Abortos

            Oídas las razones de unos y otros manifestantes sobre el derecho a la vida o a interrumpirla, no menos discrecional, y puestos todos a hacer juicios de valor sin la menor duda he de convenir, a pesar mío, en ese tan conocido como sutil argumento de que la ley del aborto presenta como poco un defecto de nacimiento al haber visto la luz demasiado tarde.

        ¿Derecho, a la vida?, ¿así es como se aprecia un presente incomparable, con balanza? ¿Y por qué no a caer hacia arriba asimismo por derecho y sin más? ¿A un cuchillo sin mango ni hoja, como la vida misma mera quimera verbal, carente aun de filo pero ante todo de derechos de autor? ¿Y así poder reclamarlos al punto sin cita previa ni posterior, salta a la vista, resueltos a defenderlos como su misma vida, caiga quien caiga a cualquier precio vivo o muerto y fuera o dentro de la caja ya y aún sin decir ni miau, ni pío, ni en suma una sola palabra de verdad para los restos?, ¿pero eso sí desde el mismo principio decidida y resuelta siempre con una absoluta indeterminación?, ¿y a qué?, ¿a vivir así a bulto y sin precisarlo, como quien dice a granel, en conjunto genérico dispensable sin prescripción previsible ni más receta que la adicción? /…/

        Pero, como en esta vida no he pasado de doctor y ni siquiera en salud pública o medicina del cuerpo social, sólo de un alma y privada encima, viniendo a lo concreto por único consuelo hasta la fecha ignoraba que un latido pudiera considerarse información, y no muestra sintomática, o sea indicio que manifiesta pero no signo que dice. Mas por qué no, cuando berridos y bramidos lo son plenamente conforme a definición ya que reducen a cero la incertidumbre de qué sea hoy política en España, la actividad refleja de un ser humano apenas formado pero ya con todos sus derechos como persona pese a estar aún muy lejos de alcanzar el uso de razón. Que de palabra mejor no hablar conque por escrito menos, ya ni por pienso en prensa.

        Donde nace justamente sin fórceps ni cesárea como una seda por más que sea de telaraña mi perplejidad. Pues no se puede imponer por terapia oír los pálpitos cordiales de un feto, ¿por qué sí los buconasales de otro como noticia?  Dicho esto por supuesto sin ánimo de ofender, sino de entenderlo además conforme a su propia definición, según la cual se trata de una persona ya respetable en su integridad aunque diste mucho de haberse formado y alcanzado el pleno uso de razón et caetera similia que es decir en latín, por si así no se entiende, el uso de los demás y naturalmente las demás cosas semejantes porque vidas de feto o viceverso en prosa, total son de esas cosas que vista una etcétera porque al final ya se sabe, son todas iguales desde un principio y eso es aquí lo único que importa, la igualdá/ el igualdá, sin discriminar ni por asomo y desde luego sin la menor distinción todas una cualquiera a tratar en el acto como tal, con lo cual, y con tal que dé igual porque total visto y vista uno y una visto el resto y la resta de etcétera y etcétero, nada, problema resuelto, y como es lógico ya sin mediar palabra porque en el fondo de un tal asunto y de los demás semejantes no queda ni puede quedar más que hablar no siendo claro, porque sólo faltaría, escuchar. Que es cosa siempre importante y en ocasiones hasta vital siempre que se haga prestando oídos con el mayor interés, porque faltaría más, a un latido como quien dice sin voz todavía y como es natural sin labios para abogar por sí mismo no siendo, como es lógico, mayores o menores cuantos se quieran prestar en el acto y de buen grado a un pálpito así, que entonces sí como es lógico y natural ya no hay ni puede haber más que hablar y punto.

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        Aunque como es natural y con tanta más razón cuanto más se siga en estado hasta tal punto subrogado de necesidad, ya no sólo de buen grado y sin hacerse de rogar: sino jurídicamente hablando claro a prestarlos con el añadido del ya mencionado oído como es debido sin el menor interés y con la atención obligada no sólo a su testimonio oral, con cualquier otro eco gráfico que como es natural por escrito pudiere tomarse del mismo, ante todo asímismo incluyendo a sus semejantes de toda especie con cualquier otro rumor asimilable que como es lógico pudiere tomarse aun sin tales pruebas de oído por un genuino pálpito como tal, aunque como es natural la obligación en tal caso se entienda lógicamente sólo a efectos de información y de facto en exclusiva, como es lógico y natural, sobre el derecho a la vida.

