El Gorila

 

    G. Brassens

Tras unos barrotes en fila

las hembras del lugar están

mirando a un fornido gorila

sin miedo del qué dirán.

Es más, más de una comadre

impúdica escruta un lugar

que me ha prohibido mi madre

rigurosamente nombrar.

 

¡Ojo al gorila…!

De repente la bien cerrada

prisión del hermoso animal

se le abrió por causa ignorada,

se le habría cerrado mal.

El mono al ver libre el camino

dijo hoy se acabó de una vez,

no habrá que aclarar me imagino

que hablaba de su doncellez.

 

¡Ojo al gorila….!

 

El dueño exclamaba abatido

ay válgame dios, esto es un

desastre, que no ha conocido

mi mono a una mona aún.

Así supo aquel mujerío

que el mono aún era doncel

en vez de aprovechar el lío

huyó a toda mecha  de él

 

¡Ojo al gorila…!

 

Las que no ha mucho mostraban

su incontinencia al mirar

al escapar demostraban

su inconsecuencia al pensar.

Temor que era tanto más vano

por cuanto el gorila es galán

que abraza mejor que el humano,

mujeres hay que os lo dirán.

 

¡Ojo al gorila…!

 

Todo el mundo a escape se aleja

de aquel celo por  estrenar,

salvo una decrépita vieja

y un juez pimpollo por deshojar

Viendo a todos perder los calzones

apretó el cuadrumano en pos

del meneo de sendos faldones

bamboleándose a por los dos.

 

¡Ojo al gorila…!

 

Bah, suspiraba la centenaria,

deseárseme a mí a mi edad

sería cosa extraordinaria

e inesperada a decir verdad.

El juez se decía impasible

ser tomado por mona yo

es de todo punto imposible,

lo que vino probó que no.

 

¡Ojo al gorila…!

 

Supóngase usted forzado

como el mono a elegir violar

a una ancestra o un magistrado,

¿a cuál  escoger de  tal par?

De verme en tan serio apuro

cualquier día, ¡maldición!,

sería la vieja seguro

 objeto de mi elección.

 

¡Ojo al gorila…!

 

La pena es que el gorila valga

su peso en asuntos de amor

pero en cambio no sobresalga

en cuanto a gusto que es un horror.

Y así en vez de optar por la vieja

como haría cualquier mortal,

agarrando al juez de la oreja

lo arrastró hasta un matorral.

 

¡Ojo al gorila…!

 

El resto sería agradable

pero ¡ay! no se puede decir,

lo cual es muy lamentable

pues daría de qué reír.

Que el juez en el trance gemía

llamando a mamá sin parar

como el hombre que ese mismo día

había mandado ejecutar.

 

¡Ojo al gorila…!

 

Marzo 2004/Febrero 2024 – Cabeç Bord

Comments are disabled for this post