Umanabar Umanabar, flor de la polifonía, el día que tu rodabas grandes señales había, la luna cristal cerrado, vacía la estantería, ni un libro por las vitrinas ni sobre el polvo yacía, el claustro callado estaba que ni llorar se le oía tras la pantalla sonora de tamaña gritería, por los retablos mayores con tanta imaginería animando hasta a los muertos a entrar en la escolanía, y tanto que entraban tantos que hasta algún vivo salía por exceso ya de aforo de la antigua galería, con tanta animada estampa que animaba, y a porfía, a doblar la cristiandad entera hasta en su agonía cantando en lengua de ángel ni la tuya ni la mía, que la mitad de tu alma otra vez se nos moría entre señales tan grandes que ninguno las veía, que se moría Amenuno, flor de la melancolía, pero tu medio restante del dolor todo encubría clamando a pleno color y viva cuatricomía, Umanabar y Amenuno, Amenuno y Umanabar, a la par los dos en uno flor de la polifonía, quien tan gran amor sintiera verlo no soportaría, que aquel castellano viejo por afección en su día hablando en vulgar romance por no sufrirla moría de tan nueva afectación por grave microafonía, crónica en la actualidad del uno o del otro día entre señales tan grandes que cualquiera las veía pues más que diez mil palabras cualquier imagen valía, que otra vez la luna muda cual vieja filmografía rodando con las estrellas tiritando ya ni pía como puta por cuaresma por la ciudad tan vacía, para tan gran ocasión colmada de algarabía de relleno y de salón que hasta el silencio se oía que a lomos de nube huyendo por no escucharla se huía, y entre tan grandes señales que alguno hasta las veía Salamanca se prestaba a lo que ni Dios daría, resucitar a los muertos en dos sesiones al día y de una gran voz a dúo o dos a una melodía, Umanabar y Amenuno, Amenuno y Umanabar, a la par los dos en una flor de la poliafonía, confusos cielos y tierra, confusas tiniebla y día, confusos antes y luego el luego y el todavía, confusas hasta las fusas con semifusas sin guía zumbaban como confusos retumbón con armonía y el eco con calderón, desfile con melodía y redoble con estribillo de trompa o de chirimía, que otra vez en alzamiento de sombras en pleno día se alzaban gestos de gesta de toda guardarropía, de lápidas de cartón, desbandada gritería, brotaban ecos sin voz pero con megafonía entre esplendores sin luces con mucha policromía, que viva la muerte, y viva vívidamente moría de un día para otros o de otro por un día vívidamente vivía, el doble como quien dice, hasta su misma agonía, Amenuno Amenuno, flor de la melancolía, que del todo como nada otra vez se nos perdía y en un suspiro de nada tu voz nos lo devolvía, Umanabar Umanabar, flor de la cuadrafonía, con una lengua de ángel ni la suya ni la mía entre señales tan grandes que cualquiera las vería, y más cuando media imagen diez mil palabras valdría o más porque aquéllas suyas ya ninguno leería, que el claustro estaba vacío, vacía la estantería, y ni las hojas de un libro entreabierto se vería con la que estuvo cayendo, con la lluvia que caería como guiones de vidrio rotos a pedrería en un diluvio de llanto que con el tiempo caería, marcha atrás pero de pena que incluso hasta se vería, brotando como de culo a mares de utillería con lágrimas como perlas, de pura bisutería, porque doblado Amenuno de dolor solo moría mientras por cielos y tierras, de Bilbao a Alejandría, de doña Tula hasta Hipatia la animación revivía por los bajos y los altos, como de la noche al día, del brazo de su valor y su extensible osadía, Umanabar, Umanabar, flor de la estereofonía, que osado plantaba cara a su muerte monda y fría con chapela de Bermeo o clámides de Candía y aun si fuere menester corbata y telefonía, móvil por descontado con tal de matar al día y rematar en presente lo que matara otro día, y al ver que se le escapaba lo esencial de la porfía ya Umanabar se lanzaba, garrido ya en pos corría de tan cruel segadora y a pie o en caballería era tras era rodaba, y rodaba y la seguía, y por que otra vez no huyera tan pancha la perseguía por los siglos de los siglos rodando con gallardía, por montes y por ciudades, de noche como de día y,huelga decir que incluso de Bilbao a Alejandría por parques y hasta desvanes como puta en carestía, por entre fuentes y bancos pisándole cada día sus talones y filmando sus espaldas a porfía o al revés porque muy pronto cara le plantaría, y de un día para otros o del otro por un día con una voz redoblada de una vez doblegaría a como diere lugar su sempiterna afonía, Umanabar Umanabar, flor de la dobladuría y prez de la cuadradura, que en doblada valentía redoblando sus esfuerzos al galope la seguía desde siempre hasta mañana, que siempre será otro día, y desde luego hasta hoy que ya será de otro el día entre tan grandes señales que uno u otro las vería, pues de una gran voz a dúo o dos a una melodía Salamanca se prestaba a lo que ni Dios daría, resucitar por sesiones a los muertos cada día mientras rodaba Umanabar y rodaba