        Que de fijo como es natural y lógico probablemente a la par ya no deje ni pueda dejar más que hablar en este asunto al jurista de derecho positivo como al médico internista, la comadrona o el anestesista, y por lo dilatado de su experiencia asimismo al celador del archivo y la paciente parturienta en la sala de espera aunque pasajera sentada, por simple precaución, junto al taxista con prisa, el capellán con su cruz y el electricista de urgencias con su herramienta cabe la máquina de café y soto el reloj tiquitaca con sus agujas abiertas, asimismo por su experiencia en dilatar el tiempo y repartirlo sin tropezarse al unísono incluso el repartidor que pasa flores al cielo con la pizza en alto del que entra atropellado y con los goteros colgando del que sale hacia el quirófano por no atropellarse ya todos a una, en fin, pidiendo la hora de intervenir aunque sea a la parturienta paciente todavía y como ahí sí que ya no hay más que hablar, dado lo dilatado de su experiencia y como es patente que ya no cabe dilatarla más,  todas y todos venga a hacer declaraciones y en sus distintas versiones tan floridas como sabrosas, aparte de fluidas en los goteros,  tiquitaca sin parar sobre el rodar de las cosas, el agridulce sabor del tiempo con alcaparras y el fluir de la vida en general tan fugaz, ay, que al punto van a dar a la mar de profundas cuestiones y eternas acerca de dónde están las flores de antaño, cómo se fizieron los infantes de Aragón  desde siempre hasta hogaño y sobre todo por dónde, dada la urgencia, llegar cuanto antes por derecho  a la vida de cabeza o a su servicio al menos cada quien como pueda, que es lo suyo, puestos ya en pie en el umbral con los goznes de vaivén que también y por no ser menos  chirrían por experiencia lo que sienten al respecto junto a la camilla y al electricista que recoge su herramienta, a la parturienta y a la máquina de café rompiendo aguas en fin, y  por no dilatarlo más, no habiendo ya ni dejando tanta y tan rica experiencia más que hablar al de la pizza que pasaba devuelta, al tiempo que sigue pasando y al que pasa a cada instante la fregona, al que lleva en carricoche los residuos peligrosos a otra zona y al psicólogo en persona aunque parezca imposible haciendo su guardia en fin, de qué iba a ser, de sus diversas razones lógicamente cortas para no dilatarse y ceder la palabra por derecho a la vida y sin más el micrófono en concreto, como es natural, al reportero ecográfico e incluso al feto como es lógico  con el cámara el sonidista y la madre que los pariera en su caso o no (que la libertad de expresión ya está grabada, y es lo que importa, en su propia constitución desde un principio irrevocable como quien dice desde su mismísima gestación) para que hagan lo propio en el acto, pero en directo con ella y con su experiencia tan dilatada mucho mejor,  naturalmente hablando como es lógico en sentido figurado de lo que está en juego con algo tan apremiante en dilataciones literalmente críticas como ésta, y tanto, que a la vista está incluso diferidas en directo podría decirse que las sensaciones siguen siendo buenas al pie de la letra, donde la firma, las impresiones cada día mejores sin comparación incluso en 3 D para seguir dilatando como la que más, y sin hablar de las perspectivas no menos incomparables del abogado en este caso con todos sus semejantes porque dicho de paso, y visto uno vistos todos etc., son ellos quienes aquí en verdad luchan como un solo hombre por la vida en general  defendiendo como la  suya misma caiga quien caiga, a las buenas y a las malas hasta que la muerte los separe e interrumpa jamás voluntariamente, huelga decir, el derecho a la vida. Aunque como es lógico o natural no siendo ambos sobre todo al revés, irreversible e irremediable me atrevería a decir, en que de siempre se funda y cuyo remedio sustenta la vida del derecho desde su nacimiento y es más, sobre todo y sin remedio desde mucho antes y me atrevería a decir que con independencia de cualquier concepción: haber venido a este mundo siendo el suyo. Y donde no habiendo otro, no hay más que hablar.

