Los ombligos
Georges Brassens
Verle el ombligo a la mujer de un poli no es cosa que sea
estéticamente capaz de elevar algo al que lo vea.
No obstante en el viejo París un buen hombre se consumía
por vérselo a la mujer de un agente de policía.
Ya me hago viejo se quejaba y en el curso de los años
he visto ombligos a montón de todas clases y tamaños,
de mujer de pollero o de huevón, del vulgo o de la abogacía,
y nunca ví el de la mujer de un agente de policía.
Mi padre vió como os veo yo el de las de los municipales,
mi hermano degustó a menudo el de inspectoras nacionales,
mi hijo vió el de la sobrina del fiscal y el de su tía,
y yo ni el de la mujer de un agente de policía.
Mientras así clamaba en público el buen hombre su calvario
una poli consorte fué a brindar su ombligo solidario,
venga que ya le voy a dar yo fin a su horrible agonía,
va a ver usté el de la mujer de un agente de policía.
Aleluyá exclamó el abuelo, le dan tregua a mi tormento,
gracias a Dios mis sueños van a tener cumplimiento,
y tiernamente entró en las faldas que su bienhechora abría
a vérselo por fin a la mujer de un agente de policía.
Mas héte aquí que el largo afán tan consumido le tenía
que por efecto de cincuenta largos años de porfía
la muerte le pilló en el vientre de su cómplice ese día
sin vérselo a la mujer de un agente de policía.
Comments are disabled for this post