Queló

La economía actual de un mundo globalizado fundada en el sector servicios, todo en realidad virtual, es cosa compleja: ¿qué puedo sacar yo de que lo pueda meter él? Porque estamos ante todo hablando en el fondo de inversión y especular, claro. Y el modelo en principio no podía ser más simple y sin complicaciones, el trueque de un “que lo” demandado por un “lo que” ofrecido y viceversa: de suerte que el Lo que pueda meterse  con sus atributos adjuntos no importe nada y el Que lo pueda quienquiera un 99´3 por ciento, o al revés, quedando el resto para obras pías en el cepillo de Santa Oenejacia (de libre disposición para meter o sacar ad libitum por necesidad o al revés por derecho, a la asistencia social aun a lo más privado sobre todo).

      Aunque un experto en plomicies como Robert Musil prefería hablar en este punto de “sentido de la posibilidad”. Que sobre ser antiguo, casi un siglo ya que parece mentira, tampoco es de fiar por tratarse de alguien obligado a tratar de ordinario con vieneses, el pésimo escenario en materia de economía fiduciaria si exceptuamos España. Aunque tampoco es del todo cosa suya, servicios de traducción e interpenetración lingual mediantes. Prueba de ello sin ir tan lejos es la etimología de Lo que se traduce ahí tan alegremente (ya se sabe, valses de vino y rosas) por “posibilidad”, eso sí acoplada al Que se lo traduzca así por qué iba a ser, por la armonía preestablecida de la mano invisible de algún adán, pérez o esmith tanto monta.

      Lo que sin duda es una posibilidad, aunque Möglichkeit provenga de una raíz verbal, mögen, que daría como fruto en estas tierras más bien “plugabilidad”, si ya no “veleidad” con o sin valquiria galopante adjunta. Puesto que se saque uno el posibilis de donde le pluga, de poner o de poder filológica o poéticamente hablando de ponible o de podible, pongamos que no es podible en ningún caso hacerlos sinónimos de plugable para uno y plausible para otros a quienes pluga aplaudirlo. Y por más que a la hora de traducir un möge desiderante a esta lengua toledana mucho más justo sería, ojalá, un inchalá que un podría ser. Con muchas posibilidades o perdón, opciones a futuro como “inchalabilidad” al paso que vamos, no hay sino ver un noticiero, que no obstante deben descartarse. Particularmente en materia como ésta, de meter y sacar del simple sacar o meter un queló por un loqué en régimen de libre competencia lingüística, sin intervencionismo de Escritura garante ni Notario alguno a la hora de un juicio final que al cabo es sólo una mera posibilidad. Primeramente, porque aparte de pagar los platos rotos de la caligrafía el mundo islámico poco ha tenido que ver con la invención de la especulación maquinal n.0. Pero segundamente, con la invención de esta mente segunda que no seguida, sino pulsante a discreción de continuo por ejemplo de índices de confianza,  de quitaipón USB y no sita en la esfera de la luna, sino de un reloj de pulsera que además de contar pulsaciones y calcular declinaciones astrales canta y vibra, sobre todo segundamente porque ese incha- así de entrada y con su palito en ristre, en busca de acoplamiento ad libitum a lo que sea que pase a bulto y sin discernir y sea lo que a Dios pluga, como una voluntad de vivir en bruto y en cualquier caso sin definir  asusta a cualquier idioma acostumbrado hoy a calcular por pulgadas contadas, ca es gran maestría. Con resultados magistrales que a la vista están, y que es grande ironía.

       En suma, que es el único Loqué en que aquí cabe extenderse, sea lo que sea ese Queló a reinvertir en Loqué o viceverso en prosa contable es de señalar que tan simple modelo basta de sobras para adentrarse en los misterios de la especulación postmoderna, cada quien por su cuenta y riesgo y conociendo los del producto pero firmado y por escrito, que no quiero líos, y que sea Lo que sea siempre Que lo sea en realidad virtual como le pluga… a quien sea.

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