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        Total, que se me sigue escapando por qué razón jurídica puedan los abortos tomarse por asesinato mientras no se coman los fetos, en cuyo caso claro pasan a tomarse por huevas para desayunar  con  caviar, y naturalmente atendiendo a la igualdad de género entre especies por huevos a todas horas  que  entonces sí ya no hay caso, ni aun para la más ferviente zoofilia(que es en puridad como un celo tan ardiente de amor por la vida sin limíte ni traba de género ni especia alguna debería llamarse siempre que se lo invoque, eso sí, mientras se practica el griego).

        Porque lo otro se llama biología, y por lo que se ve en este caso  ni se la espera ni se la ve; y tampoco parece por más que se busque que se la vaya a introducir por una parte ni por la otra en su matriz teórica ni en las más prácticas, las de publicar, en una discusión de términos jurídicos tan potencialmente fecunda como ese mismo derecho a la vida. Pero el caso es que alguna razón ha de haber, alguna especie de criterio o viceverso que ilustre en prosa por qué la suya merezca ocupar la entera redondez del planeta antes y con más derecho que cualquier otra especie de sartén, parrilla o cacerola que sirva igualmente a un imperativo tan categóricamente universal; como desde Kant se sabe, brindarnos indicio sensible a gusto del juicio o viceverso de cada quién, eso sí, de nuestro auténtico fin que aguarda ya en ascuas y a la legua se huele que trasciende del diario trajín.

        Pero ahora mismo no soy capaz de encontrarla, ni por más que lo rumie siquiera palabra que llevarme a la boca para expresarla y no digamos asimilarla con algún provecho. O yo estoy muy verde o será que es demasiado cruda, la verdad, para estómagos tan delicados.

        Y tanto, al menos, como algunos paladares y no pocos sino más bien en tropel que por no decir jauría tampoco toleraría jamás bajo ningún concepto, si acaso en exclusiva como ilustración informativa, ver semejante maltrato ni de otra especie sin fundamento salvo ésa precisamente. Sólo si acaso ejecutarlos. Y como es lógico o natural en la mas estrecha intimidad, como exige en todo caso el derecho a la vida incluyendo el de ser privada y el de privarse de una cualquiera; por no privarse de nada, hasta de sí misma en principio. Que cañas aparte es lo que tiene de grande esta libertad nuestra siempre que se cumpla, eso sí, como en Roma en persona o en Japón con los ancianos sin tapujos ni doblez en debida forma: que implica otra forma de vida, obviamente cultural, ergo como es natural lamentablemente no cabría aplicarse por singular excepción en nuestro caso y q.e.d.

           No embargante lo cual,  y  salvo esa excepción que sigue estando penada por ley, cómo de cabal y cuán de sensible y alerta no será hoy esa intolerancia, que a las primera de cambio se manifiesta en la calle lo mismo con un maltrato de palabra o de obra de ancianos mujeres y niños que de inmigrantes o animales, aunque parezca increíble así como suena. A tal punto, y  cito en este caso al actual jefe de la oposición al gobierno se sobreentiende, de  “que nadie cuente con nosotros para estar contra la violencia de género”, humano se refiere seguramente. Postura no por consabida menos elogiable en esta ocasión por su sinceridad, que garantiza desde luego no poder llamarse a engaño desde un principio pongamos tras cualquier votación; y menos desde uno como éste de intolerancia sin límite, por más que quisiera referirse en sentido restringido obviamente a estar en contra de negar el concepto, no la cosa, y luchar contra su aplicación, de cuál de las dos cosas es lo que no acaba de estar  claro como concepto. Pero en todo caso tanto monta, porque eso no quita que jamás la admitiría bajo ninguno y sí acaso como ilustración en exclusiva de materia tan sensible que salta a la vista, cualquiera puede  olerse a la legua pues se palpa en el ambiente, con más o menos gusto de unos u otros mas para eso están los colores, cómo de cabal será esa intolerancia alerta y cúan de sensible desde luego con todos sus cinco sentidos contra el maltrato, salvo quizás al del lenguaje y el del oído.

