Doctores tiene hasta la Iglesia
Mantener vivo un cuerpo humano es arte incierto y venerable, hoy venido a técnica sin la menor duda digna de consideración. Mantener humano un cuerpo vivo es otra cosa precisamente por eso, porque no lo es. Pero es que siempre ha habido doctores y doctores/…/
Viva the Pepa (del síndrome de Estocolmo en Campazas)
Que el congreso de la lengua española en Cádiz, y cito literalmente de oídas, incluya nada menos que un concurso de rap friestaile entre sus paneles, porque agenda les debe de sonar a griego como un programa en latín, basta para mostrar a flor de piel un sentimiento de la lengua tan insondable y como es patente tan apropiado en este caso que huelga decir nada, porque salta a la vista que ahí no hay más que hablar. A mí por lo menos me deja sin palabras literalmente día tras día, y cada día más.
Como no sea exclamar por la emoción del momento en alta voz y sin mengua con similar sentimiento y arrebatado en ésa su misma lengua en sintonía con el panel, hasta donde quepa claro, apuiz de pepa erizado hasta en la piel.
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Sobre todo por lo que un tal concurso tiene de síndrome, literalmente hablando claro de lo que es fidelidad crónica al traducir la palabra ajena en cualquier momento, y presentemente a la de nuestros abuelos. En concreto no del aragonés sino del griego en este caso paradójicamente anasintomático a un tiempo de descomposición de un idioma y condeposición a la par, a saber en dónde.
O sea concomitante, como quien dice en dos cursos concursantes de un mismo discurso o dos discursos en concurso pero en ambos casos para lelos, que salvo error opineal o pinealmente hablando al final vinieran a ser lo mismo o sea el síndrome griego, concursando claro con todos los síntomas de un concurso en latín. No fristaile, ni de oídas siquiera como aleluya de fraile o quirieleison de monja, y menos de rape, mas por no patinar más de la cuenta ya que estamos con pátinas y abuelos pongamos que el síndrome venerable del discurso concursante, en alegrías y penas a las malas o a las buenas en lo uno y en lo otro no siendo claro en ambos para no perderse nada.
Que en consecuencia a la vez cabría bautizar antes o después, cómo no, síndrome de Campazas y no ya por Fray Gerundio, por su célebre hipódromo. Y no sólo por su espléndida irrealidad de doble grada con arcadas barrida por el viento, con lo que eso abarata el mantenimiento. Sino porque permitiera celebrarse cualquier meteórica carrera de concursantes sin caballo o caballos sin concursantes e incluso con dromedarios sin concursar, o sea sin dromedarios concursantes estrictamente parejos sinconcursando a la par que es gerundio y típico del lugar, equilicuá, todos a una de levedad con episodios de ligereza galopante como el presente sin ir más lejos, por abreviar, con idénticos síntomas y pronóstico reservado de doble gemela en el original o quíntuple incluso antes de consincursar: grave afectación inespecífica del habla con sincretismo sin concretar, o consincretamente el greciberomano de Mayami y a lo que vamos, por lo visto cada vez más deprisa y por las pistas ya literalmente desbocados. A mí al menos me faltan palabras que llevarme a la boca, y cada día más. /…/
Si se puede (soliloquios en materia sive ratio espinosa por antonomasia)
Dar de sí cuanto se pueda en materia de tomar, sin importar qué ni cuánto ni sobre todo por dónde sea que se dé el dar: no me extrañaría que el conato de Espinosa se declare cualquier día patrimonio de esta humanidad.
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Lo siento, he hecho cuanto he podido, pero en cincuenta años de empeños es lo mejor que he logrado para dar forma condensado a lo que consiste en no tenerla, informe mucosidad sive filosofía oficial de la desvergüenza más conocida por su nombre artístico de pragmatismo: como en esta vida para salir adelante siempre se hace lo que se puede, lo que se puede se hace siempre . /…/
Andreína (o de lo sublime patético)
Que la palabra no alcanza a lo real es sabido en principio por la mayoría, y sólo por unos pocos tras intentarlo. Que además de inefable lo sublime pueda ser patético en concreto ya sólo interesa a la de algunos especialistas y claro está, a mi pobre razón pura y simplemente todo menos práctica, a lo que se ve interesada seriamente como órgano afectado por lo que ni se ve, ni sobre todo se oye. Y como por muestra de lo sublime inefable basta un botón desabrochado aún no, pero a punto, ahí están en vísperas del 8 deMarzo las sublimes palabras dedicadas al asunto en hora punta por la reportera en un telediario nacional, según reza el subtítulo también él en vano firmadas por Andreína Quiñones./…/
Y debo insistir: como hay un Dios sin la menor duda y es hembra por tanto les aseguro ser esto es tan rigurosamente cierto como apellidarse así uno de mis seres más queridos, de quien jamás se me ocurriría hacer burla de género alguno por motivo ciertamente tan pintoresco como onomástico; con que debería quedar claro cuál sordera es la que aquí me pasma por lo inefable de la parte de quién, y a qué. No ya al hecho de que un nombre sea un destino, tan inexorablemente y sin remedio como una elección ajena aunque esto suela olvidarse en el de una persona cualquiera, sino justo en el de una reportera ordenada y con carnet de oficiante del verbo; ni al sino evitable de mandarla a cubrir precisamente ese acto, sino al hecho de mantener a cualquier precio una firma en toda crónica de sucesos sin autoría definida, colectiva o inexistente como puro efecto de la naturaleza. O pongamos incluso como en ésa otra inolvidable de una muerte anunciada, unas jóvenes de vuelta de fiestas como efecto de un impacto frontal en automóvil , así como del impacto causado literalmente a renglón seguido, esta vez por la noticia, en casi todos a esas alturas salvo quizás las víctimas y el autor, del hecho; ellos sí anónimos y puestos a despojar despojados no ya de nombre, sino hasta de ésa su condición reconvertida en la de protagonistas de semejante impacto firmado.