todavía, como siempre con seguro navegador y con guía para conjurar caudillos y espectros en hueste fría, y a discreción por los siglos de Mordor a Andalucía o desde el Cid a Sanjurjo en Flandes, o Alejandría, por no repetir o sí el sino que no quería para otro en su camino, ay Amenuno Amenuno que tu voz ya se perdía, con tecla de salvaguarda grabando su algarabía de sombras en desbandada y a plena microfonía, como pistas clamorosas o del otro por un día o de un día para otros Umanabar las seguía, por los siglos de los siglos con los planos que tenía y rodando de era en era a pie o en caballería tras la cruel segadora y hasta delante corría, que la era era redonda como el guión que seguía (y ni Dios en su omnisciencia jamás lo adivinaría) desde el Génesis de Adán al faro de Alejandría aunque como es natural, porque sólo faltaría, con su redondo rodar actualizado y al día como no sé qué decir, como ya sé qué diría, como la ronda rotunda de una fantasmagoría entre sombras que escapaban, cada cual como podía, del redoble de las sombras dobladas que las seguía bajo la luna redonda como sí sé qué diría, como el negocio sin duda que haciendo la Pascua haría una puta por cuaresma aquí o en Alejandría, dondequiera que la muerte despavorida se huía por escapar de Umanabar, que rotundo la seguía, como la huella rotundo que su rodar escribía por el polvo entre los libros que ya nadie leería, rotundo como sandía resucitando en redondo todo un mundo en solo un día, ay Amenuno Amenuno, flor de refrutería, y en una higa redonda y dulce como ambrosía lo que en ello le importaba, fruto al fin de su porfía, tu piel de sombra animada en color y altavocía tan redonda que es la monda y seca y huesuda, y fría, calavera verdadera de otras horas de otro día, y otras voces y otras caras a otra luz y otra alegría en otra eterna jornada que no se repetiría, y en otra larga rodada hasta la misma agonía, oh prodigio ya sin par como dos jamás habría, que seca y huesuda y fría en sus planos con tesón fondo a fondo y día a día Umanabar la mondaba, Umanabar la seguía rueda que rueda y rueda a toda rotografía por plantar cara a tu muerte como ninguno lo haría, como siempre como nunca como cualquiera que iría por la gran vía del tiempo, con airosa gallardía, desde Achuri con descaro pongamos que a Alejandría cara a cara hasta encontrar la que mejor convendría siempre que como siempre conllevara la alegría de que fuera la de uno, ay Amenuno Amenuno, simpar como nunca habría habido ni por haber entre tal multituría de cualesquiera otros y otras cualquieras de compañía que en clámides y chapelas memorable pasearía tan inmemorial paisaje de los otros por un día, y de un día para otro el de otro solo uno, ay Amenuno Amenuno, flor de la nivolería, versado en hacer sus veces que es antigua maestría a dos voces de una vez mas todas el mismo día en guerra con sus entrañas, como alguna otra agonía, extrañas por lo común de su rara cercanía y hasta mucho más aún entre tal feligresía mas ay, que es interjección y de dolor a fe mía, a mas de una tribu que hay allá por el mediodía adonde podría Umanabar llegarse rodando un día, ay que tan noble arte y tan vieja artesanía como una pluma en el aire ya de poco le valdría, que la arrancaba la muerte con cruel alevosía y sin ningún miramiento la doblaba y se partía contigo y ella en los dientes, ay Amenuno Amenuno que ya ni notas ni asientes, hacia su boca sombría que por doquier se doblaba, se triplicaba y crecía entre tan grandes señales que ni abasto se daría a verlas ni aceleradas con nueva tecnología, conque la urgencia acuciaba, instaba e incluso urgía, por lo menos en la prensa que las señales seguía hacia el portal puntocón de su infausta epifanía, a actualizar el oficio de ilustre cualquierería y resucitando el gremio ver de ponerlo al día o de los unos por otros o de otros por un día mas oh que es interjección, aparte de ortografía inicial de un masoquiste de psicopatología que a la sazón con el auge de la muerte medraría, pongamos que de Bilbao a la misma Alejandría, por asomarse con gusto hasta no sé que diría, hasta ya sé que decir, hasta a la ajena agonía incluso sin ir más lejos, mas oh y tente ahí, arpía, ni un paso más vieja calva que para eso se veía, que por eso allí se alzaba y para eso ya venía Umanabar que aún rodaba, que Umanabar ya corría porque puesto a viceser en tan difícil porfía contra enemiga sin par valiendo por dos el día que sin duda iba a llegar, aun mejor vicesería por supuesto actualizando tan vetusta oficialía, ah Umanabar Umanabar flor de la multisería, viceversarse en hacerlo un par de veces al día con pantalla de por medio por higiene y garantía o pineal o sanitaria entre dos mundos por día como no sé que decir, como sí sé que diría, como puta por cuaresma sin condón y en sacristía usando divinamente como ninguno lo haría una dulce lengua de ángel, por siempre tuya en la mía, que por hoy mía en la tuya la fuera como sería, la estimó como la estime, y la ama como la