ITALICAS FAMOSAS

A quien no le parezca antes de nada irónico lo de Salvini negándose a salvar naúfragos -aun si después quedara mucha tela que cortar con otro par de cosas de las suyas- es que no conoce Italia ni lo que es el italiano salvo como lugar común en cualquier romance latino. Para empezar porque ya Tácito decía que, de hacerles caso, los romanos habían conquistado el mundo en defensa propia contra galos hambrientos o libios desharrapados. Y para seguir, porque al menos Tácito lo decía (que dicho entre paréntesis es la razón de que algunos aún lo envidiemos en silencio).

         Así es que nos podemos saltar el intermedio publicitario, incluídos el Va pensiero y la marcha Radetzsky, la liturgia vaticana, la ópera bufa y la refundación de Don Benito como municipio global, para llegar entonces como quien dice “A un paso del cielo”. Y si después de asistir arrobado a cualquiera de sus episodios no entiende uno de dónde vienen los Salvinis que no salvan por salvar lo que nos salva procul negotii mundi, es que no tiene remedio ni salvación y mejor dejarle que nos deje en paz, a poder ser la de Itálica y sus sepulcros famosos.

         No por lo que esas visiones telefabulosas tengan de catálogo moral de lugares comunes del sentimiento. Ni siquiera porque les dé a todos lugar común precisamente en El Pueblo escogido, y precisamente lo más al Norte posible sin volver a ser austríacos e imperiales aunque sólo fuera por poder y vicaría. Sino porque en soledad consuelan. Y habría que ser progre de pro y retroprofesional del progreso por principios desde luego para ignorar que no consuelan “pese a” o “no obstante”, sino mediante su inconfundible aroma silvestre de pastiche a sabiendas como Don Giovanni o Don Benito, por ejemplos de buen salvaje por naturaleza de diseño mejor todavía.

Y la pregunta es en qué consuela a unos restos de humanidad malograda vieja y cada vez más sola en su sofá hispánico, donde ni el sol es capaz de ponerse por la noche, no exhumar a Heidi la paganita de entre las nubes como ovejitas sino a Don Paco del fondo o al de Rivera – el Primo primero, no el segundón de ahora-. Porque hacer justicia puede ser muchas cosas pero no consolador. Y quien como tal lo use y lo ofrezca por salvación dejará de ser justo, justo como Salvini, aunque arrasará audiencias con su propio consentimiento de legítima defensa: de lo consentido con nadie como de todos los que se sienten en el sofá a solas, ay, que ya no lo sienten ni podrán volver a sentirlo en cuanto viven, y en cuanto apaguen el televisor, ni por asomo. A saber, lo que es vivir sin vivir en mi ni en tu ni en su yo sino en el limbo, eso sí vívidamente, El Pueblo por antonomasia o por cirugía plástica – Frankensteinsspitäler, siempre en la cumbre a su servicio en el valle, justo sub limes a un paso de usted- y a un paso del cielo.

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         Porque no, aunque sea a un paso de Austria las estampas no parecen del infierno ni aparecen jesuítas, sino guardabosques, ejercitándose de un lado a otro de la pantalla en sus soledades voy y a mis soledades vengan como salvajes pero buenos buenos, adanes profesionales del estarse siempre en sus principios a cada paso (del cielo). Y porque sí, no se trata de esa necrofilia castellana vieja modernizada como conversos en prosa, sino de ópera y de retórica imperial, del gran invento italiano que es el gesto. Ese alfabeto ideográfico que diría Gramsci de la moderna consensualidad en que conjugar, como es natural a máquina, el ser con sentido y el consentirse prados y cieguecitas o abrazos y pateras consintiéndolos juntos en una misma pantalla en participación presente o pasada consentidas a la vez, ésa que se era ella solita, y conjugándose el todo que es gerundio en una participación imaginaria ni presente ni ausente ni tuya ni mía tan por activa como por tan pasiva. A cada paso a un paso de la culminación con o sin frígidos glaciares en cualquier acto actuando en una obra cualquiera, arreglar carretillas o matrimonios, que ni es acto primero ni siguiente seguido sino segundo que es gerundio modelo a seguir y et caetera, o perdón, to be continued, que estamos en la Itálica famosa. Como gesto gerendo, ni actual ni consumado sino consumando a seguir con seguir sumando, más y más ejemplares por ejemplo de actores o audiencias ejemplares para actos que son todos ejemplo, claro, no de cómo hacer algo: sino de cómo actuar en todo y hacer que se hace lo que hay que hacer.

Cualquier cosa pero sobre todo –y a un paso del cielo- ese insuperable invento romano que es el gesto de personarse, en la causa y en la cosa, pero ya no porque Mesalina te haya querido envenenar o los galos atracarse de gansos capitolinos, sino por cualquier causa y con cualquier cosa. El gestum gerens de yo protagonista de sus actos en todas sus actuaciones, ese gestum gerens gerendum por cualquiera de cualquier modo en cualquier momento; que si eso no es ejemplo de conjugación consumada en lo imaginario entre ser conducido y conducirse conduciéndose como conducto conductor en cualquier conducta, que venga Il Duce al Pueblo y lo vea o si no el Conducatore, como siempre seguramente en la luna de algún espejo.