Total, a destino cumplido para qué dar nombres, digo yo que será el implícito argumento aquí como en el caso de ahogarnos por la emoción las muertes en el Estrecho. Porque de cualquier otro modo, en qué cabeza cabría suponer tal sordera justamente en aquéllos a quienes su acreditada sensibilidad a priori a la palabra de oficio confiere todos sus privilegios y patentes, que salta a la vista, incluyendo el carnet no son pocos ni cortos. A empezar por el de abordar a cualquiera en plena calle o asaltarlo a la puerta de su casa con demandas importunas para sonsacarle algo, sin riesgo de ser tachada de buscona hurgamandera y colirrabiza en la actualidad que por algo es su patrimonio privativo. Entre otras cosas por extinción del verbo correspondiente, que ya su colegio profesional se ha encargado de borrar a estas alturas hasta la última mancha del idioma que pudiera quedar por vulgar lugar común, de cuyo nombre no poder ni acordarse aún no habiendo ya. Ni queriendo.
Y eso teniéndolos todos de oficio en la punta de la lengua por no decir en vanguardia que es galicismo y estando ya en ello todavía a punto de aparición, como quien dice en prensa, de un momento a otro a perpetuidad en cualquier intermedio rayano literalmente en sublime entre dos anuncios: todos de buenas nuevas seguro porque a diferencia de pizzas, compresas y precios impactos frontales o terremotos no se anuncian, se cuentan, por bajas o por renglones/segundos depende no siendo ambas según. Que es decir directamente o en diferido en ese preposmoderno Tercer Estado del Trance 2.0, consagrado como nuevo lugar común de oficio divino en vísperas perpetuas del advenimiento del verbo , y compartido con teratopeutas o comadronas/ drones depende para ayudar a venir al mundo o partir según como se llegó: ya o todavía depende queriéndose decir y balbuceando sólo, fieles amantes como hablantes hasta el final del idioma de su patria conatal, la del todo a medias y el conato como lengua conativa del querer decir de lo inefable o viceverso en viceprosa viceversada en lo de informar, y en una palabra lo que se dice informe.
/…/ esa misma sordera inefable, por volver a la noticia, con que ya se nos habemos acostumbrado en un santiamén a defender desde un tiempo inmemorial el derecho de toda mujer en general y de una cualquiera en particular a negarse afirmando en el acto que lo diga quien lo diga antes o después no será no y no lo habrá sido aquí o en Fernando Poo, depende, o porque no es no o porque no es sí y además a la vez según. Que como muestra de respeto a la palabra ajena en cualquier circunstancia y desde todo punto de vista es no ya botón, sino velcro de bragueta que los tiempos cambian más que suficiente para dejar sin palabra en pasmo sublime por lo patético en concreto.
Como que oyéndoselo a Andreína y con tanta razón de su parte también la mía, aun sin pretenderme ni de lejos Kant, se me iba quedando a ojos vistas tan patéticamente corta que no sé si podré recuperarla jamás. Y tanto, que pese a seguir buscándomela como un poseso al instante sin ir más lejos yo tampoco pude dejar de articular, siquiera un par de silencios patéticos siguiéndose en columna solemne y dominical, cuando irrumpió desfilando en pantalla a continuación una multitud de uniforme lila no ya inequívoca sino unívocamente femenina como una sola voz reivindicando el derecho a la diversidad como iba a ser, como un solo hombre, probablemente Clitoriano de nombre a no ser Higinio o Cunegundo porque Andrés ya apenas se lleva, o casi tan poco como Andrómaca o Andrómeda sólo por diminutivo en la intimidad, y desde que muriera Yulbriner el de turgente occipucio ni en sueños llamarse Taras en su defecto, probablemente sordera, y menos apellidándose Bulba que ya rayaría en delito con toda certeza de odio. No de ortografía que ya no se lleva y menos mentecatez, que diga lo que diga Don Inmmanuel no está penada de ignorancia culpable perpetuamente revisable a fines de ampliación.
Así, no me quedaba sino despedirme y cerrar la conexión buscando eso sí la fórmula correcta para no ofender, que más aún en fecha tan señalada no ha podido ser de otra manera sino desearle a Doña Andreína lo mejor en el acto y que no pene, sobre todo no pene señora mía antes de pasar del todo y a otro asunto completamente distinto, claro /…/
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