Del uso de la lengua como afrodisíaco

El parlamento español que parecía agonizante como parvulario en Castilla se ha vuelto excitante de oficio en el acto, que es de agradecer  verbigracia hasta en Cataluña en cualquier lengua cunicular,  desde que nos ha sido dada voz con voto en ese entierro hasta en latín deogracia para erguirse excitada y excitarse erigiéndose, además a la vez,  en voz populi y vox del vulgo y las dos encima en el acto a una; al menos en potencia, y por lo que se oye desde San Jerónimo voce summa divulgata como poco hasta en Covadonga, si ya no desde Caín o hasta Altamira incluso que tampoco distan tanto (ni entre sí ni entre nosotros, por lo que se oye tan a menudo con tal claridad).

Conque se entiende que excito ya y erecto como héroe en romance paladino, o paladín en latino, cualquiera trate a cualquier precio de mantenerse en el acto inmaculadamente virgen ante la inminente penetración, que es lo que más excita y con razón, de cualquier cosa extraña y ajena públicamente indeseable en general, no digamos ya la de otra lengua y en particular no siendo latina: y menos mal y a dios gracias por la excepción, y al desuso claro del ancestral gerundio español últimamente resucitando en boca de estos postreros defensores de la hispanidad, hasta en las Filipinas supongo y hasta en tagalo por lo que les oigo. Que es para calentarse y subir el tono sin duda en el parlamento. E incluso no hallándose ayuda sin duda entre tanto cobarde (y no es de Rubén Darío aunque lo parezca), en último extremo a gritos como primera medida; que aun siendo por cortesía también suele haber quien lo agradece en el acto como excitante infalible, por lo que he leído.

Así no es raro que con potencia tan inusual en los usos de la lengua, quién no lo haría, el parlamentario oficial deje paso marcial y legionario obviamente magnis itineribus a éste del excitar por excitarse y viceversa, verbigracia con cualquier cosa mientras sea ajena y a punto de penetrar al parecer común, y con razón que es lo que más excita,  en nuestra intimidad colegiblemente colectiva aun si algunos de nosotros leen poco, y aun menos de ellos lo hacemos en latín. Pues de algún modo es mérito indiscutible de Vox/Voz ser partido por entero de una sola palabra, aunque sea a dos voces, y además por lo que se le oye colegiblemente a la vez una voz en dos palabras grande y libre y una sola, aunque así sean tres. Pero esto no hace sino acreditar aun más su arraigo en lo que es la Hispania de verdad por lo menos desde Trento, trinitaria. Aun si hoy el misterio modernizando ha de cumplirse apoyado en la barra/el barro no siendo ambos a la vez, pero además, in hoc signo vinces, con tal de sumarse  una sola voz que es lo que cuenta lo que al cabo es el mismo resultado: ético sive político según, pero ya more teografico postmodernizado como arrebatocalculo verbisustantivo en primotercia persona  colegible depende, claro, de dónde poner discretamente omisa la barra/barro necesariamente libre de la que servirse a discreción, pongamos como de lenguas vivas/muertas  cómo iba a ser, ad libitum. Que a excitante suena aun sin recitar a Freud por excitado en latín.

Pero de algún modo es mérito indiscutible de Voz/Vox ser partido por entero de una sola palabra. Y con ello hacer honor a su nombre como vocivox vociferente/portavoceadora a la vez de qué iba a ser, de su populipueblo. Hoy tan popular vulgarmente hablando porque siempre se le entenderá más un os jodéis que un vae victis y por güevos mejor que peremptorie, quién lo duda, como al revés hablando en culto a lo vulgar porque, como siempre, hacerlo coram populo en un romántico latín como titular de un romance corriente y sobado a más no poder resulta tan incitante a la excitación por ejemplo, y por que no se me diga elitista de los de papel de fumar, como lo pueda ser para algunos tener entre sus labios una Zulema Zoraida o Roxana antes que una Paquita. O un Rubius, onanista o influenzer más que un pajizo pajillero o metomentodos pero corriéndomeles hasta dentro por las orejas, que eso sí es lo que se dice influir. Y sin hablar de cómo reintroducir el cunilingus incorporado (por simple inversión) en cualquier parlamento resulta excitantemente más rentable que el hablar de una lengua conejil por nombre artístico, claro, que por artística la denominación.  Conque al final a Vox/Voz y los suyos habrá que agradecerles de algún modo como hombres y obviamente como mujeres del partido ser de una sola palabra, aunque sea poniéndole dos lenguas en su boca y encima en el acto las dos a una en potencia al menos por lo que se les oye, gritar.