Y donde puestos a ver modelos de actuación en pantalla no sé cómo se me podría alcanzar otro mejor, sin ir más lejos que yo, conllevando de calle sin salir del sofá lo de conllevar y ser conllevado en el acto por todo El Pueblo como cogestión cogerenda de cogestos, congestionando la congesticulación de actos modelo de actuación modélica a cada paso; ya tanto monta si arreglando ejemplarmente un ejemplar de carretilla o una desavenencia de pareja ejemplar en el acto, por poco ejemplar o por demasiados ejemplares. Y todos gestándose a un mismo paso del cielo de la consumación, consumandos a su vez con seguir sumándose cada vez en la suma de veces avecinadas en un mismo gesto convecinalmente usado en El Pueblo sin ir más lejos ni más pérdida de tiempo que ésa, dejarlo suspendido ad indefinitum de una vez por todas, la que érase que se era sola concerniéndonos a todos como modelo de nana o pongamos de bifalcata de Damocles; eso sí modernizado como Europa, con dos velocidades de escabechina y doble rasero de arrasar con sentimientos viejos consentimientos, difiriendo vivamente en directo como actualidad histórica o directamente en diferido como vívida memoria histérica.

Conjugada maestra, imperial y dos veces milenaria (la de ida y la de vuelta al Reino de los Mil Años al instante con el mando como siempre a distancia) de una conjugación política imaginaria conjugando modos y tiempos y personas y voces por activa o por pasiva en la práctica o en el sentimiento, en efecto y en afecto bajo el imperio de un mismo verbo en suspenso inamovible sobre los concernientes concernidos en cada caso, concerniendo que es gerundio en todo caso y la imagen moraleja con que siempre acaba el episodio en ciernes: a un paso del cielo estrellado, viendo las estrellas sin estrellarse o estrellándose sin llegar a estrella pero en la pantalla en ambos casos. A un paso de pantalla en cualquier caso indiferentemente.

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Conque otra vez el hermanito ibérico llega tarde a Campazas a la hora de desenterrar figuras de una política de la fascinación fundada en torno al Haz como imperativo de hacer, de todo hasta padecer, mientras sea imperiosamente a perpetuidad. Ese que tan bien podría resumir su lengua aún brusca, tal vez con menos música pero no rotundidad que en italiano, en un haz que haces y los tendrás haciéndose solos a tu alrededor. Haz gestos gerentes de estar gestionando con gravedad lo que cae de su peso, y verás cómo las gestas vienen a gestarse por sí solas multiplicándote por todo el mundo o viceversa, oh césar imprescindible al parecer de la mujer del césar como sus réplicas a Stromboli, sin hablar de las de Pompeya que ya no pueden o por gestos solos, a uno por cabeza.

Conque otra vez estamos en ir a desenterrar una réplica canija de las gestas del imperio con un gran gesto, sacándonosla de bajo la cruz que se alza hasta un paso del cielo sin darlo y sin sacárnosla pero estando en ello, en ciernes y concernidos a más no poder. En trance de salir del estado de la Transición transidos por la emoción de un trance semejante, y tanto, que parece el mismo. Tras tanta decadencia de occidente o perdón, corrupción en el lejano oeste pero de Europa, ojo, que no somos el Far West ni el Magreb y ni siquiera el Algarbe, inamoviblemente estando en movernos en la dirección correcta hacia la dirección corregida que señala la nueva política corregente, en movimiento hacia un estado nuevo sin parangón de momento en ciernes: ese Estado del Movimiento inminente a perpetuidad que no define aunque está en ello, pero caracteriza al Gesto de momento que siempre es práctico, parecerle practicable a cualquiera de continuo a discreción; como saben de sobra por la práctica en más de un lugar común no menos discreto de continuo que el hablar de una cualquiera en las palabras de cualquier idioma.

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O como quien dice, al menos teóricamente hablando, en un discurso de actualidad en construcción, en situación o en su contexto pero no egoístamente el suyo de él sino el genéricamente suyo, por lo general; o en una palabra, claro, distinta, capaz de acoplarse a todo pero en particular a cada singularidad genéricamente y sin distinción. Como un discurso de género nuevo, ni corriente por extraordinario ni corrido por ordinario, pero de todos modos discurriendo de cualquier modo entre todos los concernidos, aunque sobre todos los demás, al modo de la Generalidad: como es lógico tratándose de un discurso público particularmente singular sobre cualquier singularidad tan particular como no sé qué decir, el tirodolejí de los tirojodileses tirándonos por sus tirolinas sin paracaídas. Que son algunas de las figuras ilustradas en que estamos a un paso de entrar, al paso que vamos camino de dar, para adornar aquello de lo que aquí se trata que es lo principal, estar tratando. En estado de alcanzar ese estado que nos concierne a todos como cualquier nana, el de estar estando a un paso del cielo que ya es gloria bendita en lo que cabe por lo que cabe aún.

Conque aquí nos quedamos. Y que bellum gererent alii, tu felix Tirolia, como siempre, nubes, que como en casa no se está en ninguna parte. Y si es del Pueblo aun menos con la que está cayendo, o en ciernes.

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