Concernimientos

            Que de personas ni hablamos, aquí ninguna queda. Eso por una vez deja sin sentido a los noticiarios y no al revés. Y si el anuncio aún reinara, si aúntuvieran poder aquí los signos y los presagios, el augur y el sacerdote y el colector de presentimientos resentidos en mondongos ajenos destripados, sin duda que eso anunciaría inminente el aloperidol o la reja, la camisa de fuerza o el gerundio. Dependería de la edad del yerro o de la piedra de lapidar como siempre, como nunca en ejercicio, a los ahoras.

   Pero no es verdad que sólo a tontas y a locas se hable. Tal vez por eso aquí quien podría hablar aún que no habla a penas abre alguna vez todavía esta ventana a la locura de una vez de veces y una voz de voces, todas de una vez. La de esa archivez archivada en lo más polvoriento y olvidado de La Casa, donde ni las gatas por curiosidad entran ni aunque las mate. La de esa vez que se era la que se fue porvenir. La de esa almendra de infierno enterrado, reseca como cecina, bajo la piedra de siglos de hielo a lo alto y leguas de nada a lo ancho y nada de lengua en ningún sentido por toda parte.

            Porque no es verdad sólo que a penas se hable. Ni por darse solo la vez de una voz por todas. También su maullido a Cuca por una vez, esta de la agonía que según los calendarios hace tanto se prolonga, su morirse cómo iba a ser, como ella es, de una pieza y de una vez.  Ésa que viene y va sin moverse desde el día de la valla curiosa en la madreselva hasta el rincón del cojín granate para los huesos viejos, desgarrado por las uñas en sueños del dolor por la noche sin testigos. Ni sólo por darse a voz en cuello la voz de una vez por todas, la que anunciar a toda costa con el agua al cuello. También por dar la vez a su vez , y a su vez la voz y la suya a ese danzar titubeante de Alba entre pisar y rehuir ese lugar tan raro entre los bambúes. Ese paso de ballet como no hay dos en el único sitio de La Casa en que sí no hay dos pero como ella sola, que es prodigio tierno que aunque no pueda verlo seguro que se lo huele siendo los dos podencos, aunque no a la vez. Y eso que al parecer de calendarios y relojes ha pasado tanto tiempo que no cabría, y eso que lo hice grande, ni siquiera a una podenca ventear ahí debajo del cachito de mármol el rastro de su primera muerte, por la que llegó a este mundo tan pequeño, bajo otro nombre.

            Porque no sólo es verdad que quien puede hablar se hable solo en nombre de otro sólo. También por dar nombre a la vez, en su propio nombre, a la vez y al nombre. A la noche de Tristán y al Tristán de Alba. A la barba cana en que Nui se asoma a la vejez meneando el rabo a la vez, unavez más de la misma aunque sin perder tiempo, ni ganarlo. Ésa en que el sol se alza ya lo bastante para meter las narices sobre el cerro en la terraza hasta su colchón y bajar corriendo a buscar entre las putas yerbas, y eso que esta vez del Año no es muy llovida, su nudo malva. Ése que al parecer tiene ya por siempre en la garganta quien puede aún hablar aquí, ahora, donde los años no pasan ni el día vuela, ni sobre todo se cierne la palabra: donde nos concierne en algo.

 

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