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        Es más: como que alguno podría haber que la hubiera llevado aun más lejos y extramuros del ámbito familiar incluso a campo abierto y más o menos a la luz del día, pongamos que de paseo con las primeras del alba a falta de mejor concienciación ecológica rebuscando piedras que cargar en brazos hasta su valla, hasta el punto de toparse medio oculta tras un tronco la televisión en directo de una silueta inconfundible, una grácil podenquilla aún pero ya sin inmutarse ni mover un músculo siquiera, quieta como un muerto, vivo retrato de un valiente cazador alertado sin duda por la presencia de un extraño invisible aún y oculto entre los árboles por los contornos; o yendo aun más lejos, para verla con más claridad, hasta el punto de querer acercarse lo bastante para ponerle la mano encima y agarrándole el cuello por el pellejo acariciarla mejor, gozquezuela aún con su nombre cariñosamente sin grabar en el collar, pero ya pendiente por completo sin respirar siquiera como un espectador de su correspondiente cadena y entonces sí, con un dolor insoportable de repente retorciéndole el estómago, doblado por el peso de algo tan tierno como imposible de asimilar la hubiera llevado a trompicones entre cardos y cantos mudos también,  su intolerancia me refiero, por el bancal adelante hasta el final y hasta el último extremo no ya de poder vomitar, de no poder ya sobre un maldito pedazo de tierra abandonado por toda esperanza, como en cualquier infierno remoto antes de enterrarla para siempre en él, pero ante todo por una náusea infinita en la garganta como un nudo insuperable a la vez producido y contenido por semejante televisión de otro mundo infernal tan cercano y tan ufano de sus derechos sobre la vida en ésta y en cualquier otra.

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        Conque mejor ni hablamos de lo que puede provocar en metabolismos tan sensibles a toda forma de vida toparse en debida forma de información exclusiva y en pleno telediario, consumado el boqueroncillo camino ya del lechal, de buenas a primeras por no decir de boca con la estremecedora televidencia diferida en directo y doblada en el original de un aborto con dos cabezas y sin ninguna duda en las dos, en la estremecida del espectador y en la de la vaca (las del ternero ya no), ejecutadas por profesionales para duplicar en sendas versiones el valor didáctico de esa experiencia única, y   consumadas encima porque la cosa salta a la vista en el montaje, tras una tal manifestación fenomenal del derecho a la vida, precediendo a otra ejecución pero en la horca, en Irán y para que aprendan haciendo algún ayatola las veces de Dios y un ejemplo didáctico de violencia, aunque vicaria también pero en el seno del hogar no obstante en exclusiva con periodistas haciendo las veces no de vicarios de Dios, aunque todo lo pueda y lo vea conque hasta eso podría ser, de viceojos y portavoces como siempre tan atentos a que no se pierdan pálpitos aparte ni pelos ni señales y sin hablar de manos blancas por no llegar hasta ellas, y para no mentir, como hay Dios,  incluyendo instrucciones de uso de la radial en directo por el móvil y diagrama de flujos posibles hasta el basurero que sin duda da qué pensar, aunque sólo por tratarse de informar sin duda fluidamente  hasta en el Brasil y en exclusiva por el mismo motivo, para que aprendan, y como salta a la vista del móvil y del objetivo que incluso con cuentagotas visto lo visto aprendido está, y de sobras, pasando de este asunto y del todo a otro completamente distinto de la actualidad como es el derecho de hecho en realidad siempre virtual a decidir en el acto, o no, elegir no elegir sino escoger en la barra del menú unas u otras opciones de vida irremisiblemente efectiva siempre en virtud de su realidad aumentada en la actualidad, como tampoco podría ser de otra manera partiendo de cero, por todos los medios sin fin y sin principio alguno hasta la saciedad como hubiere lugar/…/

 

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