mía en una u otra postura ni la tuya ni la mía como siempre como nunca y como nadie lo haría, no siendo como Umanabar flor de la poliafonía pero hasta el fondo en el acto, y tanto que se diría postfutura represente y expasada cualquier día reido y revuelto en uno, recorriéndose a porfía descuartizado y zurcido como ninguno podría ni entre los Hunos siquiera conque ni decir tendría que de los Otros, ninguno, ni sombra en la galería ni rastro por la caverna con cinematografía, ni aun en pantalla ideal porque solo faltaría con sobras de material a falta de otrografía, ay Amenuno Amenuno que la muerte te llevaba y a mal traer te traía por la ribera del Tormes, que como siempre corría sin señal grande o pequeña y ni falta que le hacía, y Umanabar fiel valiente te seguía y la seguía siguiéndole la corriente por las huellas que traía con el agua que llevaba y con el eco que venía, oh flor de losotrosía, hasta alcanzarla de plano, cenital con luz de día, y aunque corto en general con zoom y telemetría atisbar al fin el fin de su empeño y su porfía tras tan dura rodadura y tan larga travesía, bendita sea la hora y bendito sea el día, que cabe el Nilo del Tormes ya alcanza y ya desafía a tu muerte frente a frente, faraónica osadía, a combate singular como ninguno lo haría jugándose al doble o nada toda tu entera agonía, Amenuno y Umanabar, Umanabar y Amenuno a la par los dos en uno allí mismo ya la emplaza, la reta y la desafía con tus mismísimas armas, ay flor de la nivolaría, bien que bien puestas al día como no se qué decir, como ya sé qué diría, la linterna de algún faro al norte de Alejandría y entre tan grandes señales que hasta en color se veía la nada que te cercaba con toda detallería, que hasta confusas las fusas con semifusas sin guía erraban entre las musas por tanta fosa vacía confusos antes y luego el luego y el todavía en tan oscuro alzamiento como en el séptimo día, o el primero no siendo ambos que ya puestos bien cabría por delante o por detrás en tan cabal armonía, si no digna de Pitágoras al menos de Alejandría pues con tan grandes señales que alguno hasta las veía Salamanca se prestaba a lo que ni Dios daría, resucitar dos sesiones de muerto en el mismo día de una gran voz a dúo o dos a una sintonía, y cabe el Nilo del Tormes, faraónica osadía, bajo una luna tan muda de perpleja apoplejía como puta por cuaresma dudando cuál boca es mía entre tanta que entretanto en torno suyo se abría del infierno o de un bostezo, cara a cara a tuya o mía Amenuno y Umanabar, Umanabar y Amenuno a la par los dos en uno a todas hacía frente y con todas se medía batallando con la calva a mansalva y a porfía, pluma que toda ufana la muerte le sustraía su grúa se alzaba fiel y el doble restituía hoja por hoja en blanco, que esa luz parece fría, balanceando contrastes diente a diente y plano al día su palabra con la suya y su boca por la mía y aleluya, tan singular existencia en esencia como en DIA reponiendo en los estantes existencias mientras haya, y alegría, que cualquiera por sí sola y al punto se repondría con señales tan potentes que cualquiera captaría, y qué inánime animación revivirse no querría de un día para otros o de otro por un día, hablando en lengua de ángel ni la tuya ni la mía, sin hablar ya de la suya que ni Dios discerniría y que en dos mundos a una en uno los uniría, Amenuno y Umanabar, Umanabar y Amenuno, bendito será ese día cuando se acabe esta guerra por tu boca o por la mía, o los huevos críen pelo y la noche sea día, y el acabarse precuela, y suspense la agonía, cuando por fin se la entienda para el penúltimo día, y de una voz por todas sin decir qué boca es mía se revele a la parroquia cuál sea más, y más pía, de las dos que dan audiencia entre la feligresía, buena y mártir como santa manuela de Alejandría o como puta en cuaresma que ni la abre ni pía no siendo para mirar de meter en la alcancía, cuando se saque de ella y tan celeste armonía su lección de santidad que mientras pía adoctrina entretiene mientras pía, bendito será ese día, no siendo ambas en piando que es gerundio por fe mía y prodigio insuperable, desde aquí hasta a Alejandría, a sumar por duplicado a modo de plusvalía y presente de regalo a las dos con que sería, no siendo ambas a una más el par que no sería, una tercera sin par comparable a la armonía divina que es una y trina, la que trinando a porfía de un día para otro o de otro por un día por ambos mundos a una, en un santiamén al día, los una y los uniría y los une solo en uno, Amenuno y Umanabar, Umanabar y Amenuno, a la par los dos en uno siempre que sea ameno, o al menos claro amenuno, y amén.
Y así vivir una vida con el doble de alegría y hasta la más simple muerte doblando hasta en su agonía por toda la cristiandad, que en una o en otra edad es redoblar a una que en ambos mundos nos une, nos unió y nos unirá de una voz todos en uno que somos todos humanos, y alguno hasta es humanuno y amén: Amenuno, o Umanabar.
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