30 de junio de 2026
El gorila
Georges Brassens
Tras unos barrotes en fila
las hembras del lugar están
mirando a un fornido gorila
sin miedo del qué dirán.
Es más, más de una comadre
impúdica escruta un lugar
que me ha prohibido mi madre
rigurosamente nombrar.
¡Ojo al gorila…!
De súbito la bien cerrada
prisión del hermoso animal
se le abrió por causa ignorada,
se le habría atrancado mal.
El mono al ver libre el camino
dijo hoy se acabó de una vez,
no habrá que aclarar me imagino
que hablaba de su doncellez.
¡Ojo al gorila….!
El dueño exclamaba abatido
ay válgame dios, esto es un
desastre, que no ha conocido
mi mono a una mona aún.
Así supo aquel mujerío
que el mono aún era doncel
en vez de aprovechar el lío
huyó a toda mecha de él.
¡Ojo al gorila…!
Las que no ha mucho mostraban
su incontinencia al mirar
al escapar demostraban
su inconsecuencia al pensar.
Temor que era tanto más vano
por cuanto el gorila es galán
que abraza mejor que el humano,
mujeres hay que os lo dirán.
¡Ojo al gorila…!
Todo el mundo a escape se aleja
de aquel celo por estrenar,
salvo una decrépita vieja
y un juez pimpollo por deshojar
Viendo a todos perder los calzones
apretó el cuadrumano en pos
del meneo de sendos faldones
bamboleándose a por los dos.
¡Ojo al gorila…!
Bah, suspira la centenaria,
deseárseme a mí con mi edad
ya sería cosa extraordinaria
e inesperada a decir verdad.
El juez se decía impasible
ser tomado por mona yo
es de todo punto imposible,
lo que vino probó que no.
¡Ojo al gorila…!
Supóngase usted forzado
como el mono a elegir violar
a una ancestra o un magistrado,
¿a cuál escoger de tal par?
De verme en tan serio apuro
algún día yo, ¡maldición!,
haría a la vieja seguro
objeto de mi elección.
¡Ojo al gorila…!
La pena es que el gorila valga
su peso en asuntos de amor
y en cambio no sobresalga
en cuanto a gusto que es un horror.
Así en vez de optar por la vieja
como haría cualquier mortal
agarrando al juez de la oreja
lo arrastró hasta un matorral.
¡Ojo al gorila…!
El resto sería agradable
mas ¡ay! no se puede decir,
lo cual es muy lamentable
ya que daría de qué reír,
pues el juez en el trance gemía
llamando a mamá sin parar
como el hombre que ese mismo día
había mandado ejecutar.
¡Ojo al gorila…!
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