Nada de fobias ni de prejuicios, y menos odio irracional. Como en cualquier puesta en escena de la Pasión, con o sin trajes minuciosamente cuidada en cada gesto, en las celebraciones del Orgullo podría causarme a lo sumo cierta irritación posterior justo eso, lo que suponen de oficio en el acto y de entrada en el otro sin más: su propia meticulosidad /…/
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