Les ha llevado años pero al fin sus señorías admiten por ley que un animal, como es natural, no es cosa de usar y tirar. Como no es cosa tampoco de hacer sangre pero aun así hay que ver, sabiéndose hace tanto, lo que ha costado reconocer la profunda complejidad de la vida irracional en el parlamento español.
Y eso que es lo que explica en toda regla la lentitud de su desarrollo orgánico orgánico hasta tal grado de conciencia que al cabo, aun con retraso tan notable, es el que permite al fin ser tan bestia por derecho, y sin reservas, como la que más por naturaleza: esa dilación inconfundible en la respuesta, mirando a cada paso en exclusiva a asegurar su subsistencia en un ambiente ambiente cada día más artificial, tóxico e irrespirable y el mayor tiempo posible con un medio tan hostil como el otro del todo salvaje que en suma conforman su actual hemiciclo vital, obviamente circular, ecológico como es lógico por lo que se oye y además por lo que se ve de proximidad: sin ir más lejos, en lo cerca que están siempre a la hora de llegar a las manos de higos a brevas y de uvas a peras en cualquier momento, y sin hablar de capones a diestra y siniestra desde cabritos hasta cabrones en un santiamén./…/
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