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Y aun más, miel sobre hojuelas de roble, cuando la cosa no es de hoy sino acendrada tradición aunque sea de modernizar pero bueno, nadie es perfecto. Ni Góngora, ya que la cosa de las dos españablas viene como poco desde cuando ésta que aún hablamos lengua en una de excitar cayó manera hablando en nombre de la Hispania actualmente actual en un glorioso latín resucitado, aunque vulgarmente hablando en romance, excitante por macarrónico  y viceverso aunque en prosa o al revés.

Mas aun de ahí viniendo la cosa se queda ahí, la de confundir a la lengua con que se trata de ella con que se trata de la lengua de ella, o eso parece. Por más que el resultado ya fuera sin ir más lejos no admitir a una extranjera flagrante y averiguada sino salir a recibirla, incluso siendo su extranjería crónica o por serlo, con bandas y pancartas a paso de legionario obviamente para que no se pierda, que sería imperdonable a estas alturas, su fiesta de vuelta a casa. Y más con lo que costó montarla. Que excepcionalmente a ella la cosa del extranjero aun siendo probada en el acto se le disculpa, por razones tan conocidas que sólo cabe llamarlas  familiares y porque tampoco hay necesidad de seguir siendo uno un hijo de puta y hasta bisnieto persécula seculorun sólo porque la abuela no se resistiera a tener también su romance, pongamos por lengua extranjera con un latin lober, si delante de sus narices lo estaba teniendo y a fondo con penetración imborrable según todos los expertos en su virginidad a defender su hija, nuestra lengua madre.

Pero es que la cosa de que ahí queda la cosa no se queda ahí, y aun sin ir más lejos a buscarlas surgen como setas por doquier, donde hay abono, aún más excepciones incluso a esta excepcionalidad originaria de nuestra identidad; y tanta y asimismo tan original que se diría poder llegar a ser español sólo por excepción si ya no por milagro. En las que de nuevo algo se exceptúa de lo exceptuado de algo tan excepcional, pero por fin sin excepción y con concertinas a poder ser; como puede apreciarse desde el Gurugú sin ir más lejos, aunque por razones no menos conocidas y familiares de esa santa indignación, ojo, no confundir con inquisición. Por más que innegablemente compartan santidad de oficio en lo que toca a la lengua y sus usos al menos en ciertas partes a la hora de ir hasta el final para evitar penetraciones indeseadas, pero siendo imposible, aplazar o desplazar una cualquiera sin ir más lejos la cosa a algún punto localizado donde sea la excitación al menos controlable ad libitum, por no decir a placer siendo menester y tan noble en cualquier momento de apremio y urgencia nacional. Sin ir más lejos: como puede apreciarse en toda su magnitud, o my God,  si ya no desde el mismo Gibraltar que hay una valla sub limes patrios desde La Línea misma.

Porque la cosa del calcularrebato por penetración, la que no se queda ahí sin ir más lejos tampoco, será excitarse por derecho o al revés con una cualquiera y lo mismo por inminente consumación moruna que por latina a punto de arrebatada o flemáticamente prolongada, ya que tanto monta en cosa que monta tanto. Pero la cosa es también, la que ni yendo más lejos pasará jamás de ahí, que incluso en materia tocante a la lengua haya aun así penetraciones y penetraciones cualesquiera, y por excitantes que sean algunas de esas cualquieras se trate de otra excitación. Y dicho sea de paso, no del estrecho sino del magnis itineribus desde luego, curiosamente coincide que con esas algunas de las cualquieras aun a los más bífidos/bilingües de estos hablantes/después del idioma ancestral/actualmente matrio/patriótico les resulta tan imposible en general dejar de excitarse con ellas como citarse, en particular, dado que siguen sin hablarse o escribirse en excristiano, que de roamin ya ni hablamos y chatear ni por pienso y guasapearse ni a mano. O no será en castellano.

Que es para excitarse, desde luego por principio, no poder excitarse como en la lengua de los principios recitándose con ellas a cualquier hora desde luego en cualquier lugar común por derecho sin más para hablar de cualquier tontería sin tener que pensar,  como en su entrañable exlatín, en mitad de cualquier parlamento por escenario de su crónico romance. Pero ojo, que aquí no se habla ni de prejuicios ni por ellos y menos antisemitas, no lo quiera Yesuá Jristos Redemptor y amén, y que ojalá se pudiera y Dios lo quisiera que entonces la usaríamos en nuestra intimidad colectiva colegiblemente como la nuestra misma (y que el Señor provea), aun si de momento algunos de nosotros leen poco con tanta salvación pendiente, y aun menos de ellos lo hacemos en cúfico cirílico o gótico teutón.

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