca serán buenas aunque sean nuevas, por lo que me acuerdamos.

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